Cómo afrontar una crítica negativa

En nuestro país, quien más quien menos ha publicado dos o tres novelas, ha redactado cuatro o cinco poemarios, ha escrito varios tratados críticos, ha trabajado en ensayos históricos o políticos, mantiene varias páginas web y media docena de blogs (literarios, la mayoría, aunque también científicos y cuánticos), además de participar crítica y creativamente en Facebook, Twitter, Instagram, Tumblr y otras redes sociales.

Por tanto, la práctica totalidad de la población española está sometida al dictamen crítico. Los autores, que viven sin vivir en sí mismos por culpa de semejantes látigos literarios, se enfrentan por tanto a un abismo emocional cuando los críticos amenazan con evaluar su obra literaria.

Si la crítica es benévola, el autor inspirará profundamente, elevará su mirada hacia el Altísimo y dará gracias a los hados por semejante favor. También procurará agradecer las generosas palabras del crítico, por lo que pudiera pasar en el futuro.

Ahora bien, si la crítica es negativa, hiriente, ofensiva o destructiva, ¿cómo actuará nuestro autor? ¿Se hundirá en una ciénaga de aflicción, desesperación y depresión ante las malquerencias de un crítico al que la úlcera de estómago o la próstata han molestado más de lo justo ese día?

 

 

Tras una rápida consulta, amigos luciérnagos, he de comunicaros que la mayoría de los autores, editores, periodistas y vecinos a los que he comunicado mi inquietud me han asegurado que, ante una crítica negativa, lo mejor es... ¡no hacer nada! El quietismo. No hay que responder, ni comentar, ni hablar, ni respirar...

Hay razones poderosas para actuar así ante una crítica negativa. La primera es que si el crítico es un profesional de importancia, un profesor universitario o un periodista de renombre y solvencia, y la crítica aparece en una revista especializada, seguramente resultará más beneficiosa que nociva. Entre otras cosas porque los críticos (de verdad) rara vez evalúan una obra conforme a criterios personales ni suelen dar su opinión particular al efecto: suelen remitirse a los hechos literarios y, por otro lado, la verdadera crítica literaria jamás se ocupa de una obra deleznable, porque el objeto de esa disciplina son las obras de arte, no las obras menores, irrelevantes o mal escritas. No hay nada más insensato y ridículo que dedicar tiempo y esfuerzo a libros que no valen la pena. (Hay algunos "críticos" blogueros que dedican horas y horas a criticar libros malos, hasta el punto que uno tiene la sospecha de que jamás leen uno bueno...).

 

 

Pero -admitámoslo- la mayoría de la "crítica" literaria en la actualidad se genera en la Red. Y, aunque por lo general se trata de lectores bienintencionados, hay una gran variedad de modalidades críticas blogueriles. Hay blogs "críticos" historiados, coloristas, naïf, minimalistas, intelectualistas, esnobs, cutre-lit, románticos, eróticos, plastíferos, periféricos, amables, responsables, informados, desinformados, atrabiliarios, macarras, melifluos, incomprensibles, amistosos, amorosos, humorísticos, etc. En fin, cada bloguero impone su personalidad lectora y social en su blog. (A modo de inciso diré que los "críticos" blogueros, especialmente los más severos, exigen un respeto y una deferencia que con frecuencia ellos no tienen para con los demás, y, como todos los habladores, tienen una piel "muy fina", poco resistente a las críticas).

La independencia -y en muchos casos el anonimato- permite que los "críticos" blogueros puedan despacharse "a gusto" con una obra que -simplemente- no les ha "gustado". (Aprovecho para recordar que los libros no se evalúan como los estofados y las menestras). Es asombroso -y para los autores y las editoriales, aterrador- que la opinión en un blog o en una red social pueda perjudicar irresponsablemente meses e incluso años de trabajo de escritores, editores, diseñadores, equipos de prensa, fotógrafos, etcétera. Aunque hay honrosísimas excepciones, las razones que suelen aducirse para favorecer o denostar un libro son silvestres y pedestres, ajenas a cualquier mínimo ejercicio crítico solvente y profesional. Como se sabe, el poder que ha adquirido la blogosfera crítica se está convirtiendo en un verdadero problema que tiene atemorizado al mundo editorial, con la exigencia de libros gratuitos y otras prebendas. Por otro lado, las editoriales también procuran aprovechar ese "soborno" encubierto para favorecer sus intereses.

 

 

¿Cómo afrontar los arrebatos y furibundias de "blogueros con un mal día"?

En mi opinión, ante una crítica agresiva, injusta, irresponsable, pedestre y atrabiliaria, lo mejor es concertar una cita con el bloguero en un lugar solitario y apartado, donde se puedan discutir los asuntos literarios tranquilamente y sin interrupciones.

