Crítica literaria: de la emoción a la Historia

A Mónica Gutiérrez,

historiadora.

 

Con frecuencia he bromeado en este blog acerca de la corriente crítica impresionista que recorre los meandros de la blogosfera. Como a veces uno no tiene la habilidad escrituraria necesaria o pasea por las palabras sin comedimiento ninguno, puede que ciertas afirmaciones hayan resultado ofensivas. Pero... en realidad, ¿hay alguna razón para esta inquina contra la crítica impresionista? No. No la hay. La crítica literaria puramente impresionista no es seguramente la más erudita (pues remite toda la experiencia literaria a un hecho personal, y por lo tanto suele prescindir de datos relacionados con la Historia literaria, con el contexto social, con los aspectos técnicos de la escritura, etcétera), pero no es en absoluto desdeñable. De hecho, entre los impulsores y defensores del impresionismo crítico se encuentran algunos de los grandes nombres de la literatura y de la crítica literaria, como Croce, Mallarmé, Proust, Valéry o Eliot. Todos estos nombres reaccionaron contra las teorías positivistas y, como dicen los manuales, "defienden los derechos de la subjetividad, del inconsciente y del ensueño". El camino de la lectura impresionista concluye con el establecimiento de líneas críticas que guardan relación con el símbolo, el mito, el conocimiento intuitivo, etcétera. Tanto Proust como Valéry odiaban a los críticos que se encerraban en las bibliotecas y reunían datos, biografías, tramas históricas, etcétera, para explicar el hecho literario. Para ellos, toda la crítica era "necesariamente" subjetiva y revelaba una proyección autobiográfica. Este aspecto de la crítica es especialmente llamativo, porque considera que el crítico se revela a sí mismo cuando desarrolla una crítica literaria. En palabras del periodista y escritor americano C. Klosterman, "It’s always been my theory that criticism is really just veiled autobiography; whenever someone writes about a piece of art, they’re really just writing about themselves". En fin, parece evidente que un crítico que revela sus "impresiones" sobre un libro está revelándose realmente a sí mismo, más que explicando los fundamentos del texto al que se refiere. Sin embargo, la crítica impresionista considera que la acumulación de datos (técnicos, históricos, sociológicos, literarios, etcétera) es completamente estéril. Decía Anatole France: "El buen crítico es el que narra las aventuras de su alma en medio de las obras maestras". Quienes optan por la crítica impresionista, subjetiva, simbólica o emocional cuentan con una ventaja indudable, y es que al crítico impresionista le basta el texto en sí mismo. Rara vez remite a una tradición literaria del texto, ni a los elementos históricos que configuraron su escritura, ni a la biblioteca del autor, ni a sus referencias ideológicas o literarias... Para el impresionismo y sus herederos, el texto se basta a sí mismo y al crítico le basta su propia experiencia lectora; por tanto, no hay ninguna necesidad de traspasar las fronteras del propio texto y las emociones personales.

"Fiction Departament" (c) G. Zimbel
"Fiction Departament" (c) G. Zimbel

En realidad, no hay ninguna razón intelectual que impida a un crítico de la red decantarse por el New Criticism, el formalismo ruso, la estilística, el estructuralismo, el postformalismo, la pragmática o la deconstrucción. Todas las teorías críticas son perfectamente aceptables si se aplican honradamente y con la pericia suficiente; otra cosa es que a los lectores puedan interesarle ciertas barahúndas mentales. Y, si se me permite un luciernaguismo, tampoco estaría de más que los blogs anunciaran en su cabecera qué tipo de crítica se ejerce en su sitio web. Por ejemplo, los autores podrían indicar: "¡Viva Trubetzkoy! Un blog de crítica literaria formalista". O bien: "Bloom de Libros. Un blog de critica literaria deconstructivista e intertextual". O "Libromaze. Lecturas hermenéuticas e ideosemánticas". Las revistas literarias también deberían anunciarse así: "Cómo Leer. En esta revista se tratan los textos literarios conforme a la morfonovelística". O "El Amable Cultural: donde esté la deconstrucción, que se quite la glosemática".

El peligroso trabajo bibliotecario
El peligroso trabajo bibliotecario

A estas alturas a nadie le sorprenderá saber que un servidor, por razones académicas y por voluntad y convencimiento personal, es un ferviente seguidor de la Historia literaria como método crítico, y de Gustave Lanson como profeta venerado de esta religión, de quien he hablado en numerosas ocasiones.

