Martín Rico sale de las catacumbas

En algún otro lugar he manifestado mi devoción luciérnaga por el artista escurialense Martín Rico (1833-1908). Desde la perspectiva del apasionado aficionado, me parecía incomprensible que este pintor no hubiera alcanzado la relevancia de otros grandes con los que compartió tiempos románticos. (Dicho sea de paso, lo mismo me ocurre con Fortuny y los Madrazo, por cierto). El caso es que, por fin, el Museo del Prado ha decidido organizar una maravillosa exposición temporal con la obra paisajística de Martín Rico: se inauguró a finales de octubre y, en principio, permanecerá abierta hasta el 10 de febrero de 2013.

Muchos ignorantes descubrimos a Martín Rico cuando el Museo del Prado decidió ampliar su colección permanente con la deslumbrante pintura romántica y decimonónica española. Por alguna razón que sospecho pero que me resulta absurda, ridícula y noventayochista, esas grandes obras habían permanecido en los almacenes del Prado, ocultas a su legítimo propietario: el ciudadano que las paga y las conserva. Entre esos cuadros y esos artistas, los ignorantes -repito- descubrimos a Martín Rico. Dice el folleto de la exposición que "Martín Rico fue uno de los artistas más relevantes en la introducción del paisaje realista en España y el que mayor proyección internacional tuvo en su tiempo". También se nos dice que el Prado conserva la mayor y la mejor colección del artista. Pero, sorprendentemente, se añade que ésta es "la primera exposición importante dedicada al artista".

Si Martin Rico es uno de los "artistas más relevantes" del siglo XIX y el Museo del Prado posee "la mayor y la mejor colección del artista", ¿cómo es posible que su obra no se haya expuesto hasta hace apenas unos años y, sobre todo, que ésta sea la "primera exposición importante" dedicada al artista? Me temo que el olvido de Martín Rico guarda una estrecha relación con la visión paticorta y acomplejada del arte que han tenido los prebostes intelectuales tras los carnavales vanguardistas. Cuando se decidió encerrar en los sótanos del Prado a los artistas del siglo XIX y cuando se decidió ignorar a Sorolla, a Pérez Villaamil, a Fortuny o a los Madrazo, el pintor Martín Rico los acompañó a las catacumbas del olvido. Éste es otro éxito que el arte debe agradecerle a las vanguardias.

Al final, a uno no le queda más remedio que pensar que todos estos vaivenes del arte guardan relación con determinadas estrategias de comunicación y márketing. No se me ocurre otra razón que explique por qué Sorolla o Fortuny o Martín Rico no aparecen al lado de los grandes pintores impresionistas y otros artistas contemporáneos de más nombre y -obviamente- menos talento. En todo caso, es inútil luchar contra estas fortísimas corrientes de evaluación estética: el arte, como la literatura, son procesos culturales cuya evaluación es lenta y cambiante, y con frecuencia se ven sometidos a intereses no del todo "artísticos".

Sea como fuere, en el jardín luciérnago se celebra y se brinda por esta magnífica exposición, y se imploran nuevos acontecimientos en los que se devuelva a su lugar a los grandes pintores olvidados de nuestro siglo XIX.

Todas las imágenes que aparecen en esta entrada pertenecen a la serie "Vistas venecianas 1873-1908", seguramente la parte más espectacular y popular de la exposición. Pero si acuden al Prado, no se pierdan sus acuarelas y los "cuadernos" de viaje del autor. Maravilla de maravillas.

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Comentarios: 6
  • #1

    Elena Rius (miércoles, 14 noviembre 2012 20:23)

    Yo también descubrí a este pintor hace muy poco, y de momento sólo lo conozco virtualmente, pero lo que he visto me parece francamente notable. En Barcelona tenemos algo más de suerte con Fortuny, de quien hay bastante obra en el MNAC y al que se ha dedicado alguna exposición monográfica. Quizás por fin haya llegado el momento de recuperar a estos artistas olvidados del XIX. ¡Qué lástima no estar en Madrid para poder contemplar esas acuarelas! Tengo especial debilidad por la acuarela, un género que permite una sutileza enorme y que se considera injustamente (a mi gusto) menor.

  • #2

    JCV (jueves, 15 noviembre 2012 14:19)

    Esta Navidad, un viaje de trabajo a Madrid, una visita a los amigos, un viaje porque sí, una cena y un buen musical en la Gran Vía... Siempre es un buen día para darse una vuelta por Madrid, y acercarse al Prado...
    Desde luego habrá opiniones para todos los gustos, y matices necesarios, pero hay que reconocer que la dirección de Miguel Zuzaga ha revitalizado el museo notablemente.
    Saludos.

  • #3

    Elena Rius (jueves, 15 noviembre 2012 18:00)

    Pues sí, habrá que intentarlo. Apetecer, siempre apetece darse una vuelta por Madrid, sus museos y sus teatros (sin olvidar las cosas de comer). Otra cosa será que las circunstancias lo permitan. Veremos.

  • #4

    La paseadora de Lisa (sábado, 17 noviembre 2012 22:35)

    Envidia envidiosa siento de que ya hayas visitado la exposición. Y ya tengo un motivo más para viajar a Madrid. Para mí, ya lo sabes, lo mejor de Madrid es el Museo del Prado.
    Abrazos de mi parte y arrumacos de Lisístrata.

  • #5

    Julia (domingo, 18 noviembre 2012 12:10)

    Los cuadros, la mentada exposición y las palabras incitadoras de ustedes hablando de visitas a Madrid, ¡uf, cómo tientan a los que estamos más lejos! Pasearía ahora mismo por Madrid y me metería con tanto gusto en la Venecia decimonónica de Martín Rico...
    Más allá de lo imposible, gracias: no hay nada mejor que sentir el deseo exaltado.

  • #6

    JCV (domingo, 18 noviembre 2012 18:56)

    ¡Saludos a Barcelona, a Buenos Aires, a Venecia, a la Paseadora, a Julia, a Elena, a Lisístrata... y a todos los luciérnagos volanderos y silenciosos!