Ficción y realidad en Tilling

Cualquiera que haya leído a Cervantes o a Flaubert conoce los peligros de confundir la literatura con la realidad. Por otro lado, la realidad y la ficción seguramente no guardan ninguna relación con la verdad, lo científico o lo comprobable, sino con lo verosímil y lo asumible. Hay sucesos "reales" que resultan increíbles, y ficciones más que posibles. Hoy todo el mundo es consciente de que la realidad con frecuencia propone escenarios que ni siquiera una mente perturbada sería capaz de imaginar.

Como saben todos los luciérnagos, éste es un tema clásico de Teoría de la Literatura, y resulta especialmente interesante para los creadores, que habitualmente trabajan con conceptos como "ficción", "verosimilitud", "realidad", "imitación", "imaginación", etcétera. No es éste el lugar donde uno deba repetir lo que todos los luciérnagos saben; sin embargo, es importante recordar que todos estos elementos -y otros adyacentes- son regiones de fronteras difusas, y que -afortunadamente- no siempre es posible establecer en qué lugar se sitúan los hitos que delimitan las diferentes provincias de la creación literaria. En este punto, siempre me gusta recordar al gran arqueólogo aficionado Heinrich Schliemann, que leía de niño la Ilíada homérica y siempre estuvo persuadido de que Troya había existido realmente. Cuando alcanzó la edad madura y cierta riqueza, se empeñó en descubrir el emplazamiento de Troya, ante las carcajadas de la comunidad académica, que siempre había asegurado que la Troya de Homero no era más que una fantasía del poeta. (Como todo el mundo sabe, Schliemann acabó desenterrando Troya, aunque no la Troya VII de la que se hablaba en los antiguos textos griegos).

Hay numerosos ejemplos que obligan a mirar con escepticismo esas fronteras de la realidad y la ficción, aparentemente tan sencillas de trazar. Los estudiantes de Filología abordábamos el Cantar de Mío Cid teniendo en cuenta la sentencia del maestro Pidal, según la cual el Cantar, aunque con algunos rasgos imaginativos, era esencialmente histórico. Poco después supimos que nuestro querido Cantar, aunque reflejaba algunos rasgos históricos, era esencialmente imaginación y ficción literaria.

La ficción tiene tanta fuerza que adquiere rasgos de realidad e influye y opera en la realidad y se adentra en ella para convertirse en realidad. Siempre me ha sorprendido, por ejemplo, que haya quien niegue la existencia real de Dios ante la cantidad enorme de catedrales e iglesias y acontecimientos que suceden en torno a Dios. Es obvio que Dios existe para los hombres; otra cosa es que exista "en sí mismo".

Umberto Eco explicaba en una de sus conferencias que la Historia y la ficción son independientes de la realidad. Decía que tenemos serias dudas, por ejemplo, de la existencia real de Jesucristo, pero todo el mundo sabe -y nadie lo pone en duda- que Supermán nació en Kripton. Así es como la ficción adquiere carta de realidad. Naturalmente, es un truco de semiólogo, pero es una teoría ajustadísima si rebajamos la reducción al absurdo: por ejemplo, resulta imposible saber con precisión si las noticias de un informativo son ciertas, reales, verdaderas, históricas y comprobables, pero todo el mundo está seguro -y no cabe la menor duda al respecto- de cómo murió Anna Karénina. Nadie podrá negarlo.

(Aunque no puedo detenerme en ello, uno de los asuntos más interesantes al respecto es cómo el lector asume la ficción como hecho real, y cómo el cerebro interpreta las emociones de lo ficticio como si fueran reales. Lloramos y reímos con una novela, o con una película, porque entramos en el juego y nuestro cerebro opera (casi) con las mismas emociones que utiliza para con la realidad. Nuestros "sentidos internos", como los llamaba John Locke, al menos en cierta medida, no parecen distinguir entre realidad y ficción. Locke, como Hume, Hutcheson, Condillac y otros filósofos del XVIII estudiaron con mucho interés este sorprendente hecho, y Hugh Blair hizo precisiones literarias importantísimas en su Retórica).