En fin... Hemos de aceptar que vivimos en un país poco respetuoso en el que el deporte nacional es darle al pico, especialmente en materias y temas que desconocemos por completo. Un ingeniero, un abogado, un médico o un arquitecto no consentirán que nadie juzgue o se inmiscuya en su trabajo profesional, pero no dudarán en abrir un blog literario donde dar rienda suelta a sus conocimientos de secundaria y evaluar con la solvencia de un comentario de texto obras literarias que con frecuencia están más allá de su capacidad analítica. (Por eso los autores no pueden entrar a discutir con las decenas de "críticos" que evalúan su obra. Ciertos blogueros son lo suficientemente astutos como para hablar mal de un libro con la intención de desatar una reacción por parte del autor y encontrar así cierta repercusión).

Entiéndase, de todos modos, que el lector siempre juzgó los libros, y siempre tuvo una opinión al respecto: la diferencia con el momento actual es que lo que antes se mantenía juiciosa y discretamente en el ámbito familiar ahora se divulga al mundo entero. Desde luego, eso puede perjudicar al autor y su obra, pero con mucha frecuencia perjudica también la imagen del bloguero que se adentra en terrenos pantanosos y resbaladizos que no conoce. Es difícil encontrar tantos críticos en la arquitectura, la danza, la pintura o la música clásica como en la literatura. Ello se debe sin duda a la graciosa creencia según la cual saber leer es suficiente para evaluar una obra literaria.

 

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Comentarios: 6
  • #1

    Rusta (martes, 10 junio 2014 20:50)

    Estoy de acuerdo en líneas generales, pero ¿no te parece que la afirmación "el poder que ha adquirido la blogosfera crítica se está convirtiendo en un verdadero problema que tiene atemorizado al mundo editorial" es un poco exagerada? Creo que ningún blog concentra tantos seguidores como para que una opinión negativa resulte tan perjudicial para el autor (y, en cuanto a los blogs de crítica destructiva a lo bruto, me temo que consiguen provocar curiosidad a pesar de todo). En cualquier caso, sería interesante conocer la opinión de los editores y responsables de prensa.

    Un abrazo.

  • #2

    Érase una vez... (martes, 10 junio 2014 22:08)

    Muy divertido tu artículo: me encanta lo del escritor paranóico y lo del bloguero megalómano, jajaja, muy gráfico. Hoy, en el mundo 2.0 este que nos ha tocado, supongo que todos creemos saber hacer de todo, y más amparados en ese anonimato que indicas. ¡Menos mal que existen esos callejones oscuros y apartados!
    ¡Saludos!

  • #3

    JCV (martes, 10 junio 2014 22:15)

    Sí: seguramente esa afirmación es exagerada... un poco como todo el texto. Respecto a la preocupación de las editoriales en este asunto, puedo confirmarte que un blog con tres mil seguidores representa un elemento muy importante a tener en cuenta en los tiempos que corren. Tu blog, por ejemplo [www.devoradoradelibros.com] tiene 1.700 miembros: yo diría que cualquier editorial debería tenerlo en cuenta. Y además, harían bien y sería una postura inteligente.
    Un fuerte abrazo, Rusta.

  • #4

    JCV (martes, 10 junio 2014 22:17)

    Gracias por pasarte por este jardín luciérnago "Érase una vez..."
    Sí: los callejones oscuros y apartados son una opción muy aconsejable cuando hay opiniones encontradas. :-) ¡Saludos!

  • #5

    Aránzazu (jueves, 12 junio 2014 00:20)

    (...)"la graciosa creencia según la cual saber leer es suficiente para evaluar una obra literaria": je, je, je. Pero es que saber de todo y juzgarlo todo es deporte nacional. Se nos da de maravilla opinar alegremente de cada cosa que pasa por delante de nosotros (y nótese el plural con el cual me incluyo con una muy tenue sombra de vergüenza).

    Me gustaría creer, por otro lado, que estamos dotados de la suficiente sensatez como para poner las cosas en perspectiva y sacar nuestras propias conclusiones, sin dejarnos contagiar por lo que reconocemos como puramente emocional y valorando más lo que se argumenta con datos objetivos. Me gustaría. Pero, no sé por qué, esta vida me ha hecho un tanto descreída...

    Me ha encantado leerte :-)

  • #6

    JCV (jueves, 12 junio 2014 02:21)

    Gracias, Aránzazu, por pasarte por el jardín luciérnago.
    He de confesar que el texto es seguramente exagerado (humorístico también) y que no hay nada más natural (y saludable, supongo) que el hecho de opinar sobre lo que nos ocurre y evaluar lo que nos rodea, de modo que también lo será juzgar los libros que leemos. Seguramente lo que acaba incomodando es la abrumadora cantidad de opiniones que no apenas nos permite elaborar una propia. No sé. Digo yo.
    En fin, Aránzazu, aquí tienes tu casa y estás invitada a tomar el té en el jardín luciérnago cuando quieras.
    (Recuerdo a los lectores que pueden visitar los blogs y las páginas personales de los comentaristas pinchando en su nombre. El de Aránzazu se llama "Una casa con muchas puertas y mi ventana abierta al mundo").