Entre el corazón y el cubo de basura

No será necesario insistir aquí en el hecho de que las redes sociales son una algarabía de ingenio, arte, sugerencias, comunicaciones, informaciones y propuestas, aunque también es un vertedero de tontunas, irresponsabilidades, bobadas, necedades e ignorancias. En fin, las redes son como el mundo: un lugar insoportable en el que nos vemos obligados a vivir.

Pues bien, hace unos días me llamó la atención uno de esos tuits ocasionales que alguien lanzó al ciberespacio seguramente tras haberlo meditado mucho, aunque uno no puede estar seguro de la calidad de dichas meditaciones. El tuit aseguraba que su autora (pues era autora) no consideraba un "verdadero escritor" a aquel autor que fundamentaba su obra en la documentación. No voy a mentir diciendo que le he dedicado a esta proposición muchas horas de análisis crítico, pero sí me he detenido de tanto en tanto en ella, principalmente cuando no tenía otra cosa que hacer. Y dicha aseveración (¡que no es escritor verdadero aquel que se documenta!) acudió nuevamente a mi sesera desocupada ayer cuando, al ver en la televisión un aula de "escritura creativa", comprobé que el aula no tenía ni una estantería, ni un libro, ni periódicos, ¡ni siquiera ordenadores! Entonces lo comprendí todo: los nuevos escritores son un prodigio de vivencias, de tal enjundia y calado, que no se precisan más que a sí mismos para componer un libro y, con seguridad, una obra maestra.

La escritora feliz no necesita más que su feraz espíritu imaginativo y una pequeña libreta
La escritora feliz no necesita más que su feraz espíritu imaginativo y una pequeña libreta

En mi opinión, hace falta contar con un espíritu prodigioso para emprender la tarea de escribir una novela sin precisar documentación. Aunque jamás se me ocurriría negar que hay personas con una vida interior tan abundante (y superabundante) que serían capaces de escribir varias novelas del tirón narrando exclusivamente las peripecias de su corazón o de alguna otra víscera. Siempre me han admirado esos escritores que ven en la vida actual, a su alrededor, en su entorno cercano, en su propia historia o en sus quehaceres cotidianos el fundamento de sus novelas, que por lo general se consideran "intimistas" (porque no van más allá de la intimidad personal). Para escribir novelas "intimistas", "personales", "autobiográficas", "cotidianas", etcétera, hay que tener una vida interesante o, al menos, una mirada distinta que permita apreciar esa vida íntima y cercana, cotidiana y común, como una aventura prodigiosa. Y aun así, me resulta casi inverosímil creer que el escritor de historias personales de interioridades e intimidades íntimas no precise consultar un periódico, una enciclopedia, un manual, una página web o un prospecto medicinal. Pero que un servidor crea imposible la labor del escritor sin acudir a la información y la documentación no es relevante: ya digo que conozco personas que completan varias resmas de papel diarias únicamente con su barahúnda sentimental y no necesitan más que su feraz espíritu imaginativo para dar a luz libros intimistas a espuertas.

Los que no tenemos una vida interior tan imponente ni una vida exterior llamativa, para los que tenemos un espíritu común y una vida vulgar, o para los que somos demasiado pudorosos como para airear nuestros sentimientos sentimentales o para considerarlos dignos del aprecio del mundo (que tendrá también los suyos, y tan buenos como los nuestros), la necesidad de la documentación es ineludible. En nuestra labor de documentación (con frecuencia derivada de los procesos de investigación académica), consultamos libros, periódicos, atlas, mapas, enciclopedias, compendios, historias, fotografías antiguas, acudimos a bibliotecas, a museos, a... Y no lo hacemos para "rellenar" nuestras historias, ni para convertirlas en enciclopedias o para demostrar cuánto hemos trabajado en ellas: tales son, en realidad, los defectos del escritor aficionado, tentado a incluir en su obra todo lo que ha averiguado, venga o no a cuento, sea necesario o prescindible. No: la documentación no es el objetivo, sino el pertrecho que permite al novelista generar mediante palabras el escenario, la atmósfera, el ambiente y el contexto. La mejor documentación es la que no se nota y la que fluye naturalmente en el relato; los mejores escritores ofrecen dicha información como si la hubieran vivido o como si su conocimiento fuera tan natural como lo es para otros novelistas la organización de su casa o la disposición de los edificios de su calle.

Para quienes nos vemos obligados a trabajar mucho si queremos sacar adelante un relato mediano, la información y la documentación son tan básicas como la sintaxis, la estructura o la voz y el tono narrativos.