Hace algunas fechas, viajando por el sur de Inglaterra, disfrutaba un servidor de la campiña de Sussex desde la comodidad de un tren británico. A la izquierda se extendían los bosques en onduladas colinas y a la derecha resplandecía el océano estival en mil destellos matutinos. Durante varios años he recorrido estos caminos en la soledad de mi estudio, y no me costaba mucho descubrir las granjas de estilo Cold Comfort en las laderas herbosas.

El tren se detuvo en el diminuto apeadero de Rye y, de repente, recordé que allí había vivido durante muchos años E. F. Benson, y que llegó a ser incluso alcalde del pueblo. Así que no lo pensé dos veces y salté del tren para encontrarme inopinadamente en una cafetería-floristería que gozaba de todo el encanto de las narraciones de Benson. A lo largo de más de un lustro he traducido la obra de E. F. Benson para la editorial Impedimenta y, por las labores de documentación, sabía que Benson había utilizado el pueblo de Rye para describir su Tilling literario. Naturalmente, uno siempre tiende a pensar que el autor puede tomar algunos detalles de la realidad pero que, en términos generales, se trata de una ficción.

Mi sorpresa fue mayúscula, pero también emocionante y divertida. Benson dice que "no hay en toda Inglaterra una población tan descaradamente pintoresca como Tilling". Y puede decirse exactamente lo mismo de Rye, porque Rye es Tilling. Allí estaba, en la calle empedrada y en la esquina, la famosa casa de E. F. Benson, que para todos los lectores de su obra será siempre Mallards, el domicilio de la cotilla, rastrera, envidiosa y maravillosa Elizabeth Mapp. Allí estaban las dos puertas enfrentadas del mayor Flint y el capitán Puffin, allí estaba la cuesta que conducía a la High Street (que se llama también así en Rye), y la preciosa iglesia normanda en lo alto, con el cementerio en la parte de atrás, donde se colocó la estela funeraria por Mapp y Lucía (aunque afortunadamente no estaban muertas), y la pintoresca puerta medieval, y el castillo, y las extensiones pantanosas de las marismas, el mirador... 

Fue emocionante encontrarse realmente con los lugares que ya había recorrido en la literatura, y observar que allí estaba todo, tal y como lo describió maravillosamente Benson en su colección de novelas sobre Elizabeth Mapp y Emmeline Lucas (Lucía).

Pude comprobar que en Rye, como en Tilling, ¡sigue celebrándose el concurso anual de pintura para aficionados locales!, y tuve incluso el placer de recorrer la galería... con cuadros... bueno, en fin, como los que describe Benson en sus libros. Pero lo más conmovedor fue descubrir un elemento arquitectónico del que Benson habla en sus libros y que uno siempre creyó ficticio. Benson dice que Mapp y otros pintores aficionados de Tilling y los alrededores tenían devoción por una panorámica de la calle que iba a dar a la iglesia, porque allí se veían las pintorescas casitas y la chimenea torcida de la última casa. Como he dicho, simpre pensé que esa chimenea era un elemento ficticio de las novelas de Benson. Sin embargo, y para mi emocionada contemplación, allí estaba. 

Amigos luciérnagos, ¿les apetece pasear conmigo por el Rye real y el Tilling ficticio de Benson? Acompáñenme.