El historiador se ocupa de obras del pasado (o del presente) que, en todo caso, no son monumentos pétreos e inmóviles, sino que cruzan los siglos para revivificarse en cada lectura. El historiador de la literatura no rechaza las emociones que se derivan de la experiencia personal, pero en ningún caso les concede valor absoluto. Los sentimientos y las emociones derivadas de una lectura son personales, y por eso intransferibles y únicas, de modo que no pueden servir como método crítico, dice Lanson. La experiencia personal es intolerable cuando se extralimita y adopta forma de evangelio, concediendo a una emoción personal o a una valoración individual el estatus de una catalogación general o universal. La crítica literaria es útil cuando sirve a todos los lectores, y resulta irrelevante cuando es una opinión personal intransferible, pues la declaración de ese crítico en nada va más allá que la de cualquier otra persona del mundo.

La crítica basada en la historia literaria propone reunir "todos los conocimientos exactos, impersonales y comprobables que puedan obtenerse". Todo ese cúmulo de información aporta a la lectura de la obra en cuestión una luz que no todos los lectores pueden obtener por su cuenta. En muchas ocasiones he comentado que la diferencia de leer el Quijote en una edición común o leerla en la edición de F. Rico es la misma diferencia de ir en carro a viajar en un F-18 Hornet.

La historia literaria persigue el conocimiento profundo de los textos literarios, las relaciones con la tradición literaria, con la historia de la cultura, la historia de las ideas, y precisa la cooperación de otras disciplinas, como la paleografía, la historia de la filosofía y todas las ramas de la filología, incluida la lingüística. Uno comprende que, vista la cuestión desde esta perspectiva, la crítica literaria es un trabajo abrumador. Pero ocurre que el historiador literario necesita conocer esos datos exactos, invariables, fijos, ajenos a toda emoción personal y ajenos a toda opinión subjetiva, para poder ilustrar al lector, pues ese es al fin el único objetivo que tiene el crítico o reseñador. "¡Pero las bibliografías de cada obra son infinitas!", dirá el joven bloguero aficionado a las elucubraciones críticas: "Si quisiera reseñar una obra, tendría que dedicar días y meses a su estudio. ¿No es más sencillo que diga lo que me parece simplemente...?". Desde luego, es más sencillo y más cómodo. Y en la dificultad, el estudio, el esfuerzo, el conocimiento y la información está la diferencia entre un comentario personal y la crítica literaria. Como dice Lanson: una obra literaria es una obra de arte, no una trivialidad. Si exigimos seriedad y conocimiento en la economía, la arquitectura, la medicina o la ingeniería, ¿por qué nos permitimos el lujo de ser triviales y hablar a la ligera en cuestiones literarias?

Para el historiador literario todo es relevante: quién fue el autor, qué libros utilizó, qué estudió, cuál fue su experiencia creativa, cómo habló de su obra... Pensar que un autor imagina su obra de la nada, sin referencias y ajeno a la tradición literaria, cultural o ideológica, es una monstruosidad y un absurdo. Para el estudio de fuentes y referencias es muy útil la disciplina de la literatura comparada.

Nada de todo esto impide que consideremos la obra literaria como un proceso emocional. Nada puede ni debe impedir que nos conmuevan o nos emocionen las obras literarias: es más, el conocimiento y la información proporciona una experiencia mejor y más intensa de la obra literaria.

En definitiva, y transcribo aquí el párrafo esencial de la teoría lansoniana, "os enseñaremos lo que es materia de ciencia y, por tanto, de enseñanza: os comunicaremos todo el conjunto de verdades relativas e imperfectas, pero precisas y comprobables -historia, filología, estética, estilística, rítmica-, todas las ideas dependientes de un saber exacto que pueden ser las mismas en todos los espíritus, y que os darán los medios de afinar, de rectificar, de enriquecer vuestras impresiones, de ver más cosas, y más profundamente, en las obras maestras que se leen siempre".

La literatura, desde luego, como disciplina artística, tiene como objetivo las emociones y la razón, el sentimiento y el conocimiento. Por tanto, se trata de sentir, de reaccionar, de aprender y conmoverse. La labor del crítico es ofrecer al lector los instrumentos precisos para que esa experiencia sea memorable. El lector no necesita los sentimientos y las emociones de otro, porque tiene los suyos propios. Lo que necesita es luz para que pueda disfrutarlos.

