Novelas populares

El próximo 16 de marzo, en Barcelona, tendrá lugar el Encuentro de Blogs Literarios EBLS 2013, organizado por el escritor y consultor de comunicación Gonzalo Garrido y la editora Belén Bermejo. La pregunta de apertura del encuentro es un oxímoron (¿existe la literatura basura?). Naturalmente, si es literatura, no es basura; y si es basura, no es literatura. Seguramente habría que preguntar si existen "libros basura", pues no conviene confundir 'libros' con 'literatura'. Pero, en fin, todos sabemos en realidad a qué se refieren los organizadores con ese planteamiento.

La evaluación crítica de la literatura no es una cuestión sencilla o que se pueda abordar en un 'post' bloguero. La relación entre la literatura, el consumo masivo de cierta literatura y la posibilidad de evaluarla tanto en su contexto como en la historia literaria es demasiado compleja como para despacharla de un plumazo. Sin embargo, hay una corriente de pensamiento crítico (esnob, elitista y clasista a mi parecer) que sugiere que los índices de ventas y la calidad literaria son como una balanza de dos platillos, y que el peso de uno representa la elevación del otro y viceversa. (Esto es, que a más ventas, menos calidad; y a más calidad, menos ventas). A poco que se medite, se verá cuán falsa es esta idea.

Pienso, a vuelapluma, en sir Walter Scott, que comenzó a escribir sus obras cuando el desprestigio de la novela (por la herencia ilustrada) era casi absoluto. Aunque se arruinó con su propia editorial, el nombre de Scott vendió miles y miles de ejemplares en Europa y América, más que todos los novelistas juntos de su época. Se le copió, se le pirateó y se le plagió (claro, también en España). En Francia aparecieron veinte ediciones de sus obras completas entre 1820 y 1951. ¡Todo el mundo leyó a Walter Scott!

El caso de Charles Dickens (y de su amigo Wilkie Collins) es bien conocido. All the Year Around, con el cebo de Historia de dos ciudades, llegó a vender 100.000 ejemplares semanales. Y en esa misma revista (bueno, revista es mucho decir) se publicaron Grandes Esperanzas y La dama de blanco, nada menos. Casa desolada, una de las novelas dickensianas más apreciadas hoy, vendió 40.000 ejemplares, pero dichos ejemplares se reunían en entregas mensuales de a chelín.

Cuando los empresarios editoriales comprenden que la literatura es una industria rentable, la primera idea es "producir" novelas. Ahí nace la impresión en masa: los libros de diez centavos de Beadle (h. 1880) se alargan hasta los famosísimos Mills & Boon de los años treinta del siglo XX, con más de 160 títulos originales al año.

 

En los últimos tiempos, la "popularidad" de las novelas ha encumbrado a Cien años de soledad, El nombre de la rosa, El código da Vinci, Harry Potter, Millennium o Las cincuenta sombras de Grey. Cada uno de los éxitos responde a factores diferentes -desde un innegable valor literario a una revelación pseudoteológica, y desde un interés por las tramas a una reivindicación cultural de la pornografía soft para mujeres-; y se trata de factores que están inextricablemente unidos: el momento histórico y social, la trama, el arte (o no) literario, el plan de márketing e incluso el modelo de distribución cuentan en el éxito de una novela, pero nada tienen que ver con su valor literario. (Estoy pensando ahora en las ediciones clásicas de bolsillo de Penguin, que vendía 20.000.000 de libros anuales en los años cincuenta, y en su imitadora española, Austral, y en ambas colecciones se reunían grandes nombres con otros hoy completamente olvidados).

Los planteamientos simplistas en este asunto no explican ni resuelven nada. Una novela puede ser popular sin ser vulgar, y puede gozar de gran popularidad al tiempo que conserva valores literarios; y, del mismo modo, una novela muy poco popular no tiene por qué considerarse necesariamente "literaria".

De hecho, y como conclusión, me permito recordar que la literatura es esencialmente un arte basado en un proceso de comunicación, y que como todo proceso comunicativo, necesita receptores que reciban el mensaje literario, y que éste influya en ellos y resulte relevante. Difícilmente se puede considerar literatura una obra que nadie conoce. Como dicen los editores... los cajones están llenos de obras maestras.

 

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Comentarios: 2
  • #1

    Julia (sábado, 02 marzo 2013 13:50)

    Muy de acuerdo, por supuesto.

    Ya que estamos hablando de ventas millonarias, ¿por qué no les decís a los de Planeta que se copen y editen "El pensionado de Neuwelke" en Argentina?

  • #2

    Julia (sábado, 02 marzo 2013 13:53)

    (Qué idiota soy! Arriba escribí mal mi "página web")