La extraña broma de Lizzy Bennet

Salvo aquellos que cuentan con el respaldo divino, todo los demás estamos sometidos a las caóticas leyes de la falibilidad humana y, por tanto, podemos engañarnos, errar, fracasar o equivocarnos en todo aquello que emprendemos. Si nos esforzamos, podemos reducir esos errores hasta unos límites aceptables, pero sólo los más ingenuos -y los más estúpidos también- pueden irse a la cama con la seguridad de la perfección. Y en el proceloso océano de la traducción, es inevitable que los errores vayan salpicando nuestro trabajo y, con el transcurso de los años, esos fallos parecen adquirir fosforescencia e iluminarse en las páginas de nuestros trabajos ya impresos, recordándonos lo torpes que fuimos o lo ignorantes que éramos... Como las erratas y los lapsus, los errores se empeñan en aparecer cada vez que abrimos uno de nuestros libros y, como animalillos bioluminiscentes, nos recuerdan con cruel pertinacia nuestras carencias. Quizá por ello -porque soy consciente de las mías- tiendo a ser comprensivo con las de los demás. Y cuando me topé con el siguiente problema en la traducción de Orgullo y prejuicio, observé el caso como un enigma, examinando con curiosidad (y a veces con una sonrisa) las decisiones de otros traductores y editores.

El "problema" al que me refiero se encuentra en el capítulo XVII del libro III de Orgullo y prejuicio. Este capítulo se corresponde con el capítulo 59 de las ediciones modernas. (Por cierto: no acabo de comprender las razones que empujan a los editores modernos a ordenar los tres libros como uno solo, modificando la numeración original en tres volúmenes. En la época de Austen las novelas solían presentarse en tres volúmenes y, consciente de esta ordenación, la autora dividió su obra en tres partes: Orgullo y prejuicio tiene un aire de comedia melodramática inevitable que se refuerza con esa estructura, y el argumento sufre dos cesuras decisivas coincidiendo con el final del vol. 1 y del vol. 2. Repito que no me explico por qué los editores modernos evitan este rasgo significativo y relevante en la obra de Austen y deciden ignorarlo. Sin duda tendrán buenas razones, aunque yo no las conozco).

Pero vayamos al caso. En este antepenúltimo capítulo, la historia está a punto de concluir. Jane y Bingley se han comprometido y en el domicilio de los Bennet reina la alegría. Ni siquiera el turbulento matrimonio de Lydia empaña la felicidad que presagia el ventajoso matrimonio de Jane y Bingley. Sin embargo, nadie sabe que Lizzy ha estado hablando con Darcy y que éste le ha declarado su apasionado amor. Lizzy asiste al almuerzo y no comenta nada, aunque se sonroja un poco. Aquella noche, Elizabeth decide "abrir su corazón" y contárselo todo a Jane, la tierna hermana mayor que seguramente comprenderá sus vaivenes afectivos.

Naturalmente, Jane se sorprende: ¿te has comprometido con el señor Darcy? ¿Cómo es posible? Si os odiabais... "Sé que es imposible". Elizabeth, con su humor habitual, exclama: "¡Pues bien empezamos! Sólo confiaba en ti: si tú no me crees, nadie lo hará...". Continúa la conversación y Jane le recuerda que "detestaba" al señor Darcy. Lizzy contesta: "No sabes nada". Al final, tras insistir, Jane acepta que no le queda más remedio que asumir que efectivamente su hermana está enamorada y comprometida. 

El día que Jane Austen escribió esta escena sin duda estaba de buen humor. Dice Lizzy: "Ya lo tenemos decidido: vamos a ser la pareja más feliz del mundo" ("It is settle between us already, that we are to be the happiest couple in the world").

La conversación continúa y, de repente, ocurre algo extraño. Jane le dice que se alegra de que quiera tanto a Darcy y de que se case por amor. Lizzy, sin embargo, asegura que "siento más de lo que debería" ("I feel more than I ought to do"). Ante semejante enigma, naturalmente Jane pregunta: "¿Qué quieres decir?" ("What do you mean?"), a lo que Lizzy contesta con una frase incomprensible.

 

Why, I must confess, that I love him better than I do Bingley.

