Filósofos ilustres

Creo que ya he compartido con mis amigos luciérnagos algunas joyas que Diógenes Laercio dejó en sus Vidas de los filósofos ilustres. Por alguna razón que sospecho, aunque no me molesto en analizar, cuando ando rondando por la casa nocturna, sin saber bien en qué libro abismarme, siempre acabo con el Diógenes Laercio. Tradicionalmente, De vitis dogmatis et apophthegmatis eorum qui in Philosophia claruerunt se ha traducido como las Vidas de los filósofos ilustres o Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres, con alguna variante.

Durante años había oído hablar de este libro: sabía que lo habían utilizado casi todos los autores de renombre, sobre todo a partir del Renacimiento, y que siempre se consideró un manual imprescindible para conocer la filosofía antigua y, muchas veces, olvidada. Confieso humildemente que llegar a esta edad sin haber estudiado profundamente el Diógenes Laercio es un pecado que difícilmente puede perdonarse. Pero... ¡nada de lamentos! ¡Mejor tarde que nunca! Y, en realidad, mejor ahora que con dieciséis años. A decir verdad, ignoro cómo pude pasar sin este libro durante las últimas dos décadas, pues siempre fui plenamente consciente -desde que tuve consciencia, quiero decir- de la importancia de este compendio. Por otro lado, siempre fue un manantial de confusiones, pues cuando acudía a buscar los libros citados por el dicho Diógenes Laercio, la mayoría ni existían ni se conocía que hubieran existido jamás, con lo cual el señor Diógenes parecía el cronista de una filosofía ignorada o inventada.

Dice Carlos García Gual en el prólogo de la edición que adquirí, que las "Vidas y opiniones de los filósofos ilustres constituyen uno de los textos más atractivos del legado helénico, por su información minuciosa, desde luego, pero también por su amenidad; y por su bagaje filosófico y literario, por sus muchísimas noticias sobre los sabios antiguos...". Sin embargo, es preciso señalar que en tiempos modernos se ha desestimado este prodigioso compendio porque se consideraba un resumen rápido y poco profundo de las ideas y sistemas filosóficos, y además se le achacaba una prosa descuidada y pedestre, considerándolo finalmente un "centón erudito" de obras perdidas.

Añade el prologuista de mi edición que este libro "suele dejar una cierta insatisfacción en el lector que aspiraría a encontrar una historia filosófica de un talante más crítico, más valorativo; en definitiva, un estudio más riguroso y penetrante en la exposición de las ideas y menos recargado de anécdotas y detalles pintorescos".

Me temo que estoy leyendo mal las Vidas, o que no entiendo lo que leo, o que soy demasiado ignorante como para comprender críticamente esta obra. O las tres cosas a la vez. Porque lo que despierta mi admiración en este libro son precisamente esas anécdotas, esas citas, los datos biográficos curiosos, las listas de tratados desconocidos, ignorados o desaparecidos... Me divierten los detalles pintorescos en la misma medida que me aburriría la murga sofista de los críticos filosóficos de nuestro siglo de amargados. Hegel dijo que Diógenes Laercio era un "amontonador de opiniones varias" y un "chismorreador superficial y fastidioso". Curiosamente, puedo confesar que me he quedado dormido sobre don Murgas Hegel, y que me he divertido enormemente con Diógenes Laercio. Pero, naturalmente, esto se debe a mi ignorancia. A Diógenes Laercio le gusta entretenerse con citas, con nombres, con las ocurrencias de los filósofos, con extravagancias, con referencias bibliófilas inventadas, perdidas, imaginadas y de segunda o tercera mano, antepone lo anecdótico a lo trascendental, y combina "cierto desorden, una curiosa chismografía y cierta erudición pedante y pintoresca".

¡Me encanta!

La Escuela de Atenas, de Rafael, está en los Museos Vaticanos de Roma
La Escuela de Atenas, de Rafael, está en los Museos Vaticanos de Roma

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Comentarios: 1
  • #1

    Julia (viernes, 21 diciembre 2012 14:46)

    ¡Por supuesto que sí, vivamos nosotros los lectores ignorantes que buscamos chusmeríos y diversión!