Amigos que os veis en esta triste situación: no debemos avergonzarnos por no contar con una vida interior y emocional tan fértil que nos permita escribir treinta novelas de un tirón, ni una vida cotidiana o familiar tan extraordinaria que merezca la atención de millones de lectores. Admitamos humildemente que nos vemos obligados a buscar los paisajes, los escenarios y los ambientes de nuestras historias en las bibliotecas, en las hemerotecas, en los museos o en los cubos de la basura. Tal vez, con suerte, algún día tengamos esa vida interior prodigiosa que nos permita escribir con la única inspiración de nuestros corazones íntimos (o del Espíritu Santo, en su defecto); tal vez entonces los teóricos literarios del vertedero cibernético tengan a bien considerarnos "verdaderos escritores".

Jóvenes escritoras sin vida interior buscando información y documentación para sus novelas
Jóvenes escritoras sin vida interior buscando información y documentación para sus novelas

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Comentarios: 12
  • #1

    Mónica-serendipia (miércoles, 30 abril 2014 15:15)

    Me da igual cuán fértil o maravillosa sea una vida interior o exterior, ¡no existe historia sin documentación! No importa el género (ensayo, intimista, ciencia ficción...), ningún escritor puede escapar a la documentación para contar su historia, ¡es imposible! Puedes intentarlo cuánto quieras, pero te pillarás a ti mismo consultando incluso las fuentes más peregrinas para respaldar y dar vida a lo que estás escribiendo. De hecho, me siento tentada a (casi) decir en voz alta que la literatura es el arte de tornar hermosa e interesante la fuente documental.
    Completamente de acuerdo con tu argumentación sobre que "la necesidad de la documentación es ineludible". Qué poco respeto para con el lector pensar siquiera lo contrario.

  • #2

    JCV (miércoles, 30 abril 2014 16:08)

    Me encanta la idea de considerar la literatura, al menos en parte, como "el arte de tornar hermosa e interesante una fuente documental". Bien por ti, Mónica.
    Y gracias siempre por pasarte por el jardín luciérnago.

  • #3

    Rusta (miércoles, 30 abril 2014 16:30)

    Estoy completamente de acuerdo contigo. Creer que se puede escribir sin documentación, guiado solo "por el corazón", es la ley del mínimo esfuerzo (salvo excepciones contadas que, aun así, suponen esfuerzo por otras razones). Lo mismo para los que dicen que no importa escribir bien mientras "se transmitan sentimientos". Ay, qué cruz, esto del corazón y las emociones...

  • #4

    Elena Rius (miércoles, 30 abril 2014 16:46)

    Tienes toda la razón: la documentación es necesaria para todos los escritores, ya escriban un sesudo tratado académico o una novela romántica sin pretensiones. Y muy bien definida la labor que luego debe hacerse con ella: "la mejor documentación es la que no se nota". Sobre que las aulas de escritura no tienen libros... pues no, pero es que por lo general ahí no se va a escribir, sino que los alumnos ya vienen con sus escritos de casa (donde deben tener sus fuentes de documentación). El aula sólo sirve como lugar de intercambio y de debate, que les permite mejorar los textos y la manera de abordar la tarea literaria. O eso esperamos.

  • #5

    JCV (miércoles, 30 abril 2014 16:47)

    Resulta reconfortante comprobar que uno no anda solo este camino. Gracias, amiga [www.devoradoradelibros.com], y permíteme que subraye esa última frase tuya: "¡Ay, qué cruz, esto del corazón y las emociones...!"
    Un fuerte abrazo, y bienvenida siempre al jardín luciérnago.

  • #6

    JCV (miércoles, 30 abril 2014 16:52)

    Gracias por tu participación, Elena. Tu opinión siempre resulta instructiva. Y no voy a contarte precisamente "a ti" cuán importante es la documentación, dedicándote a lo que te dedicas: el emocionante maridaje de la Historia y la Literatura... :-) Abrazos.

  • #7

    RO (miércoles, 30 abril 2014 21:47)

    Bueno, estoy de acuerdo en (la mayor) parte. Es imposible (creo) no echar mano de ningún tipo de información para contar una historia coherente. Se me vienen a la cabeza multitud de títulos en los que es imposible no haberlo hecho. Es más, pienso que el tuit del que hablas estaba mal expresado o no quería decir eso, pues no me entra en la sesera en sentido de esa afirmación. Ahora bien: o soy demasiado simple, o no sé, pero creo que hay excepciones, que hay gris entre el negro y el blanco y que las emociones plasmadas en un libro escrito desde las "tripas" no requieren de mucho más que eso...y no me parece que sea un lastre o algo negativo recurrir a ello. Vamos, hace poco he leído un libro de tales características, una tragicomedia familiar protagonizada principalmente por una madre, y bueno, al autor no le ha hecho falta documentarse sobre vida y costumbres del escarabajo pelotero (si se me permite la frivolidad). Sin embargo, es un libro que llega, transmite mucho y, bajo mi punto de vista, está bien escrito. Hay un abanico grande de lectores, entre los que me incluyo, que también disfrutamos y apreciamos este tipo de lecturas y el que las escribe no necesariamente recurre a su vida personal para crearlas. En cualquier caso, insisto en que me parecen excepciones a la regla general, pues para hacer cualquiero cosa mínimamente creíble tienes que saber bien de lo que hablas. Interesante debate, como siempre, voy a ver si me he perdido algo más. Un abrazo.

