Schinkel y las ciudades fantásticas

Al intentar arreglar un poco el desbarajuste caótico de mi mesa de trabajo, tuve que revisar una de las libretas de viaje que suelo utilizar, y me topé insospechadamente con el nombre de Karl Friedrich Schinkel, anotado con mala letra en una esquina del diario viajero. Al repente, no conseguía recordar quién era este Schinkel, aunque su nombre estaba anotado en la libreta de un viaje a Berlín.

Grabado de F. Thiele: Altes Museum de Berlín
Grabado de F. Thiele: Altes Museum de Berlín

Karl Friedrich Schinkel (1781-1841) fue un destacado arquitecto alemán recordado sobre todo por el espectacular Altes Museum de la capital alemana, construido en los años veinte del siglo XIX. Entre otras muchas curiosidades, este museo tiene como centro de gravedad una increíble imitación del Panteón romano. Sin embargo, y aunque el museo es asombroso por muchas razones, pensé que seguramente no había apuntado el nombre de Schinkel por eso.

Por las serendipias de la vida -y porque este mundo es lo más extraño y retorcido que uno pueda imaginar- abrí por casualidad un libro en el que me sorprendió una lámina del pintor Petrus Henricus Theodor Tetar van Elven, autor de un cuadro titulado Visión fantástica de los principales monumentos de Italia. El cuadro es de 1858: el pintor fantaseó con la posibilidad de una ciudad junto a un lago o junto al mar en la que se apiñaran los grandes monumentos de Italia. (¡El Síndrome de Stendhal sería en esa ciudad fantástica una especie de aturdimiento mortal!). Al toparme con este pintor de lugares fantásticos recordé por qué había apuntado el nombre de Schinkel: no fue en el Altes Museum, sino en la Alte Nationalgalerie, donde vi lo que más me interesaba del arquitecto Schinkel. ¡Una colección de cuadros de ciudades imaginarias!

 

K. F. Schinkel: "Ciudad medieval junto al río".
K. F. Schinkel: "Ciudad medieval junto al río".

Schinkel se formó como arquitecto, aunque nunca negó su pasión por la pintura. Sin embargo, abandonó el arte del lienzo a edad muy temprana. Se dice que visitó cierta galería en la que se había expuesto El monje en el mar, de David Caspar Friedrich, y que en aquel mismo momento reconoció que jamás llegaría a la altura de aquel artista. (Curiosamente, hoy Friedrich y Schinkel se exponen juntos en la tercera planta de la Alte Nationalgalerie). Desde aquel momento, Schinkel abandonó su tarea como pintor y se dedicó a los grandes proyectos arquitectónicos que le otorgaron fama y prestigio. Sin embargo, y por fortuna, ya había completado varias obras que hoy hacen las delicias de todos los luciérnagos del mundo. Sus cuadros desmienten (como suele ocurrir) la vocación neoclásica que se le atribuye, y sus paisajes imaginarios, entre la turbulenta naturaleza y los asombros arquitectónicos, revelan la profunda emoción romántica del artista. [Vayamos más allá: incluso el neoclasicismo (neohelenismo) que se le atribuye tiene un fuerte componente romántico, pues nadie puede afirmar que el romanticismo sea más goticista que clasicista, aunque éste es un debate largo...] Si los luciérnagos me permiten la insinuación, recomiendo una visita a su obra, bien en la red, bien en Berlín, donde se encuentra la mayor parte de su trabajo, como se ha señalado.

 

Claudio de Lorena: "Atardecer en el puerto" (1639).
Claudio de Lorena: "Atardecer en el puerto" (1639).

Desde que las antiguas tribus judías imaginaran el Paraíso y Platón comentara como de pasada lo que le había ocurrido a la Atlántida, el tema de las ciudades imaginarias no ha dejado de ofrecer fabulosos ejemplos, tanto en la literatura como en la pintura. Es un tema recurrente, generalmente con derivaciones utópicas, al que no han podido resistirse buena parte de los artistas a lo largo de los siglos. Aparte de Las ciudades invisibles de Italo Calvino, seguramente habría que señalar sin falta las prodigiosas Xanadú, Liliput, Utopía o la mismísima Utopía de Moro. Todas estas recreaciones de ciudades y lugares imaginarios conforman nuestro paisaje emocional y estético, y es ahí donde querríamos vivir, sobre todo cuando el mundo real parece -ahora más que nunca- tan aburrido, tan turbio, tan desagradable y tan falto de imaginación.

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