El que pueda entender, que entienda

Entre todas las expresiones evangélicas (y el catálogo es asombroso), hay una que me interesa especialmente. Es la que pronuncia el sabio rabí de Nazaret durante unas enseñanzas "sociales" camino de Jerusalén.  Creo recordar que se encuentra en Mateo y que las cuestiones que le planteaban sus seguidores versaban sobre temas matrimoniales y familiares. Jesús da unas explicaciones un tanto "relativistas" y finalmente pronuncia las famosas palabras: "Y el que pueda entender, que entienda". Se trata de una formulación que se adapta muy bien al carácter castellano. Es como "Arrieritos somos y en el camino nos encontraremos". Tiene algo de advertencia y aviso, y permite que el destinatario reflexione  sobre la moralidad de sus actos. Hay que señalar que algunas biblias traducen esa frase de otro modo: "El que sea capaz de aceptar esto, que lo acepte". Aunque por razones históricas esta frase es menos contundente, sigue manteniendo ese carácter de advertencia (o amenaza latente), tan castellano y tan perturbador.

Pues bien: voy a apuntar algunas ideas sueltas a continuación. Y no voy a dar muchas explicaciones, por pereza o porque no son necesarias. Y el que pueda entender, que entienda.

Robert Michels fue un sociólogo alemán de principios del siglo XX, muy conocido sobre todo por su famosa "Ley de hierro de la oligarquía". En términos generales, Michels afirmaba que las organizaciones suelen regirse por un grupo de individuos selectos, una minoría que con el tiempo se vuelve oligárquica. Aunque sus objetivos primeros fueran otros -cualesquiera- el objetivo de ese grupo al final consiste en mantenerse como organización, y el mantenimiento de la organización oligárquica se convierte en el fundamento único de dicha estructura. Es la perpetuación de la oligarquía lo único que importa, y para conseguirlo, esa minoría acudirá a cualquier recurso (cualquier recurso) para mantenerse como organización preeminente y conservar sus privilegios.

Y uno de los recursos que emplean estas oligarquías para mantenerse en el poder es la burocratización. La burocratización consiste en la retroalimentación de la vacuidad, en el refuerzo constante de la nada, en el vacío reiterativo y, sobre todo, en el egotismo incesante y la veneración pública... Lo importante es que la base que alimenta y engorda a esa oligarquía (junto a la necesaria corte de zalameros y aduladores) asuma su papel sumiso, como colaboradores necesarios a cambio de migajas: la oligarquía odia a los intrusos y no hay nada que deteste más que la democracia, la libertad o la disidencia. Por desgracia, tal vez tenía razón Michels cuando afirmaba que las masas deseaban la presencia de oligarquías, porque tienden a favorecer el culto a la personalidad o a la idolatría intelectual.

Y por hoy, ya no tengo nada más que decir. El que pueda entender, que entienda.

 



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