El método infalible para convertirse en un verdadero literato de literatura literaria

A continuación, estimados amigos luciérnagos, tendré el honor de compartir con todos vosotros el "Método infalible para convertirse en un verdadero literato de literatura literaria". No esperéis una receta sencilla: ser un verdadero literato de literatura literaria tiene su aquel, su quid, su mecanismo y su entelequia, y no es cosa de dos o tres minucias y fruslerías. Desde luego, las agudas conclusiones que presento a continuación las he extraído a fuerza de mucho análisis y perspicacia, pues jamás tendría la osadía de llamarme a mí mismo "literato de literatura literaria": aún me queda mucho camino por andar antes de llegar a esos inefables dominios del Parnaso. (Para empezar, soy filólogo, y no hay cosa que más deteste la literatura moderna que los estudios filológicos).

 

"El Parnaso" (1761) de Mengs.
"El Parnaso" (1761) de Mengs.

Y es así: ya estoy viendo que algunos de mis amigos luciérnagos son tan ingenuos que creen que para llegar a ser un verdadero literato de literatura literaria basta con estudiar las ramas principales de la Filología, la Historia y la Filosofía, además de otras que algunos consideran muy necesarias. ¡Ilusos amigos! ¿Para qué quiere un verdadero literato de literatura literaria estudiar lingüística y morfosintaxis, historia de la lengua, retórica, historia de la literatura, filosofía, crítica literaria (la de verdad), y todos esos engorros académicos? No, amigos, nada de eso: para ser un verdadero literato de literatura literaria lo principal es parecerlo.

Como puedes suponer, futuro Petrarca, tus esfuerzos guardan más relación con el cultivo de las relaciones sociales que con la morfosintaxis y los tetrástrofos monorrimos. Generar esa imagen de literato literario te costará sudor y lágrimas, pero -gracias a Dios- no tendrás que coger ni un libro. Lo principal, lo básico y elemental es que te comportes como un buen español y te arrimes a la familia, a los amigos y a las mafias culturales. ¿Dónde vas a encontrar más comprensión y apoyo que entre los familiares y los amigos? Son los familiares y amigos los que, con amorosos y mullidos cariños, te llevarán a las páginas de los periódicos, a las editoriales enjundiosas, a los premios más sustanciosos, a los jurados y certámenes, a los congresos... e incluso a los sillones académicos. ¡Los amigos! ¡La familia! ¡No lo olvides, párvulo literato! En España, si no cuentas con los amigos o la familia, siempre serás un advenedizo que pretendes arrebatarle el lugar parnasiano a la auténtica y verdadera intelectualidad! El apellido familiar o la amistad predilecta tienen muchísima más fuerza que un epíteto, un retruécano o un quiasmo.


"El Parnaso" (1811) de Appiani
"El Parnaso" (1811) de Appiani

Sin embargo, para convertirte en el heredero del Dante -que seguramente eres- no es suficiente con la autoproclamación; y tampoco basta con que tus familiares y amigos te lleven en alzas hasta las páginas dominicales, los congresos, los certámenes y las escuelas de arte literario. Tendrás que esforzarte en escribir, aunque... no te preocupes, ninguno de tus esfuerzos tendrán relación alguna con la inteligencia y la cultura. No: no te preocupes por la inteligencia; en el campo del arte literario moderno, lo último que debe angustiarte es la inteligencia. Ten en cuenta que, según los intelectuales más avezados en las disciplinas literarias actuales, ya no es necesario que nadie comprenda lo que escribes. De hecho, hay sabios megahiperliterarios que sólo leen lo que son incapaces de comprender. ¡Por Dios! ¡Sólo los estúpidos leemos libros que comprendemos! ¡El verdadero intelecto moderno consiste en leer obras que ni se entienden ni se comprenden! Esto es fundamental, amigo luciérnago: si quieres ser un verdadero literato de literatura literaria tienes que aprender a disfrazar la estafa intelectual con los ropajes del arte.

No importa que tu escritura se asemeje a la de un bachiller dubitativo, a la estudiantilla del Colegio del Amor de Dios o a una tonelada de ladrillos plúmbeos: lo importante es que puedas convencer al mundo de que esos garabatos son la mismísima esencia homérica.