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Comentarios: 5
  • #1

    Rusta (viernes, 04 abril 2014 20:00)

    Muy interesante, José. Yo, pese a no tener ni la cuarta parte de tus conocimientos de crítica literaria, por mi formación también soy consciente de la importancia del método historiador. Es más, me atrevo a decir que, una vez se han estudiado determinadas materias, resulta imposible volver a leer igual que antes, basándose únicamente en "impresiones" y "gustos" (a mí, desde luego, la carrera me ha cambiado mucho). Lo has explicado perfectamente: el conocimiento enriquece la perspectiva personal, no la anula. Cuanto más se conoce una obra, mejor.

    No obstante, tengo que decir que me sorprende que hables de "crítica literaria" en referencia a la blogosfera. No creo que se haga crítica, al menos en la mayoría de espacios, sino simples opiniones (y los blogueros son/somos conscientes de ello, aunque se utilice el término "crítica" o "reseña" por costumbre). Defenderé siempre la existencia de los blogs, pero más como un fenómeno social -equivalente al tradicional club de lectura- que como una fuente de crítica. El hecho de que nazcan como afición justifica que a menudo no se quiera/pueda/sepa hacer crítica profesional.

    Por mi parte, en los últimos años estoy intentando enriquecer mis reseñas con algunos de los aspectos que apuntas, en especial cuando se trata de clásicos u autores contemporáneos importantes, porque aún me parecería más grave decir alguna barbaridad con toda la información sobre ellos que tenemos al alcance. Sé que todavía me queda mucho -muchísimo- por aprender (y por leer), pero es gratificante comprobar cómo, con el paso del tiempo, tengo más lecturas a mis espaldas y me voy formando un mapa mental de autores, géneros y épocas, porque así construyo una base mejor para comentar una novela.

    Un abrazo.

  • #2

    Elena Rius (viernes, 04 abril 2014 20:02)

    Una entrada excelente y muy clarificadora. Necesitamos la crítica no para que nos enseñe a leer, ni a emocionarnos con lo leído, sino para que nos ayude a leer más profundamente, comprendiendo mejor toda la riqueza de significado del texto. Como bien dices, la crítica puramente impresionista no aporta mucho, a excepción de darnos a conocer cómo piensa y cuál es el mundo estético del crítico. Lo que puede tener cierto interés cuando éste es alguien como Valéry, o muy poco si se trata de otras personas.

  • #3

    JCV (sábado, 05 abril 2014 18:07)

    Gracias, Elena, y gracias, RustaDevoradora, por pasaros por el jardín luciérnago y participar en el blog. Me complace comprobar que, en lo esencial, estoy en la misma línea que vosotras y, por otra parte, comparto también vuestras precisiones.
    Aprovecho para recomendar a los lectores de este blog la bitácora de Rusta: http://www.devoradoradelibros.com/ y de Elena Rius: http://notasparalectorescuriosos.blogspot.com.es/

  • #4

    Mónica-serendipia (jueves, 10 abril 2014 12:48)

    Y sin embargo, como bien apunta Rusta, poquísimos blogs literarios (si tenemos en cuenta la cantidad que hay en Internet) hacen en realidad crítica literaria en ninguna de sus formas, ¿verdad?
    La Historia literaria como aproximación crítica es, en realidad, la aproximación más delicada que pueda dedicarse a cualquier novela porque la desnuda capa a capa y la entronca con su pasado, su presente y, ¿por qué no? su futuro. Además, dota al lector de las herramientas necesarias para disfrutar precisamente de la lectura en todas esas capas.
    Brillante el párrafo final, señor Vales.
    Firmado: la orgullosa historiadora sonrojadísima por tales dedicatorias.















  • #5

    JCV (jueves, 10 abril 2014 15:49)

    Es importante destacar, en mi opinión, que la filología y el análisis crítico precisa de la ayuda de otras disciplinas, entre las cuales, naturalmente, la Historia resulta imprescindible.
    Y considero muy interesante, Mónica, tu apreciación de que un buen análisis literario podría aportar indicios sobre las líneas de futuro, por ejemplo, de un género o un autor.
    Muchas gracias por visitar el jardín luciérnago.