Lamb House. En esta casa vivió Henry James. Después fue adquirida por E. F. Benson, que la ocupó durante muchos años. Fue el modelo para Mallards, con sus famosísimos tres escalones: el domicilio de Elizabeth Mapp en sus novelas.
Lamb House. En esta casa vivió Henry James. Después fue adquirida por E. F. Benson, que la ocupó durante muchos años. Fue el modelo para Mallards, con sus famosísimos tres escalones: el domicilio de Elizabeth Mapp en sus novelas.
Ésta es la famosa chimenea torcida de la última casa de la calle, una panorámica encantadora que todos los aficionados a la pintura de Tilling y los alrededores deseaban plasmar en sus lienzos. Al fondo, la iglesia normanda de Rye/Tilling.
Ésta es la famosa chimenea torcida de la última casa de la calle, una panorámica encantadora que todos los aficionados a la pintura de Tilling y los alrededores deseaban plasmar en sus lienzos. Al fondo, la iglesia normanda de Rye/Tilling.
Otro de los atractivos turísticos de Rye/Tilling, el castillo. El de Rye es el Ypres Castle, junto a la puerta sur de la ciudad.
Otro de los atractivos turísticos de Rye/Tilling, el castillo. El de Rye es el Ypres Castle, junto a la puerta sur de la ciudad.
Una de las calles de Rye/Tilling. Como decía Benson, "Tilling es una de las localidades más descaradamente pintorescas de Inglaterra". Y lo sigue siendo.
Una de las calles de Rye/Tilling. Como decía Benson, "Tilling es una de las localidades más descaradamente pintorescas de Inglaterra". Y lo sigue siendo.
Esta calle, con su pequeños 'cottages' estilo Tudor, se encuentra frente a la iglesia normanda de St Mary y su famoso cementerio.
Esta calle, con su pequeños 'cottages' estilo Tudor, se encuentra frente a la iglesia normanda de St Mary y su famoso cementerio.
El viejo cementerio, junto a la iglesia de St Mary.
El viejo cementerio, junto a la iglesia de St Mary.

Fot.: (c) José C. Vales / Belén Bermejo

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Comentarios: 5
  • #1

    Mónica-serendipia (lunes, 01 septiembre 2014 20:33)

    ¡Oh! ¡Qué placer pasearse por Rye/Tilling! ¡Y qué acierto más acertado tu salto del tren! Gracias por compartirlo, como lectora incondicional de Benson me ha parecido encantador y curioso. Los pintores, la chimenea torcida, la casa de Mapp, las casas de sus "pretendidos pretendientes"... Me he acordado también de esos "adornos" urbanos, unos cepos de tortura, que Benson ponía en una de las plazas de Tilling.
    Todo un tesoro encontrar esta entrada en el blog luciérnago, sí señor.
    Por cierto, ahora que comentabas las palabras de Umberto Eco, en una línea similar, decía hace poco Patrick Rothfuss que nadie se preocupa tanto por la realidad como un escritor de ficción.
    Un abrazo.

  • #2

    Julia (martes, 02 septiembre 2014 01:15)

    ¡Me encantó la entrada por lo que cuenta y por cómo nos hiciste ir entrando en tu maravilloso descubrimiento!

  • #3

    JCV (martes, 02 septiembre 2014 14:52)

    Gracias, Mónica y Julia, por vuestros comentarios.
    Naturalmente, me apunto el atinado comentario de Rothfuss, Mónica.
    Y respecto a ti, Julia... bueno, me encanta tenerte otra vez en el jardín luciérnago, ya lo sabes. Y sigo tus andaduras en "Meliora Latent". Abrazos desde este lado del océano.

  • #4

    Julia (jueves, 04 septiembre 2014 12:39)

    Gracias, José! Ando medio perdida últimamente... pero siempre con un ojo puesto en las luciérnagas, claro.
    Un beso transoceánico !

  • #5

    Sonia Aguirre (domingo, 05 abril 2015 14:07)

    Qué maravilla de texto, la chimenea torcida existe. De casualidad ¿no te cruzaste con una señora con un vestido con pequeñas rositas cosidas en el bajo de la falda?

    Gracias por la traducción, buenísima.

    Te dejo el link de mi reseña:

    http://heroinasdiscolas.blogspot.com.es/2015/04/la-senorita-mapp-ef-benson.html

    Un saludo,
    Sonia