  • #8

    JCV (jueves, 01 mayo 2014 04:09)

    Gracias, Ro, por pasar por el jardín luciérnago y participar en la conversación.
    En primerísimo lugar, quiero dejar al margen absolutamente al autor que citas y al que, para empezar, considero amigo mío. Esta entrada se planteaba como un debate teórico y no voy a entrar a discutir la calidad innegable de dicho autor, ni como novelista ni como el excelente poeta que es; diría, además, que es un gran novelista incluso en obras que la mayoría de sus lectores ignoran que son suyas. Y, por supuesto, como filólogo y excelente traductor que es, yo no estaría tan seguro de que haya prescindido de cualquier documentación incluso en una obra con matices obviamente autobiográficos. En todo caso, insisto, éste no es el lugar donde voy a discutir la innegable calidad de su literatura y, por tanto, aquí se acaba cualquier consideración "ad hominem".
    El debate se planteaba precisamente al revés: lo que creo que ocurre es que desde el sentimentalismo modernista y psicologista bloomsburiano de principios del siglo XX, cuando se prefiere "bajar al río" en vez de acudir a una biblioteca -y ya sabes a qué me refiero-, los círculos más "literarios" degradaron precisamente todo lo que no fuera esas "tripas" y vísceras de las que hablas. En el post, en definitiva, reivindico la tradición de veinticinco siglos de literatura donde el conocimiento, la sabiduría y la historia cultural tenían más peso que las tripas, las vísceras y el resto de casquería literaria. La literatura siempre fue un arte basado en la tradición cultural e intelectual, más que en la circunstancia personal, cuya valoración positiva es relativamente reciente.
    Un abrazo.

  • #9

    Ro (jueves, 01 mayo 2014 15:34)

    Siempre tengo la sensación (aquí) de no saber explicar lo que quiero decir. En fin, trataré de mejorar lo que leo y cómo lo interpreto. En definitiva, coincido plenamete en que "La literatura siempre fue un arte basado en la tradición cultural e intelectual, más que en la circunstancia personal, cuya valoración positiva es relativamente reciente", que me parece positiva esa valoración que se tiende a hacer ahora, también. En ningún momento he citado al autor, y aunque se pueda deducir quién es, trataba de poner un ejemplo, porque lo tengo reciente, porque es de mis favoritos, y venía a colación de lo que YO quería comentar, así que en ningún momento he pretendido discutir la calidad de su obra (de hecho lo he puesto de ejemplo de admiración), no creo haber hecho algo incorrecto, y aquí acaban también mis condideraciones, "ad hominem" y de todo tipo. Saludos!

  • #10

    Lammeermoor (domingo, 04 mayo 2014 10:39)

    Completamente de acuerdo contigo en que la documentación es imprescindible y en que no debe notarse. También podrían haber "tuiteado" que no es necesario leer ni conocer los clásicos para escribir -ya he oído a algún presunto escritor decir que no lee a ningún autor anterior a 1970 (no sé si se refería a nacido en ese año o que hubiera publicado con anterioridad).
    Y de paso aprovecho para criticar otro error. Ese de quienes se creen que cuanto más oscuros, lleno de palabras altisonantes y aburrido sea su libro mayor calidad tendrá. Que de esos también hay muchos

    Y por último, aunque me salgo por la tangente, quienes escriben ensayo recueden lo que según Lane Fox le dijo un profesor suyo. La historia no tiene que ser aburrida para ser cierta

  • #11

    JCV (domingo, 04 mayo 2014 12:28)

    Gracias, Lammermoor por pasarte por el jardín luciérnago y participar en la conversación.
    Al final, me temo, todo podría reducirse a una cuestión simple: ¿necesitamos el estudio para ocuparnos de las letras o no? Para ver un edificio artístico y disfrutarlo, tal vez sea aconsejable alguna información, pero puedo gozarlo sin necesidad de conocer sus claves. Pero si quiero dedicarme a la arquitectura o a su estudio, deberé acumular todo el conocimiento que pueda reunir.
    Tal vez sea que negamos a las letras el respeto que profesamos a otras áreas del arte y la cultura.
    (Naturalmente, apoyo la moción contra la oscuridad y contra el aburrimiento).
    ¡Saludos!

  • #12

    Antonina Gongora (miércoles, 01 febrero 2017 21:40)


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