El maestro de Nerón

Séneca.

Dejaré a la consideración de los luciérnagos la terrible cuestión que asalta al reflexivo observador: ¿cómo es posible que tan excelso maestro tuviera tan ruin alumno? Sólo apuntaré que no todos los padres son culpables de las infamias de los hijos, igual que los hijos no son responsables de las fechorías de sus padres; y del mismo modo, no todos los alumnos merecen los maestros que tienen, ni todos los maestros merecen los alumnos que les han correspondido. (Y entiéndase 'merecer' en los dos sentidos posibles).

Lucio Anneo Séneca (4 a.C. - 65 d.C.) nació en la Hispania romana, en la ciudad de Córdoba, en una familia de maestros retóricos y literatos. Tras viajar a Roma y descollar como letrado, enseguida atrajo la inquina de Calígula, lo cual resultó finalmente una bendición, porque se vio obligado a un prudente retiro que aprovechó para estudiar la filosofía estoica. El emperador Claudio lo desterró a Córcega -una verdadera humillación en Roma- por culpa de las infamantes acusaciones de Mesalina. Los vaivenes orgiásticos del Imperio zarandearon a Séneca: tras siete años de destierro, Agripina se casó con Claudio, y perdonó a Séneca, y además lo nombró pretor y le confió la educación de su hijo: Nerón. Cuando Nerón alcanzó el poder, nombró ministro a su maestro, y es probable que fuera el propio Nerón el que difundiera el rumor de que Séneca había matado a Agripina y a Británico, cuando en realidad fueron organizados por él. Séneca se atrajo la inquina de buena parte de los grandes prebostes de Roma, especialmente por su enorme fortuna. Dicen que los sextercios y los dracmas que poseía se contaban por millones. (Una parte de su obra está dedicada a la justificación de la riqueza en manos de los filósofos). Con casi setenta años, Séneca comprende que ha caído en desgracia y se retira. El emperador, al fin, le acusa de cierta conspiración y lo condena a muerte. Una muerte horrible, pues la pena consistía en la obligación de abrirse las venas y quitarse la vida.

También dejaré a la consideración de los amigos luciérnagos las precisiones históricas, pues la vida de Séneca es tan novelesca e interesante que las versiones y opiniones al respecto son tan numerosas como las falacias y embustes que se han vertido sobre él.

Nerón escucha pensativo las enseñanzas de Séneca
Nerón escucha pensativo las enseñanzas de Séneca

Encontré a Séneca hace ya muchos años... en tiempos difíciles, pues la doctrina estoica se compadece bien con las dificultades y las amarguras. Luego he vuelto a él con frecuencia, y siempre ha sido fuente de consuelo y sensatez. Hay varios libros en las estanterías que recopilan sus tratados, aunque yo le tengo especial aprecio a la versión que Julián Marías hizo de De vita beata para la Revista de Occidente en 1943 y que Alianza publicó en bolsillo en los años ochenta del pasado siglo.

Y hace unos días volví a encontrarme con el viejo estoico en un pequeño y maravilloso museo castellano (Museo de Zamora, Palacio del Cordón) al que -por desgracia- rara vez acuden visitas. En una de las salas, donde se exponen grandes mosaicos de villas romanas y fabulosas estelas funerarias y estatuas prodigiosas de la Lusitania imperial, me encontré a Séneca explicándole algo a un meditabundo Nerón. (Se trata de una estatua del zamorano Eduardo Barrón [1858-1911], Nerón y Séneca, que fue medalla de oro de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1904; pertenece al Museo del Prado y hay una versión en bronde en Córdoba). Allí estaba el maestro, intentando convencer al joven tirano de la necesidad de acomodar la vida a la naturaleza de la vida para poder gozar de la felicidad...

 

[Contra la envidia y la maledicencia,

en De vita beata, XIX]

 

"Discutís acerca de la vida de uno, de la muerte de otro, y al oír el nombre de hombres grandes por algún mérito egregio, ladráis como los perrillos al salir al encuentro de personas desconocidas; pues os conviene que nadie parezca bueno: como si la virtud ajena fuera el reproche de vuestros delitos. Comparáis envidiosos las cosas espléndidas con vuestra sordidez, y no comprendéis cuán en detrimento vuestro es esa osadia. Pues si los que siguen la virtud son avaros, libidinosos y ambiciosos, ¿qué sois vosotros, que odiáis hasta el mismo nombre de la virtud?".

 

Séneca: Sobre la felicidad [De vita beata]. Versión y comentarios de Julián Marías. Alianza Editorial, Madrid, 1980 [1983].

