Mordor

...en la tierra de Mordor, donde se extienden las Sombras.

J. R. R. Tolkien, El Señor de los Anillos

Según el mapa, Mordor ocupa un territorio aproximadamente rectangular al sur de Rhovanion y al norte de Haradwaith (sureste de la Tierra Media), rodeado de altas cordilleras conocidas como los Montes de Ceniza (Ered Lithui) y los Montes de la Sombra (Ephel Dúath). En fin, como El Señor de los Anillos es un libro que está en todas las casas, los interesados podrán consultar el mapa que suele incluirse en la mayor parte de las ediciones. En términos generales, Mordor es un sitio desagradable: unas tierras cenicientas, de origen volcánico, infernales, pétreas, negruzcas y áridas, pobladas por seres asquerosos y repugnantes, como los orcos y los trolls.

Mordor, tal y como lo imaginaron los guionistas cinematográficos de Hollywood
Mordor, tal y como lo imaginaron los guionistas cinematográficos de Hollywood

Tolkien rescató para la cultura popular la figura del troll, de larga tradición en las sagas mitológicas nórdicas. Los trolls de Tolkien se parecen bastante a los clásicos escandinavos y adoptan la figura de repugnantes seres gigantes, de tres o cuatro metros de altura, con un cerebro atrofiado, que viven en la oscuridad de cuevas y grutas; en cierto sentido, serían como el popular ogro de los cuentos europeos. Otra modalidad de troll los asocia con figuras semihumanas, peludas y desagradables, bastante estúpidas, que viven en bosques y lugares inhóspitos, y con frecuencia se ocupan únicamente de raptar niños.

Como todo el mundo sabe, son estas figuras mitológicas o fantásticas las que han dado nombre al internauta provocador, violento, agresivo y faltón que continuamente anda buscando camorra y armando escándalos y broncas, más con la intención de notoriedad que con ánimo de conversación. (En algunos lugares se apunta que 'trol' procede del vocablo inglés troll, que designa una modalidad de pesca, precisamente porque los trolls en alguna medida pretenden que alguien "pique el anzuelo" y entre en una discusión destinada a fracasar).

En cualquier caso, el troll cibernético tiene las mismas cualidades que la figura mitológica escandinava: es un personaje oscuro (a veces oculto tras los ropajes del anonimato, aunque no siempre), con poco cerebro y mucho pico, dispuesto siempre a denigrar, a insultar, a despreciar y a encizañar. Tanto la falta de inteligencia como sus repugnantes modales son características imprescindibles del troll.

Brutalidad y estupidez: las características del "troll"
Brutalidad y estupidez: las características del "troll"

Es sabido que las posibilidades de ocultamiento que ofrece internet favorecen la aparición de los trolls. En realidad, uno duda que haya alguien en este mundo que no se haya comportado como un troll alguna vez, especialmente en los primeros años de la Red, cuando esa aparente libertad se utilizaba de un modo infantil. Por fortuna, los tiempos han cambiado, y aunque muchas personas han aprendido que internet no es más que una extensión virtual de la existencia real (sometida por tanto a las mismas normas y reglas de convivencia), el fenómeno del troll se ha ampliado notablemente, y ha contagiado otros sectores que se creían ajenos a la estulticia propia y característica del Gran Vertedero.

En la actualidad, el troll cobardón se agazapa en su cueva, aferrado a su ordenador o su smartphone, y se dedica a escupir su basura a la red, relamiéndose al tiempo que confía en que sus esputos hieran o perjudiquen a alguien. Es propio de los estúpidos creerse más que los demás, y por eso procuran aparentar sabiduría, independencia, solvencia o rigor. En general, un troll es un troll, y aunque el troll se vista de seda, troll se queda: hablador y estúpido sin remisión. (Es muy propio del troll no saber que lo es, pero ¡éstos son los riesgos de la estupidez!)

Esta especie de agresividad del frustrado (elemento esencial de la mente perturbada del troll) se ha extendido por todos los medios de comunicación como una pestilencia asquerosa. Todos conocemos tuiteros, facebookeros y blogueros con mucho pico y poco cerebro, verdaderos trolls dispuestos a sacar a relucir su estulticia palabrera a la menor ocasión, pero en la actualidad esa modalidad agresiva del cobardón ha prendido como la pólvora en la profesión periodística, donde el hambre acecha y es necesario teñir de amarillo supuestas noticias. El periodista troll se abre paso, con el beneplácito de lectores semiilustrados e infraeducados, y lanza sus anzuelos agusanados para capturar ingenuos que sigan sus torpezas en los medios. Hace ya tiempo que columnistas con mucho pico y poco cerebro adoptaron su papel de troll en los medios, y siguen comportándose como tales al amparo de grandes cabeceras periodísticas o poderosas instituciones maternales.

El troll es una figura que nace de la frustración personal, la cobardía, la ignorancia y la mala educación. Desatan sus traumas y sus rencores en Twitter, en Facebook, en los blogs presuntamente literarios o políticos, en la prensa de la Red, en la prensa periódica en papel, en las radios y en las televisiones; los hay famosos y anónimos, y están en la mente de todos; algunos de ellos gozan de un prestigio que causa vergüenza e indignación, y otros disfrutan sólo de la popularidad roñosa y mugrienta que hierve en el caldero de las redes sociales e internet. Al parecer, ya no hay remedio, y la violencia y la agresividad verbal, ajena a cualquier consideración intelectual, se están abriendo paso en todos los ámbitos sociales y están convirtiendo las relaciones humanas en una especie de batalla descerebrada entre orcos, trolls y enanos de toda especie y condición.

Mucha violencia y poco cerebro: viviendo en el desolado país de Mordor
Mucha violencia y poco cerebro: viviendo en el desolado país de Mordor

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Comentarios: 1
  • #1

    Hanael (martes, 09 diciembre 2014 17:23)

    Genial. Lo malo es que ya no siempre es fácil distinguir los trolls porque muchos periodistas, blogueros, etc. deambulan por las fronteras de Mordor.