 

¿Qué significa esto? Las traducciones que he consultado oscilan entre una literalidad suavizada y una completa transformación. Los compañeros traductores -actuales y anteriores- sin duda tuvieron dificultades con esta frase. Los más arriesgados decidieron resolver por su cuenta el asunto: "Bueno, debo confesar que yo quiero más a Darcy que tú a Bingley". Pero es obvio que eso no es lo que dice Lizzy ni lo que escribió Austen. Austen escribió la frase transcrita arriba y que, en términos laxos, podría traducirse así: "En fin... debo confesar... que lo quiero más que a Bingley". O más exactamente: "...que lo prefiero a Bingley".

Sin embargo... ¿a qué viene esa referencia a Bingley? Curiosamente -y también enigmáticamente-, Elizabeth añade: "Me temo que te vas a poner furiosa". ¿Por qué? ¿A qué se refiere Lizzy? ¿Por qué compara el aprecio que le tiene a Darcy con el aprecio que le tiene a su cuñado? ¿Y por qué se iba a enfadar Jane?

Sin embargo, cualquiera que sea la enigmática broma, Jane parece haber comprendido que su hermana está tomándole el pelo y la regaña: "Mi querida hermana, vamos, déjate de bromas" ("...now be serious", con ese be en cursiva (también en or. al parecer) que refuerza la intencionalidad.

El problema, mis queridos amigos luciérnagos, es comprender la broma de Lizzy o, más bien, la broma de la maliciosa Jane Austen.

Walter Scott ya observó con cierta suspicacia esta frase y advirtió que ahí se podían apreciar perfectamente los "verdaderos" intereses de Elizabeth, al tiempo que los catalogaba como intereses mercenarios (mercenary ones). El autor del Ivanhoe enseguida comprendió que ese 'love' no se refería al amor, sino al interés. Y que, puestos a comparar, el señor Darcy le interesaba más que Bingley. Por supuesto, Lizzy está hablando de dinero, de rentas, de posesiones, de estatus social, de riqueza y ostentación... (Darcy es muchísimo más rico y poderoso que Bingley, y ahí reside también la razón por la que la maliciosa Lizzy sospecha que su hermana se pondrá furiosa). Scott, para apoyar su idea de que la segunda de las Bennet es una mercenaria vendida al mejor postor, recuerda que -efectivamente- Lizzy sí pensó en las ventajas que tendría convertirse en la señora de Pemberley cuando visitó la gran mansión con sus tíos. "¡Y yo podría haber sido la señora de este lugar...!", pensaba. "¡Podría haber paseado por estas estancias tan tranquilamente...! En vez de admirarlas como una visitante, podría haber estado esperando aquí a mis anchas..." Aunque finalmente piensa que... en fin, mejor así, mejor no ser la señora de Pemberley, o perdería el cariño de su familia... Y la malvada Austen añade: "Aquella fue una reflexión afortunada: le evitó el disgusto de tener que arrepentirse".

Pero volvamos a la broma austeniana. Como se sabe, los jóvenes personajes femeninos de Orgullo y prejuicio deambulan por la novela debatiéndose en un precario equilibrio, entre el amor y las necesidades sociales y económicas. Ahora bien, eso no significa que Lizzy hubiera escogido a Darcy únicamente por razones financieras. Es cierto que las saneadas finanzas de Darcy no son precisamente un inconveniente, pero tampoco son el aliciente principal. Y los lectores tenemos la certeza de que Lizzy está bromeando porque su hermana le exige que hable en serio ("Now be serious!"). La comparación con Bingley se establece en términos monetarios y financieros. Desde ese punto de vista, Lizzy no duda en exclamar que Darcy tiene mucho más interés que Bingley.

Jane casi se enfada con su juguetona hermana y le exige que le diga cómo se dio cuenta de que estaba enamorada de Darcy, y cuándo empezó todo. "Cuéntamelo todo, y ahora mismo: ¿me vas a decir desde cuándo estás enamorada de él?". Pero Lizzy es incorregible y vuelve a bromear: "Todo ha sido tan poco a poco que casi no sé ni cuándo empezó. Pero creo que puedo fijar el momento exacto cuando vi por vez primera las preciosas extensiones de sus propiedades en Pemberley". La relación de Lizzy y Darcy obviamente es una relación amorosa, pero en una novela donde la sociedad está presionando constantemente a las mujeres para que se casen teniendo en cuenta los intereses pecuniarios, Austen lanza una última bofetada a la mojigatería social de su época en labios de Lizzy. "Jane volvió a decirle que hablara en serio" y finalmente su hermana consiente en explicárselo todo desde la verdadera perspectiva: la perspectiva de los afectos. 

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