'Imitatio': abejas, hormigas y gusanos

Hubo un tiempo -parece increíble- en el que los jóvenes no eran genios y, por tanto, se veían obligados a estudiar. Si alguno tenía la osadía de entregarse a las furibundias literarias y resultaba tener un dominio especial innato de la lengua, puede que consiguiera algún premio escolar. Y, en todo caso, siempre se le advertía que aún debía trabajar mucho para poder escribir algo que realmente valiera la pena. Por fortuna, ahora contamos con una superabundancia de genios literarios -a los que les sobra afición y les falta filología-, y no hay año que las editoriales no nos ofrezcan sesenta o setenta obras maestras, algunas de las cuales, si bien pecan de cierta inmadurez, no cabe duda de que -a juzgar por los elogios y loas que se les dispensan- podrían competir con Homero y Tito Livio, e incluso con Cicerón.

En cualquier caso, este pobre blog luciérnago no alcanza semejantes alturas literarias, así que volvamos a los oscuros tiempos en que los jóvenes accedían a las letras y a la literatura... -agárrense- ¡estudiando!

 

Scriptorium
Scriptorium

Desde muy antiguo, el método que se consideraba más adecuado para aprender los recursos literarios era la "imitatio". No se trataba en realidad de la imitación horaciana (digamos, "de la naturaleza"), sino una verdadera "imitatio", una labor de "reproducción" de las obras clásicas. En la Edad Media, en los studii europeos era muy frecuente que los estudiantes copiaran libros enteros. (Gracias a esas copias estudiantiles aún conservamos textos que de otro modo se habrían perdido). Esos "praexercitamina" eran ejercicios en los que, copiando a los grandes autores, el alumno descubría giros, fórmulas y estructuras que luego podría aplicar si tenía talento para descollar en el arte literario. Era muy frecuente por otra parte la "imagen aristofanesca" de la abeja que -cito un estudio de Lázaro Carreter sobre Juan de Grial- "libando en múltiples flores, elabora su propia miel". El propio Séneca decía: "Hemos de imitar a las abejas". Esto es: el estudio e imitación de muchos autores podría propiciar una voz nueva, una miel nueva.

Este arte de imitación permitía un acercamiento singular a la obra, pero los humanistas nunca se conformaron con la mera imitación. Ellos entendían que debían subir "a hombros de gigantes" y superar a los antiguos en todo, incluso en las disciplinas literarias. Era frecuente, por tanto, que los literatos actuaran como "hormigas", acarreando materiales de una y otra parte, para configurar su obra, citando a los grandes nombres de la Antigüedad y concediéndoles el valor que merecían. En otras ocasiones se comportaban como los gusanos de seda, rumiando hojas y hojas de morera hasta elaborar una seda finísima en la que convertirse en mariposa.

La cuestión era si los principiantes querían actuar como una abeja, como una hormiga o como un gusano de seda.

 

La imitatio no sólo es un ejercicio necesario para todos aquellos que desean aventurarse en el piélago literario: además, es el portazgo que hay que pagar para encontrar una voz propia y distinta. (Uno de los arrebatos más divertidos de los jóvenes consiste en creer que pueden producir una obra de arte ex nihilo; una obra de arte nueva sin referencias a la historia o a la tradición literaria sería una monstruosidad; incluso Joyce, el gran revolucionario de la literatura moderna, tituló Ulysses su gran obra. Así que... ex nihilo nihil fit).

Recuerdo que en la universidad -y antes de que los profesores nos dejaran bien claro cuál era nuestra posición en el mundo respecto a Garcilaso, Fray Luis, Cervantes, etcétera- los aficionados al garabato imitábamos como posesos a García Márquez y a Cortázar. (Generalmente sin saberlo y generalmente, mal. Bueno, era la época). Gracias a Dios, nadie nos consideraba genios, así que pudimos quemar toda aquella basura sin mayores remordimientos. La imitación es un ejercicio y rara vez merece más que un premio menor en un concurso de casino. Sobre todo, es importante que el estudiante sepa que está imitando, y que no está sino reproduciendo -torpemente, por lo general- los giros y gestos del autor imitado. Un editor me dice con frecuencia: "¡Cuánto daño hizo la generacion beat!"; y lamenta la superabundancia de aficionados que se entregan a la imitación inconsciente de los Kerouac, Ginsberg o Burroughs, porque el imitador de estos jóvenes furiosos con frecuencia acaba pareciendo el yonki de la esquina, pero con menos vocabulario. Del mismo modo, una escritora me decía recientemente: "¡Cuánto daño han hecho las Woolf, las Dickinson y las Plath!", porque muchas jóvenes, queriendo imitar a esas locas sublimes, sólo se quedan en majaderas sentimentales.

Todas las virtudes de la imitatio se convierten en defectos si el imprudente estudiante alardea de su pequeño logro en público. Séneca decía que no hay que airear los zurcidos: el joven escritor debe acudir al papel pertrechado con las armas y los recuerdos de los grandes y "reducir a unidad" todo el saber acumulado durante años y años de estudio. En el ensayo citado, Lázaro Carreter advertía que "la imitación de uno solo no pasaría de mero ejercicio escolar". Y añadía: "Urgido el poeta en su alma para escribir, no se dirige, pues, directamente a la expresión de su sentimiento, sino que da un rodeo por su memoria, bien abastecida de lecturas [asimiladas, podría añadirse], de temas, conceptos y hasta iuncturae verbales...".

Así pues, amigos, libemos como las abejas de las mejores flores literarias, o esforcémonos como hormigas en el incansable acarreo de saberes y ciencias, o rumiemos el saber de siglos en paciente elaboración de la seda.

Tal vez así algún día podamos ser luciérnagas que brillen con luz propia.

 

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Comentarios: 3
  • #1

    Ro. (lunes, 27 enero 2014 00:56)

    ¿Sabes? A veces se me pasan tus entradas, pero es un placer leerlas, en este caso no solo porque me parece interesante, sino porque cuando activas el sarcasmo (todavía me estoy riendo con lo de las majaderas sentimentales y con el "agárrense" del principio) disfruto todavía más.
    Sé que bebes de buenas fuentes, así que seguro que acabas brillando con luz propia. De hecho, ya lo haces a los ojos de muchos lectores.

    Un abrazo :-)

  • #2

    JCV (lunes, 27 enero 2014 21:33)

    Gracias Ro por pasarte otra vez por el jardín luciérnago. Siempre es un placer. Un fuerte abrazo.

  • #3

    M&M (domingo, 14 septiembre 2014 18:16)

    Buenísima información! Gracias!