Working for the man

Hace algunas semanas, mientras disfrutábamos de un ameno café en una de las plazas más castizas de Madrid, mi amigo M. M. -hombre de larguísima y brillante trayectoria en el mundo editorial y cultural de la ciudad- me comentaba que poco a poco iría desgranando en su blog todas las aventuras literarias que ha vivido estando al frente de los diversos departamentos que ha dirigido u organizado. Le pregunté entonces cuál era la razón para ofrecer todo ese cúmulo de expriencias gratis y no en forma de libro o de película documental o cualquier otro formato. En términos simples, le preguntaba por qué decidía no obtener nada a cambio de narrar unas experiencias que -en realidad- valdrían muchísimo dinero. Y en resumen, lo que le preguntaba era por qué había decidido ofrecer de modo altruista al mundo semejante cúmulo de información.

Es decir, la cuestión es: ¿por qué [algunos] nos estamos acostumbrando a ofrecer gratuitamente contenidos que no sólo tienen un valor cultural sino también un valor pecuniario o económico? La cuestión es: ¿por qué estamos alimentando con contenidos originales, artísticos, intelectuales, culturales, etcétera, un sistema que no sólo no nos paga por hacerlo, sino que nos cobra a precio de oro nuestras intervenciones? Me pregunto por qué tantos jóvenes fotógrafos, tantas novelistas brillantes, tantos pintores, tantos diseñadores gráficos están alimentando a esta bestia a cambio de ciertas posibilidades de encontrar un trabajo precario, miserable y pordiosero. ¿Por qué estamos dando gratis lo que tanto nos ha costado?

 

 

En el mundo anglosajón, sobre todo en Estados Unidos, hay una expresión que ejemplifica bastante bien lo que está ocurriendo: "Working for the man". El Urban Dictionary (sólo para mayores de 18 años) explica a la perfección el significado de esta expresión: "Performing a task, manual labor, or any type of assigned duty for a stupid, spineless, gutless, lazy, selfserving, douchebags, worthless, anal retentive, unappreciative, disrespectful person or organization for money". Desde principios del siglo pasado "working for the man" significó tanto como "trabajar para un miserable tirano" y, en general, "trabajar por cuatro centavos para una persona miserable, indigna, estúpida, asquerosa y despreciable". Con frecuencia, "the man" era el mismísimo Gobierno, pero como se explica en otros lugares, generalmente aludía a quien ostenta una autoridad violenta y que se aprovecha del trabajo ajeno. En ningún lugar he visto que este "man" remita a los trabajos de esclavitud en el siglo XIX y XX en Estados Unidos, aunque todo hace sospechar que la expresión nació allí, en los grupos de trabajo esclavo que daban de comer y engordaban a miserables sin escrúpulos. Como se sabe, uno de los grandes éxitos de Roy Orbison tenía precisamente ese título: "Working for the man".

 

 

Las redes sociales, los blogs y las páginas personales nos ofrecen la fabulosa posibilidad de ofrecer nuestras ideas al mundo. Miles de jóvenes y no tan jóvenes (como mi amigo M. M. y yo mismo) completamos páginas enteras con textos, artículos, ideas, propuestas... y otros miles y millones de personas aportan sus fotografías, sus cuentos, sus diseños, sus ocurrencias, sus dibujos, etcétera. Es fabuloso. ¿Para quién? Twitter, Facebook, YouTube, Amazon, Pinterest, Tumblr están repletos de ideas que se ofrecen a cambio de NADA. Se trata de alimentar a la bestia con el fruto de nuestro trabajo filológico, artístico, creativo, intelectual o científico, a cambio de ciertas posibilidades (trabajo, contactos, publicidad, tal vez algo de dinero... si haces mucho el estúpido delante de una cámara). Somos como los niños y los obreros de Lewis Hine, trabajando por una miseria, por la perspectiva de sentirnos libres, mientras los propietarios de Twitter, Facebook, YouTube, etcétera se reparten los millones que todos generamos gratuitamente para ellos. Pero... como los niños de Lewis Hine, parece que nosotros tampoco tenemos derecho a confiar en un futuro mejor. No hay esperanza: una joven escritora tarda uno o dos años en redactar su novela, por la que Amazon le da menos que migajas; un fotógrafo cuelga su noticia gráfica en Twitter, pero el dueño de la red social ni siquiera se entera, porque está contando su dinero o ejecutando una de sus infinitas y ridículas actualizaciones; un profesor de matemáticas se esfuerza en enseñar a los jóvenes los misterios de las integrales en YouTube, pero los dueños de la plataforma de vídeo miran para otro lado mientras la pornografía, la violencia y la estulticia juvenil rebosa en su web, porque son más rentables.

