No eres tú, soy yo

Sí: la literatura es una disciplina maravillosa, a la que he dedicado toda mi vida profesional y que me ha dado enormes alegrías; los profesionales que pueblan este mundo son en general personas cultas, amables y encantadoras, y también se han portado muy generosamente conmigo.

Sin embargo, "mundillo" cultural, ya no te soporto.  Y si el problema no eres tú... debo de ser yo.

 

Aparte de los viajes, la música, el arte antiguo, los grandes museos y obras maestras de la pintura y la escultura, algunas personas concretas y la Naturaleza, sólo los libros me han proporcionado un placer en el que merecía emplear el tiempo.  No es necesario reiterar lo que todo el mundo sabe: que hay pocas experiencias más gratificantes que leer un gran libro.  No hay muchos "grandes libros", pero hay muchísimos libros dignos y entretenidos en los que vale la pena detenerse. Y no solo de ficción literaria: la historia, la filosofía, los anecdotarios, las compilaciones, los libros de arte y los libros de ciencia son placeres intelectuales a los que difícilmente se puede renunciar.

Alrededor de los libros, y del mundo de la cultura en general, revolotean miles y millones de insectos encantadores, atraídos como polillas por la esplendorosa luz de la inteligencia y la belleza. A lo largo de estos años he conocido a varias decenas de escritores, por ejemplo. Algunos venden decenas e incluso centenares de miles de libros cada año, son muy populares y desde luego merecen el éxito que tienen. Otros apenas llegan a vender mil ejemplares de sus obras. Pero todos ellos, hombres y mujeres, siempre me han parecido encantadores: son buenos conversadores, amables, instruidos, generosos... y yo no debería tener ninguna queja. (Es cierto que hay escritores fanfarrones,  macarras, poco instruidos o vanidosos, siempre dispuestos a la manipulación y la organización corporativista o mafiosa, pero a esos ni los conozco ni tengo intención de conocerlos). Para mí todos son admirables, cada uno en su estilo, y cualquiera debería valorar el esfuerzo y el valor de presentarse ante el mundo con sus textos, sus novelas o su poesía, dispuestos más al sacrificio que al elogio. Todos, por separado y en pequeños grupos, son gente en la que uno puede depositar toda su confianza y aprecio. 

Sin embargo, "mundillo" cultural, ya no te soporto.  Y si el problema no eres tú... debo de ser yo.

El mundo editorial siempre ha sido generosísimo conmigo: conozco a muchos editores, algunos dirigen prestigiosas editoriales en el seno de grandes grupos, otros son responsables de áreas concretas en distintas editoriales, y otros han levantado fabulosas empresas editoriales con mucho esfuerzo y mucho talento. He colaborado con muchos de ellos, y todos se han mostrado conmigo especialmente generosos, pasando por alto mis errores y apoyándome en todas las propuestas. Llevan a cabo un trabajo fabuloso que la sociedad no siempre les reconoce. Los responsables (mujeres en su grandísima mayoría) son personas honestas y generosas de las que nadie podría tener queja.

Sin embargo, "mundillo" cultural, ya no te soporto.  Y si el problema no eres tú... debo de ser yo.

Los periodistas (y los periodistas culturales en particular) tienen una injusta mala fama. Su posición de "vigilantes" les obliga a ser críticos y a no dejar pasar las connivencias o las manipulaciones que con tanta generosidad querría colarles la industria cultural y editorial. Pero yo no puedo tener queja: conmigo siempre han sido amables y generosos -más de lo que esperaba y tal vez más de lo que merecía-; por los críticos de los suplementos y revistas especializadas no puedo sentir más que un verdadero y sentido aprecio. 

Sin embargo, "mundillo" cultural, ya no te soporto.  Y si el problema no eres tú... debo de ser yo.

Resulta especialmente extraño que todo el aprecio y respeto personal que uno siente hacia todos los profesionales del gremio literario y editorial se convierta en repugnancia cuando se observa en términos generales. Sin embargo, el problema no son ellos (en su grandísima mayoría son personas que valen muy mucho la pena), así que el problema debo de ser yo. Es curioso que la suma de decenas y miles de personas individualmente válidas y apreciables compongan un mundo tan despreciable.  Es como cuando uno degusta un delicioso plato de cocochas: si ese plato se presenta en forma de cuarenta toneladas de cocochas al pil pil, resultará repulsivo. O un perfume agradable, en dosis grandes, acaba siendo pestilente.  O la celestial música de Mozart: seis meses escuchándola sin pausa puede convertirse en una espantosa tortura.

Algo parecido debe de ocurrir cuando las partes independientes del mundo cultural resultan encantadoras y agradables, pero el conjunto merecería arrojarse a una fosa séptica. 

Y por eso, "mundillo cultural", ya no te soporto: aunque supongo que el problema no eres tú, soy yo.



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