LAS LUCIÉRNAGAS NO USAN PILAS. Las luciérnagas (Lampyridae) son coleópteros polífagos cuya principal característica es la capacidad para emitir luz. Contrariamente a lo que pudiera parecer, las luciérnagas no utilizan pilas. Tienen luz propia y no precisan argucias para brillar. La bioluminiscencia se produce mediante un proceso de oxidación de un pigmento llamado luciferina en el que participa decisivamente la enzima llamada luciferasa.

Cabaret Biarritz, Premio Nadal 2015

El 6 de enero de 2015, en la tradicional velada literaria que se celebra anualmente en el Hotel Palace de Barcelona, el jurado del Premio Nadal concedió el galardón a la novela Cabaret Biarritz, de José C. Vales. La novela narra los dramáticos acontecimientos del verano de 1925 en la localidad balnearia y vacacional de Biarritz, donde se reunía -en los alegres años veinte- la crema de la nobleza y la elegancia europea, y donde tanto el glamour  como la depravación se daban cita en los salones y en los antros más infames...

Mary Nolan, Ziegfeld girl
Mary Nolan, Ziegfeld girl

Arte victoriano del pedaleo

A finales del siglo XIX comenzaba a escenificarse en el mundo occidental la pasión por la actividad deportiva y los hábitos de vida saludables. Y la bicicleta (con sus ancestros estrafalarios, como la gran rueda delantera o los triciclos) enseguida se convirtió en un utensilio indispensable en las sociedades modernas. La señorita Erskine, que desde tiempo atrás conocía todos los misterios del pedaleo, fue comisionada para redactar esta guía de la cicloturista, amparada tanto en su experiencia como en su talento como técnica ciclista. En todo caso, la señorita Erskine se encarga de advertir que la bicicleta no es sólo un aparato deportivo, sino que podría considerarse un medio práctico para desplazarse y viajar cortas distancias. Los hombres nunca tuvieron dificultades a la hora de asumir estas novedosas modalidades deportivas, pero respecto a las mujeres... bueno, hubo quien llegó a advertir que la práctica del ciclismo comportaba graves perjuicios para la salud de las damas. La señorita Erskine se encarga de desmentir este y otros bulos, al tiempo que, con humor victoriano, explica pormenorizadamente los beneficios de tan saludable práctica deportiva. Además, se precisa cuál ha de ser la indumentaria adecuada, cómo montar en bicicleta, arte y esencia del pedaleo, cómo viajar por el campo, los inconvenientes de la lluvia o el calor, el gran problema de las cuestas y los puertos, cómo andar en bicicleta en las grandes ciudades para evitar a los hombres maleducados y los carros, y cómo llevar a cabo el mantenimiento de la máquina y sus delicados engranajes.

Damas: es hora de disfrutar del maravilloso arte del pedaleo. 


F. J. Erskine: Damas en bicicleta. Cómo vestir y normas de comportamiento. Impedimenta, Madrid, 2014. Trad. José C. Vales.

¡Don Quijote de la Mancha cabalga de nuevo!

Ediciones Kraken acaba de publicar Don Quijote, una "novela gráfica" —o más sencillamente, un cómic— que propone la historia del gran héroe cervantino desde una perspectiva tan atractiva como brillante. Rob Davis, uno de los dibujantes más interesantes del panorama gráfico, es el autor de esta excepcional versión de la gran novela española.

Rob Davis / Miguel de Cervantes: Don Quijote. Ediciones Kraken, Madrid, 2014; 296 págs. Versión del texto en castellano de José C. Vales. 

Las grandes obras artísticas se resisten a versiones y adaptaciones, no soportan segundas partes y reelaboraciones ficticias. La historia cervantina de don Alonso Quijano, o Quijada, o Quesada, es una de esas obras maestras que siempre se ha sentido incómoda en manos de otros individuos que no fueran el propio Cervantes. Desde la aparición del falso Quijote de Avellaneda, la fascinación por este héroe manchego no ha dejado de excitar la imaginación de los artistas. Ni el cine, ni la televisión, ni la radio, ni el teatro ni las versiones infantiles, ni las reelaboraciones o revisiones modernas han conseguido alcanzar las cumbres míticas que Cervantes logró con su peculiar modo narrativo del siglo XVII. Por esta razón, el anuncio de una versión ilustrada por Rob Davis se recibió en su momento con cierto escepticismo. 

Sin embargo, a la vista de los comentarios de la crítica y del público lector, la versión ilustrada de Rob Davis representa una excepción a los fracasos artísticos en torno a don Quijote. Davis publicó la primera parte de su Quijote en Gran Bretaña en 2011 y casi un año y medio después presentó la correspondiente segunda parte. En España se publican conjuntamente los dos volúmenes, en una cuidada edición que resalta todos los valores artísticos de Rob Davis y pretende conservar la genial esencia de la novela cervantina.

El texto —en la versión de Davis, naturalmente en inglés— se sometió a un proceso de reversión tan curioso como interesante: era preciso mantener el espíritu de Davis al menos en la misma medida que el texto castellano cervantino, de modo que se cotejó palabra por palabra de la versión de Davis respecto al original de Cervantes, y se seleccionaron las expresiones de acuerdo con las ediciones críticas más solventes del clásico español. El resultado —para orgullo de quien esto escribe— es que, tras un laborioso estudio, las ilustraciones del gran dibujante Rob Davis hablan con un lenguaje genuinamente cervantino.

