¿Qué pensaba Jane Austen sobre Tito Livio?

Quizá con un exceso de entusiasmo, en el prólogo a la traducción de Orgullo y prejuicio (edición del bicentenario para Espasa-Austral), sugerí la idea de que quien no se reía con Jane Austen es que no había leído a Jane Austen. E inmediatamente después de pedir humildemente perdón por la autocita, debo insistir en la misma propuesta: creo que Jane Austen era muy divertida. Probablemente no lo era tanto en la vida -la vida nunca es tan divertida como la literatura y las artes-, pero desde luego lo era en sus novelas. Una de las citas recurrentes de Jane Austen aparece en Mansfield Park, y en ella concede graciosamente a los demás escritores el privilegio de tratar de las desgracias del mundo: "Let other pens dwell on guilt and misery". (La cita, por cierto, fue escogida por la gran Stella Gibbons para abrir su Cold Comfort Farm, en España conocida como La hija de Robert Poste). Que Jane Austen tuviera una visión humorística del mundo no quiere decir que no tuviera una visión crítica de lo que acontecía a su alrededor; el humor es con frecuencia el mejor modo de establecer las distancias oportunas para que la crítica sea realmente sólida y, con frecuencia, resulta más dura y relevante que la crítica feroz y despiadada. Aparte de su talento para la organización novelesca y en el ritmo de la narración, Jane Austen proporciona escenarios y situaciones que favorecen su visión humorística de la vida: las conversaciones, a veces muy serias, hacen sonreír al lector, que sabe lo que está ocurriendo en las mentes de los personajes, y puede disfrutar con ese segundo plano implícito de la historia... En fin, no vamos a descubrir ahora a Jane Austen. Mi propuesta luciérnaga aquí es otra.

Ilustración de Hugh Thomson para la edición de 'Pride and Prejudice' de 1894.
Ilustración de Hugh Thomson para la edición de 'Pride and Prejudice' de 1894.

En alguna edición crítica (española) de Jane Austen se puede leer que la ausencia de notas se debe, precisamente, a que el mundo literario de Jane Austen era muy restringido, y que hay pocas referencias históricas, artísticas o literarias, lo cual es muy dudoso. Jane Austen no tuvo una formación erudita (digamos, en Cambridge u Oxford), pero eso no significa que no lo fuera. Desde luego, estaba al tanto de las corrientes literarias más avanzadas (su mirada sobre el romanticismo exaltado es muy divertida también), cita a Byron o a la señorita Radcliffe como quien los conocía bien, y seguramente había comprendido mejor que muchos personajes ilustres de su tiempo a Mary Wollstonecraft y su Vindication of the Rights of Women. La idea de una Jane Austen mojigata, pueblerina, cotilla y pequeña, igual que la Jane Austen estilo "comedia romántica" es una perfecta ridiculez. Sólo quienes leen libros como quien lee folletos de vacaciones pueden considerar de un modo tan vulgar la obra de Austen. Y precisamente uno de los especialísimos rasgos que elevan la prosa de Austen a una categoría superior es su sentido del humor.

 

Hace unos días -y por razones que no vienen al caso- me encontraba en pleno ataque luciérnago revisando la obra de Tito Livio. Como gran aficionado a Virgilio y a las aventuras de Eneas en la fundación de Roma, me vi obligado a repasar el Libro I de la monumental Ab Urbe Condita ("Desde la fundación de la Ciudad"), que habitualmente se conoce en nuestra lengua como La historia de Roma desde su fundación, y de la que sólo se conserva una parte. Y, estando felizmente con mi candil y mis mamotretos estudiando a Tito Livio, me detuve por casualidad en la primera frase de ese libro...