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Comentarios: 15
  • #1

    Elena Rius (viernes, 11 enero 2013 20:04)

    ¡Vaya pinta tan estupenda tiene ese museo de Zamora! Habrá que pensar en hacer una excursioncilla por aquellos parajes. Séneca, sí. Quizás es la lectura que se necesita en momentos como estos. Creo que voy a poner alguno de sus tratados en mi mesita de noche, meditaciones idóneas para antes de dormir.

  • #2

    JCV (sábado, 12 enero 2013 15:10)

    Sí: o estoicismo o revolución. Uno no sabe ya...
    Mi querida amiga: si decides hacer una visita a la vieja Lusitania y pasar por mi ciudad, estaría encantado de ejercer de humilde guía en un lugar que provoca cierta ensoñación medieval...

  • #3

    Aroa (domingo, 13 enero 2013 14:07)

    Si algo sacó David en claro de nuestra visita a Roma fue que dos mil y pico años de historia nos contemplaron y se hizo fan de Nerón quien, según él, ha sido maltratado por la historia sesgada por otros tantos años de cristianismo. Yo no me fío en absoluto de sus conclusiones apasionadas. Pero voy a decirle que venga de luciérnago a reflexionar sobre tu primera cuestión.
    Abrazos, amigo.
    Aroa

  • #4

    JCV (domingo, 13 enero 2013 14:37)

    Pues... déjame que de diga, querida Aroa, que David no anda muy desencaminado en su teoría. Aunque no recuerdo la fuente (será la "NGH", seguramente), he leído en alguna parte que Nerón era un hombre cultísimo, sabio, inteligente, sagaz y reflexivo. Lo cual no empece para que fuera también un asesino y un tirano. La mala fama la debe al parecer a los historiadores romanos Tácito y Suetonio, y al cine moderno.
    (Y tengo que decir que la paráfrasis napoleónica "Dos mil 'siglos' nos contemplan" (en Twitter) me pareció desternillante.
    Un fortísimo abrazo, amiga.

  • #5

    Aroa (domingo, 13 enero 2013 15:59)

    Los siglos son cosa mía que se me va... Jiji. El fan de Nerón me riñó de lo lindo.

  • #6

    David Ruiz (martes, 15 enero 2013 08:03)

    ¡Hola! ¡Ya he llegado! Perdón por el retraso pero es que vengo desde lejos. Pues sí, la sorpresa del viaje a Roma (bueno, una de ellas. Probablemente la mayor fuese lo bien que les sale la comida italiana a los italianos) fue descubrir que Nerón fue un emperador empeñado en revitalizar el comercio y la cultura romanos, manías que muy psycho no parecían, la verdad. Si unes eso con un maestro como Séneca, que, digo yo, algo influiría y algo dice del emperador, no creo que fuera tan malo como nos han contado. Pero claro, crucificó cristianos, los echó a los leones y los torturó, y esa gente, tan dada a lo del perdón y la otra mejilla, lleva dos mil años contándonos su reinado a su manera.

  • #7

    JCV (martes, 15 enero 2013 16:01)

    Bueno... ¡al parecer ha habido varios luciérnagos iluminando Roma esta Navidad!
    En las disciplinas históricas, amigo David, siempre estamos avanzando con el precipicio del anacronismo a un lado y el del sesgo intencionado al otro. Es como si conociéramos a una persona sólo por lo que nos dicen los demás, por noticias de segunda mano, o por lo que al parecer ha hecho o ha dejado de hacer. Por eso la Historia es una disciplina complejísima: porque se precisa una mirada libre, justa y ecuánime.
    Como tú, yo también creo que la historia de Nerón está tergiversada y distorsionada, y no se trata de ejercer de maniqueo y colocarlo al lado de los "buenos" o los "malos". Perfectamente podría haber sido un revitalizador del comercio y un tirano sanguinario, y del mismo modo pudo ser un amante de las artes y un criminal conspirador...
    ¡Saludos!

  • #8

    Pilar Díaz de Vargas (sábado, 09 noviembre 2013 12:53)

    queridos luciérnagas, o bichitos de luz, como yo los llamaba, en mi inocente infancia, quiero recordaros a un poeta y escritor, sabio y bueno, al que tuve la fortuna de tener muy cerca, pues era muy amigo de mi padre: José Maria Peman, el cual, en epoca difícil y muy controvertida, trajo a colación a Seneca
    He disfrutado de la sabiduria de ambos, lo que me marco y enriqueció sobremanera ,espirituslmente

  • #9

    hgjkh (domingo, 17 noviembre 2013 22:26)

    .|.

  • #10

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