'Frankenstein', en Austral

A partir de este mes de febrero, la mítica colección Austral (Espasa) incorpora a su catálogo el Frankenstein de Mary Wollstonecraft en la versión del profesor Charles E. Robinson. En 2009 tuve la suerte y el honor de colaborar con la editorial Espasa en la traducción de la versión para la edición "Clásicos", que ofrecía la versión doble de la obra de Mary Shelley: por una parte, la traducción de los cuadernos manuscritos de la autora (act. en la Bodleian Library de Oxford), sin añadiduras ni correcciones, y, por otro lado, la versión completa con las correcciones de su marido y otras. La edición contaba también con un magnífico aparato crítico, una solvente introducción, y varios apéndices con cartas y documentos importantes para la comprensión del texto.

Austral publica ahora la traducción de la versión "expurgada"; es decir, el Frankenstein tal y como lo concibió Mary Wollstonecraft (aún no estaba casada con Percy B. Shelley) en Villa Diodati. Hasta ahora, todas las traducciones del Frankenstein en español habían asumido las correcciones de Shelley, o los añadidos de los sucesivos editores, o la organización y estructura de los distintos impresores, o los añadidos incluso de la propia Mary Shelley. Esta traducción se limita al texto redactado por la autora, tal y como aparece en sus manuscritos más fiables y tal y como quiso verlo publicado.

 

Fragmento de la introducción a Mary Shelley: Frankenstein, Austral, Madrid/Barcelona, 2014; por José C. Vales.

 

No importa cuántas veces se haya repetido el pasaje de la Introducción a la edición de 1831 de Frankenstein en la que la autora explica cómo se forjó uno de los grandes mitos contemporáneos: las palabras de Mary Shelley en las que recuerda aquel «verano húmedo y desapacible» de 1816 (el famoso «año sin verano», en realidad), aquellas veladas leyendo libros de terror en la villa Diodati de lord Byron cerca de Ginebra, aquella proposición del excéntrico romántico («¡Escribamos cada uno una historia de terror!»), las pesadillas nocturnas que inspiraron la creación del monstruo... toda esa escenografía romántica resulta hoy indispensable también para disfrutar la experiencia de leer el Frankenstein de Mary Shelley. Junto al poeta George Gordon, lord Byron, que contaba 28 años, se entregaron a aquel entretenimiento estival y literario otras cuatro personas: Mary Wollstonecraft Godwin, que por entonces aún no había cumplido los dieciocho años; su futuro marido, Percy Bysshe Shelley; la hermanastra de Mary, Mary Jane («Claire») Clairmont, embarazada de lord Byron; y el médico personal de Byron, John William Polidori. De aquel juego nació esta obra cumbre de la literatura universal, escrita por una adolescente de apenas dieciocho años: Frankenstein o el moderno Prometeo, que se publicará sólo un año y medio después.

Mary Shelley (1797-1851) era hija de dos famosísimos eruditos británicos, autores de diversas obras de ficción y ensayos políticos: el conocido pensador revolucionario William Godwin y la precursora del feminismo moderno, Mary Wollstonecraft, que había dado a la prensa su importantísima Vindication of the Rights of Woman (Vindicación de los derechos de la mujer) en 1792. Cuando Mary tenía dieciséis años se enamoró del poeta Percy Bysshe Shelley, que estaba casado por aquel entonces, y se «fugaron» en 1814 con la intención de viajar por Europa «para celebrar su amor». Percy dejó atrás a su esposa, embarazada, y a una hija de dos años. En 1815, Mary dio a luz a una niña prematura, que murió a los pocos días. Y poco después, aún sin estar casada, volvió a quedarse embarazada y tuvo a su hijo William, que moriría tres años después en Italia, en junio de 1819.

Pero volvamos a aquel lluvioso y frío verano de 1816. Nuestro grupo de apasionados románticos se había reunido en Ginebra como resultado de ciertas maquinaciones amorosas urdidas por Claire Clairmont, amante del infame lord Byron. El resultado fue que finalmente Byron y Shelley se encontraron por vez primera en los alrededores del lago de Ginebra en mayo de 1816 y se entregaron a excursiones pintorescas, veladas de lecturas románticas, discusiones científicas y meditaciones literarias.

Tal y como explicó Mary Shelley en la introducción citada para la edición de 1831 de su novela, aburridos ante la desapacible climatología, celebraron la proposición de Byron y cada uno de ellos se mostró dispuesto a escribir una historia de terror [...].

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Comentarios: 5
  • #1

    Elena Rius (viernes, 14 febrero 2014 19:11)

    Una cubierta espectacular para una obra inmortal. Seguro que ha sido un placer trabajar en ella.

  • #2

    Mónica (jueves, 20 febrero 2014 10:15)

    Disculpa mi pregunta de profana en la materia (seguramente es una bobada) pero me puede la curiosidad: ¿tuviste acceso a los cuadernos originales de la Bodleian? Qué emocionante.
    Una edición estupenda, cierto. Saludos.

  • #3

    JCV (jueves, 20 febrero 2014 10:24)

    Ninguna pregunta es una bobada, Mónica.
    No: te cuento. El trabajo de transcripción lo hizo el profesor Charles E. Robinson, que, además, hizo el análisis filológico en su momento. Mi trabajo, aparte del prólogo nuevo para Austral, ha consistido exclusivamente en traducir dichas transcripciones y preparar la edición en español sin los añadidos de Percy B. Shelley y sin las intromisiones de los sucesivos editores.
    Un abrazo.

  • #4

    lammermoor (jueves, 27 febrero 2014 09:01)

    Magnífica portada que este libro nos entre también por los ojos. Aunque me encantaría leerlo en versión original, creo que esta edición será una de mis próximas compras y vendrá a sustituir a la barateira que tengo ahora mismo.

  • #5

    JCV (jueves, 27 febrero 2014 14:16)

    Gracias, amiga, por pasar por el blog luciérnago. Siempre es un placer contar con referencias "walterscottianas" en este jardín. Saludos.