 

"Iam primum omnium satis constat"

 

Había algo en esa expresión que... En fin, había algo curioso en esa expresión, algo que me recordaba a algo, algo que despertaba ideas de otros libros. La traducción de esa frase (y para que no se me culpe de tergiversador, apelaré a Antonio Fontán y Luis Alberto de Cuenca) viene a ser aproximadamente ésta: "Un primer punto comúnmente aceptado es que...". Ya estoy viendo las caras de mis amigos luciérnagos, y están pensando lo mismo que yo: que la primera frase de Orgullo y prejuicio -si no es exactamente igual- es muy parecida. "It is a truth universally acknowledged..." (Es una verdad universalmente conocida...). No he podido confirmar que Jane Austen tuviera en mente a Tito Livio cuando comenzó su obra, pero es un clásico de la literatura humorística (en Cervantes, por ejemplo) comenzar una parodia con un texto considerado elevado o de gran nota. Puedo imaginar perfectamente a Jane Austen comenzando una pequeña odisea romántica en un pueblo con las mismas palabras que utilizó Tito Livio para describir su gran epopeya de la Roma legendaria y heroica. 

 

Altar dedicado a Marte y Venus, con motivos sobre la fundación de la ciudad. Museo Nacional de Roma.
Altar dedicado a Marte y Venus, con motivos sobre la fundación de la ciudad. Museo Nacional de Roma.

Los historiadores de la literatura suelen hacer referencia a una obra de juventud de Jane Austen, titulada History of England, y que en ningún caso puede considerarse más que como un entretenimiento juvenil, pues es un divertimento escrito cuando la autora rondaba los quince años. Ya entonces, nuestra adolescente Jane Austen tuvo la desvergüenza de burlarse de Oliver Goldsmith, el erudito autor de la Historia de Inglaterra de 1764. (En realidad, a qué negarlo, Jane Austen estuvo divirtiéndose toda su vida a costa de los sesudos highbrowed, incapaces de entender el fundamento y la sustancia del hecho literario). Por esa razón, no me extrañaría que una Jane Austen adulta -pero igual de maliciosa- hubiera decidido darle un tono épico y sublime a su pequeña historia de amores provincianos, fingiendo un principio a la altura -nada menos- de Tito Livio. La autora de Orgullo y prejuicio tenía el talento humorístico y sarcástico -y también la desenvoltura y el descaro- para utilizar de ese modo a Tito Livio y al mismísimo Homero si se terciaba. (Un biógrafo moderno no ha dudado en comparar su irónica pluma con la desvergüenza de los Monty Python).

Probablemente este mundo merezca más una burla amable como la que nos propone Jane Austen que una teoría filosófica demasiado enjundiosa como para ser cierta. La autora de Sense and Sensibility o Emma nos proporciona más alegría y verdad en un párrafo que enciclopedias enteras de reflexiones traídas por los pelos. Por eso nos gusta: porque no nos vende embustes, porque nos divierte y porque nos dice exactamente cómo somos y cómo son esos extraños seres que nos rodean...

 

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Comentarios: 2
  • #1

    Julia (martes, 24 diciembre 2013 15:12)

    ¡Qué perfecto regalo de Navidad que es esta entrada!
    (Entre toda su sabiduría y diversión you really got me cuando diste la traducción de Tito Livio y me encontré con la boca abierta, mientras leía que ya estabas viendo nuestras caras ¡odio ser tan previsible! Pero confieso que aquí me gustó bastante)
    Muchas gracias y muchas más felicidades para vos y los amigos luciérnagos.

  • #2

    Rocío (domingo, 29 diciembre 2013 03:11)

    ¡Qué entrada tan enriquecedora! Desconocía la similitud entre el comienzo de "Orgullo y prejuicio" y el de "La historia de Roma..." de Tito Livio. Desde luego, tal y como lo planteas parece posible la intencionalidad de la frase ¿te imaginas? :-) El sentido del humor, la ironía y el sarcasmo forman parte de mis debilidades literarias, incluso disfruto bastante de ellos en la vida real (siempre dentro de los límites del buen gusto), y Austen los emplea con tanta maestría...
    ¿Mojigata, pueblerina, cotilla y pequeña? Eso es imposible, no escribiendo así. No con ese ingenio.
    La edición del bicentenario que comentas es una joya. Es puro placer lector leer los prólogos y notas que acompañan a muchos libros. Gracias.
    ¡Un abrazo!