A continuación, querido luciérnago, te muestro una breve retahíla de los estilos principales que puedes utilizar para llegar al Parnaso de la literatura literaria.

 

1. Narración lloriqueante sentimental de emociones emocionantes.

2. Relato pseudotrascendental de poética infantil (vía Facebook y Twitter).

3. Estilo asustaviejas.

4. Novela corta, letra gorda y muchos blancos para dar que pensar.

5. Novela estilo eslovaco, ucraniano, búlgaro, kazajo o bielorruso.

6. Imitación carpetovetónica de Burroughs, Kerouac, Bukowski et al.

7. Literatura enjundia (aire, presunción o fachada de filosofía profunda).

8. Estilo hispano 1970. 

9. Estilo poético asintáctico o "siembrapuntos".

10. Novela social: "lo-que-se-aprende-viendo-el-telediario".

 

"El Parnaso" (1511) de Rafael
"El Parnaso" (1511) de Rafael

En efecto: ¿para qué necesitas enfangarte en las ásperas disciplinas filológicas, teniendo tus emociones emocionantes y tus sentimientos sentimentales? ¿Para qué esforzarte si te tienes a ti mismo en tu misma mismidad, que eres lo más trascendental que ha ocurrido en este mundo desde la última glaciación?

Cuando te dispongas a escribir, piensa que tienes que aprovechar el momento literario: advierte que el lloriqueo sentimental y la poética infantil son los movimientos culturales más relevantes de nuestro tiempo. Escribe novelas que fomenten esa pseudotrascendencia vacua de Facebook y elévate a ti mismo a los altares. También puedes escribir tu vida, pasarla por un filtro de Instagram y llamarlo "autoficción".

Pero si no te dan las sinapsis cerebrales para el sentimentalismo emocionante, tal vez puedas entregarte a la "literatura asustaviejas": basta con que acumules sin ningún criterio toda la terminología de taberna de pueblo ('puta', 'polla', 'joder', 'jodidamente', 'cabrón', etcétera) y se te ocurra una majadería cualquiera. Seguramente acabarás publicando las novelas más pordioseras y cutres del último milenio, pero a cambio puede que te ofrezcan un trabajo temporal de editor.

Entre toda esta morralla intelectual mi estilo favorito aparece en esas novelas que dan que pensar. Combina muy bien con la novela asintáctica ("Dormía. Sí. El dolor. Dormía") e intensa-que-te-mueres, y lo principal es que sean breves, ininteligibles, con mucha enjundia (vacuidad, para entendernos) y con cierta apariencia de haberse escrito en la Europa oriental. (Mi recomendación, querido aspirante, es que te cambies el nombre y utilices un apellido como Sworkiezski, Yurikielkov, Wolfkolski o alguno parecido, con muchas letras del final del abecedario).

El estilo hispano 1970 sólo está al alcance del viejunismo más acendrado -a sus representantes se les puede leer desde hace cuarenta años en los medios patrios-, pero puedes arriesgarte a la imitación mesetaria de Burroughs, Kerouac, Bukowski. No te reprimas: con tu talento puedes llegar a ser el Kerouac de L'Hospitalet o el Burroughs de Baracaldo.

Ánimo: estos consejos pueden llevarte a los primeros puestos de las listas de ventas si tus editores andan vivos y consiguen convencer a los lectores de que tus libros no los ha redactado una niña de secundaria o un yonki de Las Barranquillas. Pero si no lo consigues, no te preocupes: vender setecientos ejemplares de tus novelas también puede ser un indicio indiscutible de tu pertenencia a la literatura literaria (¿a que sí, queridos míos?), sobre todo si te arrimas a la rama de la enjundia, el intensismo sentimental o el realismo sucio de barbecho segoviano. Dada la elevada calidad de tu prosa, siempre puedes alegar que tu literatura está muy por encima de la (despreciable) sociedad en la que te ha tocado vivir y que el mundo no es capaz de distinguir tu sublime arte. (En todo caso, piensa que si ni siquiera tu familia ha querido comprar tu libro, tal vez... no seas tan genio como crees).

Para finalizar, un último consejo: el Gran Consejo que no puede faltar en cualquier recomendación que quiera instruirte en el camino del Parnaso: "Sé tú mismo" y "Saca lo que llevas dentro".

Aplícalo y triunfarás sin duda en el mundo literario.