Hacia lo desconocido

Hay espíritus sosegados y tranquilos que consiguen mantenerse alejados de los tumultuosos riesgos de la aventura: prefieren el seguro refugio de su salón o su biblioteca, el club de fumadores, el casino, el pub y su fiabilidad cervecera, el jardín trasero, con sus flores de temporada, o el garaje donde lo más atrevido es un taladro eléctrico.

Y luego hay espíritus inquietos que constantemente están soñando con mares lejanos, tierras ignotas, volcanes, precipicios, abismos, cumbres, hielos perpetuos y desiertos... Para ellos, navíos en medio de feroces tormentas, islas desconocidas, templos misteriosos, emociones y aventuras sin fin.

Entre unos y otros, espíritus tranquilos y espíritus aventureros, se encuentran los espíritus luciérnagos: los que desde la confortable seguridad de sus sillones, disfrutan con las extraordinarias peripecias de los hombres y mujeres más arrojados que en el mundo han sido.

James Cook (1728-1779) es una de las grandes personalidades históricas de Gran Bretaña. Hijo de la gélida y pobre Escocia, comenzó su andadura a los diecisiete años como grumete en cargueros carboneros de las tumultuosas aguas septentrionales. Se aplicó por cuenta propia a las matemáticas y la astronomía, y así fue como consiguió los conocimientos necesarios para surcar océanos que a otros les resultaban aterradores. En 1755 se alistó en la Armada Real, donde gobernó barcos de guerra, y luego inició el periplo científico cartografiando Terranova. En 1766, en aquellas lejanas y sórdidas tierras, observó un eclipse de sol y envió un notabilísimo informe a la Royal Society; después participó en uno de los eventos astronómicos más importantes de su siglo: el tránsito de Venus frente al Sol y la medición de distancias relativas, de todo lo cual escribió un artículo que finalmente se imprimió en Oxford. Por encargo de la Royal Society, y con vistas a mediciones astronómicas, James Cook se embarcó en su Endeavour en Plymouth, el 25 de agosto de 1768. Uno de sus objetivos era descubrir la Terra Australis nondum cognita, un vasto continente que debería "compensar" las masas terrestres del hemisferio septentrional. En distintos viajes a bordo del Resolution, el Adventure y el Discovery, quiso acercarse a aquellos territorios espantosos, pero las masas de hielo, las banquisas, los icebergs y las furiosas tormentas antárticas lo rechazaron una y otra vez. Se calcula que pudo estar a unos 100km del continente antártico. Al final, tanto el propio Cook como los científicos de sus navíos no tuvieron más remedio que certificar que no había "nada" en el Atlántico meridional, y que no existía aquella suposición de la Terra australis. Tras muchos viajes y exploraciones (especialmente en el Pacífico y Oceanía), James Cook encontró la muerte en Hawaii, un 14 de febrero de 1779, tras una extraña refriega con algunos nativos. "Lloró Inglaterra la muerte de su primer explorador", dice José Manuel Sánchez Ron en el prólogo de El viaje hacia el Polo Sur y alrededor del mundo.

"En esta situación teníamos a la vista dos islas de hielo, una de las cuales parecía ser tan grande como la mayor que hubiéramos visto. No tendría menos de doscientos pies de altura, y en su parte superior era bastante semejante a la cúpula de la iglesia de San Pablo. [...] En todo este camino no habíamos visto la menor cosa que nos indujera a pensar que nos halláramos alguna vez en la vecindad de tierra. [...] No creo que se hayan visto nunca montañas de hielo semejantes en los mares de Groenlandia, o por no menos nada he oído ni leído sobre ello; así que no se puede hacer una comparación entre los hielos de esta parte y de aquella. [...] No diré que sea imposible que nadie avance más lejos hacia el S; pero sólo intentarlo habría sido una peligrosa y temeraria empresa, que ningún hombre en mi situación hubiera llevado a cabo".

 

James Cook: Viaje hacia el Polo Sur y alrededor del mundo [A voyage towards the South Pole and round the World: performed in His Majesty's ships the Resolution and the Adventure, in the years 1772, 1773, 1774 and 1775 writen by James Cook]. Espasa, Madrid, 2012; trad. Manuel Ortega y Gasset; prólogo, José Manuel Sánchez Ron; 694 págs., cón láminas en blanco y negro.

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Comentarios: 2
  • #1

    Elena Rius (miércoles, 13 febrero 2013 17:33)

    Me declaro totalmente luciérnaga, pues faltándome el arrojo necesario para arrostrar tierras inhóspitas, climas extremos y nativos hostiles, disfruto de ellos enormemente desde la placidez de mi retiro.
    (Dale un repaso a esa cita, en las últimas líneas hay algunas erratas.)

  • #2

    JCV (miércoles, 13 febrero 2013 17:38)

    ¡Bien por Elena!
    Reparados errores. ¡Gracias!