Por mi parte, no estoy dispuesto a aceptar que existe un intercambio justo en este sistema. Y por esta razón animo a los luciérnagos a que jamás ofrezcan gratis (o casi gratis) sus ideas, su arte o su sabiduría. (Una cosa es la costumbre tradicional y académica de compartir información entre iguales y otra bien distinta ofrecer contenidos gratuitos para el enriquecimiento de cuatro caraduras). Es dificilísimo rebelarse contra The Man, porque es un miserable y hará todo lo posible por engañarnos, embaucarnos y convencernos de que lo único que nos merecemos son migajas. Pero amigos... si pueden, no trabajen para él, o al menos... no trabajen gratis. No estoy proponiendo un boicot, ni un plante, ni una conspiración, ni una subversión; no promuevo conjuras, complots o maquinaciones. No pretendo formar una "quinta columna" ni sabotear nada. Sólo quiero dejar claro que sabemos lo que está ocurriendo: sabemos que estamos trabajando por una miseria para engordar al cerdo: "Working for the man".

 

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Comentarios: 4
  • #1

    Zazou (miércoles, 06 agosto 2014 22:32)

    Comprendo y comparto tus argumentos en su mayor parte, pero también entiendo ese ofrecimiento gratis en ocasiones (cada uno tendrá sus motivos). Yo vuelco mi verborrea por escrito, por ejemplo, porque su insustancialidad no tiene otro valor que pasar el rato, como quien charla con un grupo de gente. En cambio me reservo los relatos con una mezcla de pudor y absurda esperanza... aunque a veces, al final, también los regalo cuando se cansan de dormir un sueño interminable en el cajón. Total, tampoco valen tanto.
    Soy tan contradictoria que me encanta que me hagas discutir conmigo misma. Esto es el colmo.

  • #2

    Rusta (miércoles, 06 agosto 2014 23:09)

    Creo que lo hacemos gratis porque nadie nos ofrece pagarnos por este trabajo. Quizá a tu amigo sí, por su larga trayectoria, pero a un joven con poca o nula experiencia, ¿quién le ofrece un puesto de redactor, de colaborador editorial, de fotógrafo o de lo que sea? Hay algunos casos de éxito -gente que se hace notar en la red y encuentra empleo-, pero me temo que, si se estudiara este fenómeno, se evidenciaría aún más que la mayoría no consigue nada.

    Además, esto se relaciona con una cuestión conflictiva: ¿cómo se decide qué contenidos de Internet tienen valor? Tú, yo y algunos más defenderemos el conocimiento de la materia tratada (en los artículos) y la calidad literaria (en las blognovelas y autopublicaciones), pero seguro que muchos saldrán con el "Todo es cuestión de gustos" o incluso el "Prefiero algo de menos nivel". Complicado, ¿verdad?

    De todas formas, lo que más me preocupa de este tema es que muchas personas no son conscientes de estar aportando contenidos útiles. En la red todo es "afición", todo es "por amor al arte". Si pones un banner de publicidad para ganar unas migajas, ya eres un pesetero. Por mi parte, me estoy cansando mucho de tanta "autoconsciencia de amateurismo", una mentalidad inculcada por esos "monstruos" que sí ganan dinero de verdad con nosotros. Si ahora publico menos en mi blog es, en parte, por esto: tengo en mente varios artículos que requieren cierta elaboración, pero me da rabia escribirlos a cambio de nada. Llega un momento en el que los agradecimientos de los lectores, los retuits, los "Me gusta", no son suficientes, sobre todo cuando se te juntan con la falta de trabajo. Pero ¿qué podemos hacer para cambiarlo?