 

El Caballero de los Espejos
El Caballero de los Espejos

Nuevas investigaciones en Castrevenford

La escuela de Castrevenford se dispone a celebrar con sus habituales fastos el fin de curso y, con motivo de tan magno acontecimiento, la institución decide llamar al excéntrico profesor de Oxford y detective aficionado Gervase Fen (al que ya conocimos en La juguetería errante y en El canto del cisne), al que se le ha concedido el honor de entregar los premios a los trabajos escolares más brillantes. Sin embargo, la noche previa al gran día, extraños acontecimientos sacuden la pacífica vida académica del colegio y dos profesores son asesinados.

En una vertigionosa sucesión de acontecimientos, Gervase Fen tendrá que ocuparse de desentrañar semejantes crímenes (aparentemente imposibles), averiguar el paradero de una jovencita que ha desaparecido tras dejar traslucir temerosas angustias, descubrir la verdad tras ciertos hallazgos sobrecogedores en un caserón semiderruido, tomar unas cervezas en el pub del pueblo con un elenco de singulares personajes y tramar una relación amorosa tras los precepetivos flirteos.

"Fen podría haber dicho sobre el crimen lo mismo que Lewis Carroll solía decir sobre los niños: 'No soy omnívoro, como los cerdos'. De hecho, prefería los aspectos elegantes y refinados de la historia a un vulgar trozo de pan con mantequilla. Así pues, en el hipotético caso de que la señora Bly hubiera sido asesinada por algún vagabundo, como producto de la simple codicia, Fen no tenía ningún inconveniente en dejarle todo el peso de la investigación a Stagge..."

 

Edmund Crispin, Trabajos de amor ensangrentados. Impedimenta, Madrid, 2014. Trad. José C. Vales.

 

Neuwelke

"En nuestro tiempo de realismos y descreimientos, apenas se atreve uno a declarar que el mundo es un lugar asombroso, lleno de misterios y maravillas incomprensibles; sin embargo y por fortuna, el mundo no es tan simple y tan vulgar como creen quienes son incapaces de asombrarse ante el agua, una manzana o una luciérnaga. Si los simplistas se permitieran un instante de reflexión, admirarían esos objetos con un asombro cercano al anonadamiento. Además, el mundo no sólo es maravilloso, enigmático y misterioso, sino que parece la mismísima imagen de una fertilidad desbocada, repleta y llena de miles y millones de objetos y seres, formando un caos que sólo la presunción y el envanecimiento pueden considerar sometido al imperio de la razón y la ciencia. Por fortuna más que por desgracia, nuestro universo es caótico, azaroso, incomprensible y sorpren-dente, y no admirarse ante el monumental desconcierto de la vida sólo revela una cierta incapacidad para gozar de ella".

Más informacíón en Neuwelke

'Frankenstein', en la colección Austral

La colección Austral (Espasa) incorpora a su catálogo el Frankenstein de Mary Wollstonecraft en la versión del profesor Charles E. Robinson. En 2009 tuve la suerte y el honor de colaborar con la editorial Espasa en la traducción de la versión para la edición "Clásicos", que ofrecía la versión doble de la obra de Mary Shelley: por una parte, la traducción de los cuadernos manuscritos de la autora (act. en la Bodleian Library de Oxford), sin añadiduras ni correcciones, y, por otro lado, la versión completa con las correcciones de su marido y otras. La edición contaba también con un magnífico aparato crítico, una solvente introducción, y varios apéndices con cartas y documentos importantes para la comprensión del texto.

Austral publica ahora la traducción de la versión "expurgada"; es decir, el Frankenstein tal y como lo concibió Mary Wollstonecraft (aún no estaba casada con Percy B. Shelley) en Villa Diodati. Hasta ahora, todas las traducciones del Frankenstein en español habían asumido las correcciones de Shelley, o los añadidos de los sucesivos editores, o la organización y estructura de los distintos impresores, o los añadidos incluso de la propia Mary Shelley. Esta traducción se limita al texto redactado por la autora, tal y como aparece en sus manuscritos más fiables y tal y como quiso verlo publicado.

«[...] vi, con los ojos cerrados, pero con una imagen mental muy clara [...], al estudiante de artes maléficas inclinado sobre la cosa que había logrado reunir. Vi la espantosa monstruosidad de un hombre allí tendida, y luego, por el efecto de alguna maquinaria poderosa, observé que mostraba signos de vida, y se despertaba con los movimientos torpes de un ser medio vivo. Debía ser horroroso, porque absolutamente horrorosos deberían ser todos los intentos humanos de imitar la fabulosa maquinaria del Creador del mundo. El éxito debería horrorizar al artista; huiría de su odiosa invención, conmocionado y aterrorizado. Esperaría que, abandonada a su suerte, la débil llamita de la vida que le había infundido se fuera apagando; que aquella cosa, que había recibido una movilidad tan imperfecta, volviera a hundirse en la materia muerta; y así podría dormir con la creencia de que el silencio de la tumba sofocaría para siempre la fugaz existencia del espantoso cadáver al que él mismo había considerado como cuna de la vida. Se duerme, pero se despierta; abre los ojos, y ve aquella cosa horrorosa de pie, a su lado, abriendo las cortinas del dosel, y mirándolo con aquellos ojos inquisitivos, amarillentos y acuosos».

[Del Prólogo de Mary Shelley para Frankenstein en la edición de 1931]