Samuel Richardson: historia de un sombrero

El siguiente texto pertenece a un pequeño estudio titulado De María Antonieta a Josefina. La Revolución, en la moda: 1780-1812, publicado en una edición no venal en 2008 (Espasa). La idea era aplicar la metodología de la Historia de las Ideas a un aspecto poco estudiado del período y descubrir cómo las mentalidades y las ideologías revolucionarias (sobre todo en Francia) tejieron un entramado que abarcaba desde las fórmulas literarias hasta los tocados de los salones filosóficos.

 

Jean-Honoré Fragonard: "Le Baiser à la dérobée", Museo de L'Ermitage, San Petersburgo
Jean-Honoré Fragonard: "Le Baiser à la dérobée", Museo de L'Ermitage, San Petersburgo

Historia de un sombrero

A mediados del siglo XVIII, el impresor Samuel Richardson (1689-1761) publicó una novela epistolar en la que presentaba a una joven inglesa sometida a las presiones amorosas de un caballero. La novela ostentaba el dieciochesco título de Pamela o la virtud recompensada (Pamela, or Virtue Rewarded). El texto puede considerarse una apología de la moralidad más estricta; cuando el caballero pretende tentar la virtud de la joven con joyas y vestidos, ella contesta: "Perder mi mejor joya, mi virtud, estaría mal recompensado con esas joyas que vos os proponéis darme. ¿Qué debería pensar cuando me mirara el dedo o me viera en el espejo con esos diamantes alrededor del cuello y en las orejas, sino que fueron el precio de mi honradez, y que llevo esas joyas por fuera porque no tengo ninguna por dentro?" (de la versión de F. Galván y M. Pérez Gil, 1999). Muchos contemporáneos de Richardson consideraron que Pamela era una verdadera mojigata y se hicieron versiones burlescas y otras en las que la protagonista era bastante menos virtuosa. En cualquier caso, la Pamela fue un éxito en toda Europa y, como se señala en algún lugar, "para estar a la moda era prácticamente obligado tener un ejemplar de la Pamela, y sin haberla leído no había posibilidad de mantener conversación alguna en sociedad". Hasta finales de siglo se publicaron innumerables ediciones de la obra de Richardson -que años después dejaría boquiabierto a Rousseau con su novela posterior, Clarissa- y, sobre todo en Francia, la joven quinceañera, tan virtuosa y tan firme en sus convicciones, se convirtió en el centro de todas las discusiones... para bien y para mal.

Las damas francesas, a decir verdad, no eran muy partidarias de seguir la senda de virtud que había iniciado Pamela, y tampoco estaban dispuestas a rechazar los fantásticos vestidos y joyas que les proporcionaban sus pretendientes o amantes. Pero había un algo en aquella novela inglesa que sí les interesaba... En aquellas cartas, la protagonista ofrece numerosos detalles sobre la nobleza rural inglesa, sus costumbres, su indumentaria... "[Mi señora] me dio dos tocados de fino encaje de Flandes, tres pares de elegantes zapatos de seda, [...] y otro par con hebillas de plata labrada, así como varias cintas y lazos de todos los colores para el pelo, cuatro pares de medias blancas de fino algodón y tres de fina seda, y dos vistosos corsés". (Quizá sea necesario precisar que en Inglaterra era habitual que las damas entregaran los vestidos pasados de moda a las criadas, así como otras prendas, con la condición de que hicieran algún arreglo que "rebajara" la elegancia de las mismas). Por otro lado, ¿por qué el caballero inglés prefería a aquella muchacha vulgar en vez de escoger a cualquiera de las damas de alcurnia que podía tener a su disposición?

¡El encanto de lo natural y lo campestre! ¡Una cara bonita que se viste con la sencillez de una campesina y que es capaz de encandilar a un lord!

Jean-Honoré Fragonard: "Les Hasards heureux de l'escarpolette", Londres
Jean-Honoré Fragonard: "Les Hasards heureux de l'escarpolette", Londres

En la carta XX, después de detallar profusamente todo tipo de vestidos y adornos, la joven dice que compró "dos cofias muy bonitas, un sombrerito de paja, un par de mitones de punto rematados con percal blanco, dos pares de medias corrientes de estambre azul con dibujos de relojes blancos, ¡que tienen una pinta muy elegante, os lo puedo asegurar!, y unas dos varas de cinta de color negro para las mangas de las almillas, así como para un adorno al cuello...".