    Saludos y muchas gracias por el aporte, tan interesante como siempre.

  • #3

    Iah Hel (jueves, 07 agosto 2014 10:06)

    El artículo es impecable, digno de haber sido publicado en prensa a cambio de un estipendio. No dudes de que alguien te lo tuneará y lo usará un semanal, tesis... sin mencionarte (y esto es lo más triste).

    Ahora bien, Internet, que nació como arma primero y después como sistema para compartir información entre científicos e investigadores es un espacio que hoy podemos moldear a nuestro gusto. Puedes optar por compartir lo que quieras y guardarte lo que no quieras. Si, por ejemplo, consideramos que nuestras obras son dignas (o no) de ser vendidas, se puede montar una tienda en pocos minutos donde ofrecer contenidos de pago, muestras gratuitas, etcétera, sin pagar nada ni a Google, ni a iTunes ni a Amazon.

    Ahora bien, si usamos una plataforma como Twitter, Google+, Facebook también nos estamos aprovechando de una idea, conocimientos, esfuerzo de personas que un día pusieron en marcha el sistema sin saber si lo que acababan de poner en marcha era algo más que un sueño de juventud. Está claro que para estas empresas somos sus activos pero no es posible explicar su triunfo absoluto sin pensar que obtenemos algo a cambio.

    Personalmente, creo que todos nos debemos a los demás y que nuestras ideas (que muchas veces consideramos propias y no lo son), conocimientos y habilidades provienen de los que nos precedieron.

    Colaborar gratis actualizando un tema en Wikipedia, escribiendo un tuit o un poema en nuestro blog es la mejor manera de colaborar al enriquecimiento de este asqueroso mundo en el que millones de personas no pueden comprar un libro pero sí un terminal guarro Made In China en el que poder estudiar, alimentar su espíritu y quizás hasta soñar con otra realidad.

    Un sincero admirador.

  • #4

    Elena Rius (viernes, 08 agosto 2014 09:21)

    Interesante entrada, Jose. Es cierto que al colgar en la red contenidos, estamos regalando nuestro trabajo a las grandes corporaciones. Pero, a menudo, es un contenido que difícilmente había conseguido salida, ni lectores, por los cauces tradicionales. Por ejemplo, yo inicié mi blog para comentar asuntos concernientes al mundo literario que barruntaba que quizá interesarían a algunas personas más, pero siempre pensé que serían unos pocos frikis de la literatura, como yo. Me resulta difícil creer que alguien me pagaría por escribir esto mismo en otros foros. Creo que estamos en un momento de cambio, de transición de formatos y de modos de distribución y que estos contenidos que lanzamos, como botellas con mensaje al mar, son una manera de averiguar qué funciona y qué no. Porque ahora mismo es dificilísimo acertar en eso. Lo mismo los contenidos de un blog acaban por transformarse en libro, como lo que antes estaba en un libro impreso se fragmenta y se entrega a los lectores en pequeñas píldoras a través de un blog, twitter o cualquier otro medio de difusión.
    En este panorama, evidentemente, lo que corre peligro es la remuneración de los creadores. Supongo que has visto el estudio que han hecho los británicos respecto a los escritores que pueden vivir de sus libros: una minoría cada vez más exigua. Imagino que las cifras en España serían tan ridículas que nadie se atreve a hacer un sondeo parecido.
    A pesar de todo, la gente sigue queriendo leer buenas historias, por el medio que sea, de modo que le figura del creador sigue siendo necesaria. Quizá peco de optimismo, pero creo que los buenos contenidos acabarán por encontrar su cauce adecuado. Y alguien pagará por ellos. Lo que no sé es cuándo ni cómo.