La Tabla de los Elementos (literarios)

El mundo es un caos asombroso: eso lo sabe cualquier luciérnago. Y todo lo que hay en él es susceptible de formar parte de la estupefacción que provoca la realidad. Decía un clásico español que estamos tan acostumbrados a ver la lluvia que no somos capaces de admirar su maravillosa estructura, y añadía que era prodigioso observar que el agua no cae toda en un mismo lugar, sino que lo hace de un modo mucho más sabio, repartida y suavemente, para dar alimento y refresco a las plantas y los animales.

Los científicos, a los que por lo visto no les gusta nada de nada el caos ni el vacío, siempre han estado dispuestos a organizar el mundo. Y han llegado a la conclusión de que en el mundo hay una serie de "elementos" que componen todo lo que conocemos. Y han distribuido esos elementos en un sistema que se denomina Tabla Periódica de los Elementos. 

A mí esta tabla siempre me ha parecido asombrosa, mística, prodigiosa, terrorífica y esotérica. En algunos casos esta tabla cuenta con unos pequeños números que indican los pesos atómicos (¡oh!) y las valencias (¿eh?). Todo ello siempre me ha resultado misterioso y, aunque llegué a comprenderlo en su momento, mi imaginación siempre ha conseguido desviar la apreciación de la verdad para centrarse en las "posibilidades literarias" de este prodigioso embrollo químico.

No sé qué pensarán los amigos luciérnagos, pero es normal que la lista la encabece el hidrógeno (H), aunque los clasicistas habrían preferido seguramente el helio (He), que aparece en el extremo superior derecho. Aparte de las posibles discusiones ordenancistas, a mí siempre me llamó la atención la columna de los gases nobles (azul), donde se encuentran el neón, el argón, el kriptón, el xenón, el radón y el extrañísimo ununoctio. Todos ellos son materiales novelescos, seguramente podrían incluirse en cuentos de ciencia ficción o en cómics. Por otro lado, tenemos las columnas de los alcalinos (roja) y los alcalinotérreos (beis). A mí me parece que están un poco mal organizados, porque se mezclan los terribles litio, rubidio, cesio y radio con otros elementos que vienen a ser como vitaminas, poco más o menos, en los yogures y en la leche: el sodio, el potasio o el calcio. En el extremo opuesto (columna amarilla) se encuentran los elementos que uno llamaría "desinfectantes y refrescantes", como el cloro y el flúor, muy utilizados en las piscinas y en la pasta de dientes. En la columna verde de los "no-metales" se encuentran el oxígeno y el nitrógeno, pero también el infernal azufre (16) y el misterioso y lunar selenio (34). En el grupo mayoritario (centro izquierda, de color rosa palo) se encuentran algunos de los elementos más sugerentes, como los brillantes cromo, níquel y cobre, e incluso el rudo hierro (26), todos ellos muy necesarios en las novelas históricas. A partir del número 70 y en esa zona se encuentran los materiales propios de los thrillers y novelas de robos y espías, como el iridio, el platino, la plata, el oro, e incluso el mercurio. Más misteriosos y sin duda más peligrosos son el hafnio, el dubnio, el meitnerio, el roentgenio o el ununtrio. Entre estos metales "de transición" hay nombres aterradores, y si un hombre se atrinchera en un piso de los suburbios y amenaza con estallar su bomba de rutherfordio (104), el relato adquiere tintes apocalípticos. Los lantánidos y los actínidos son más amables: parecen los nombres de una aldea rural. Ahí están (y los escribo con mayúscula porque parecen los nombres de nuestro tío del pueblo) Cerio, Neodimio, Prometio, Europio, Curio, Godolinio, Disprosio o Tulio. Lástima que no existan elementos como Fulgencio, Casimirio, Asclepio o Clodoveo.

Sin ninguna duda, podría decirse que la Tabla de los Elementos químicos también podría ser la Tabla de los Elementos literarios, porque ahí está la historia (con Germanio [32] y Galio [33], la aventura (Niobio [41] y Lawrencio [103], el suspense (con Holmio [67]), la filosofía (Plutonio [94] y otros), la comedia (con el impagable Bromo [35] y, por supuesto, el amor, con el melancólico y enamoradizo Livermorio (103).

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Comentarios: 5
  • #1

    Elena Rius (sábado, 24 agosto 2013 18:02)

    A ver cuándo te animas a escribir un relato con algunos de estos elementos con nombres tan sugerentes: seguro que el hafnio o el dubnio son unos malos perfectos, mientras que el prometio y el europio pueden ejercer fácilmente de inocentes metidos en líos. ¡Lo esperamos!

  • #2

    JCV (sábado, 24 agosto 2013 18:08)

    No me tientes, no me tientes...

    "Hafnio, el vil usurero que moraba en uno de los tugurios más sucios de Padua, acechó durante años los movimientos de Prometio, cuyo amor por Niobia...".

    ¡Abrazos, amiga!

  • #3

    Elena Rius (lunes, 26 agosto 2013 12:21)

    ¡Ja, ja! Era exactamente eso. El pobre Prometio las va a pasar canutas...

  • #4

    Olga G. (jueves, 29 agosto 2013 16:38)

    Tumbada en el sofá y llorando, llorando de la risa.

    Un fuerte abrazo. También para ti, Elena.

  • #5

    JCV (jueves, 29 agosto 2013 18:34)

    ¡Un abracísimo, Olga! ¡Me parece estar viéndote reír! ¡Gracias por pasarte por aquí!