Desde ese momento, y gracias a la enorme repercusión de aquella extensísima novela epistolar, las damas europeas "jugarán" a parecer jóvenes inocentes como Pamela Andrews, se vestirán con guirnaldas de flores, deambularán por bosquecillos... con "un sombrerito de paja" adornando sus bucles. En España, donde la novela también tuvo gran éxito, y en honor a la joven virtuosa de Richardson, ese sombrerito de paja se llamará "pamela".

En Francia, esa pasión por "lo natural" tuvo evoluciones variables. Algunos filósofos creían que la Naturaleza era buena en sí misma, pero tras un análisis más pormenorizado dejaron de creerlo. Y construyeron una Naturaleza más dulce y colorista: diseñaron jardines "racionales", recortaron los árboles adecuadamente, formaron parterres simétricos, colocaron fuentes allí donde la razón lo sugería... y las damas se adornaron con delicadas flores.

 

François Boucher, "Marquise de Pompadour"
François Boucher, "Marquise de Pompadour"

El movimiento artístico que llamamos "rococó" tiene su raíz en la Naturaleza fingida de las rocallas (rocailles, grutas falsas y decoraciones pretendidamente naturales). El rococó -en ocasiones también conocido como estilo Luis XV- tuvo su máxima expresión en las artes decorativas y lo llenó todo de guirnaldas, flores, hojas, porcelanas (Sèvres) de delicados detalles, con toques de lánguido clasicismo. En pintura, casi cualquier retrato de madame Pompadour revelará claramente las características de este estilo; no en vano, algunos especialistas consideran que la Historia del Arte haría bien en llamarlo "estilo Pompadour". [...] El pintor François Boucher, que la retrató tantas veces, la imaginó siempre orlada con flores y cintas de seda...

Diderot se quejaba de los pintores del rococó: "¡Ah, apenas cogen el pincel y la paleta, ya están pintando guirnaldas de flores!". Cuando el severo Diderot veía las obras que producía el estilo rococó y, especialmente, los cuadros de Boucher, se ponía enfermo: "¡Este hombre no ha conocido la realidad!". Y quizá estaba en lo cierto, pero también era verdad que las personas a las que retrataba tampoco vivían en un mundo real. La monarquía y la aristocracia francesas habitaban un mundo rococó, plagado de casitas de pescadores, guirnaldas de flores, estanques con pececillos de colores, parterres geométricos, gestos lánguidos, mejillas sonrosadas e ingenua sensualidad. Ese mundo nada tenía que ver con Diderot; él ni siquiera utilizaba pelucas empolvadas: ante el retrato de unos fingidos pastores rodeados de tiernos corderos y flores (con una pamela negligentemente abandonada a los pies de una muchacha), Diderot exclama: "¿Dónde habrá visto el pintor a unos pastores vestidos con tanta elegancia y tanto lujo?".

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Comentarios: 3
  • #1

    Mónica-serendipia (sábado, 26 abril 2014 22:43)

    ¡Pamela! Qué recuerdos. En la facultad de periodismo se estudia (o estudiaba, a saber) la "Pamela" de Richardson como uno de los primeros best seller de imprenta de la Historia, con permiso de la Biblia, claro ¿Quizás sea "Pamela" el libro que sostiene la Pompadour? Entiendo la desazón de Diderot, en cuestión de modas, personalmente prefiero el encanto de Madame de Récamier y el romanticismo de Jacques-Louis David , pues, ¿no fue el pintor de la Revolución Francesa hijo de las luces enciclopédicas de nuestro gruñón Diderot?

  • #2

    JCV (lunes, 28 abril 2014 19:33)

    Gracias por pasar por el jardín luciérnago, Mónica.
    No sabría decirte si prefiero a Fragonard, a David, a Ingres o a... Supongo que son "amores" distintos y, dependiendo de las situaciones, se prefiere a uno o a otro. Pero, sí, la Récamier de David es un cuadro mítico, coincido contigo, y naturalmente aparece en un lugar destacado en el librito que preparé para ilustrar los gustos "revolucionarios".

  • #3

    Mónica-serendipia (miércoles, 30 abril 2014 14:54)

    Qué buen gusto el gusto revolucionario ;-)