Agradecimientos

Hace ya un mes que apareció en las librerías la novela Cabaret Biarritz y casi dos meses desde que se le concediera el Premio Nadal 2015. Ha llegado el momento, pues, de los agradecimientos y los amables saludos a todas las personas que han tenido la generosidad de acercarse a las páginas de esta novela.

Desde el primer momento -esto ha de decirse en los renglones iniciales- los señores periodistas han sido extraordinariamente amables conmigo; lo fueron, sobre todo, antes de haber podido leer la novela y, por lo tanto, antes de saber lo que en la novela se decía de ellos. (En todo caso, he creído entrever que los periodistas han asumido los zurriagazos con un espíritu más deportivo y humorístico que los críticos, a los que algún personaje -no yo- les dedica ciertos comentarios).

Tanto en Madrid como en Barcelona o Galicia, Euskadi o Andalucía los señores periodistas han sido muy amables y respetuosos y, por tanto, no puedo sino mostrarles toda mi gratitud y todo mi reconocimiento. 

Gracias a los periodistas, en realidad, el público lector ha sabido de Cabaret Biarritz. Pero con deberles mucho a los miembros del jurado del Premio Nadal, a los editores de Destino y a su equipo, a los periodistas y a todos los amigos que han participado de algún modo en esta aventura, es a ese público lector a quien le estoy más agradecido. No hay libros sin lectores, y tampoco hay literatura sin lectores. La literatura bien se puede pasar sin periodistas y sin críticos -sobre todo, sin críticos-, pero no se cumple jamás si no hay lectores. (Una hipotética literatura sin lectores, en realidad, no es más que papel para reciclar). Y debo decir que la respuesta de los lectores está siendo abrumadora. Que el libro se encuentre ya en los primeros puestos en las listas de ventas -cierto: con las dichosas sombras y con otros pecados editoriales, pero también con algunos textos de mucha intelectualidad y enjundia- puede ser un aliciente para algunos autores, no para mí; para mí el aliciente es que el libro está en manos de muchos lectores a los que espero arrancarles una sonrisa divertida y proporcionarles un buen rato de entretenimiento inteligente. Son los lectores, y únicamente los lectores, lo que tuve en mente cuando redacté Cabaret Biarritz: lo hice para ellos, no para mi vanidad ni para demostrar al mundo una originalidad que no busco, una habilidad de la que tal vez carezca o una inteligencia mayor de la que quiso darme el Cielo. Los lectores -y sobre todo mis amigos luciérnagos- ya saben que no me gustan los sermones literarios, ni la enjundia afectada, ni los simulacros sentimentales, y que entiendo la literatura como un divertimento lo suficientemente serio como para haberle dedicado buena parte de mi vida.

En todas las presentaciones, Madrid, Vigo, Zamora, Pamplona, Bilbao, A Coruña, Almería, etcétera, los lectores han sido tan amables y tan cariñosos que los besos y abrazos que he repartido sin rebozo ni consideración siempre me han parecido escasos. Habría querido regalarles flores, y perfumes, y joyas, y más libros... De regreso a casa, en las largas horas de tren, frente a un libro del que perdía el hilo, me he preguntado muchas veces cómo podré agradecer a tantas y tantas personas su generosidad y amabilidad. Todo me parece poco para mis editores y su equipo, para mi agente y para los amigos (a los que no citaré para no olvidar a ninguno); pero lo trágico es no poder utilizar más que palabras para dar las gracias a los lectores.

Escribir comentario

Comentarios: 0