La delicada pureza de la sencillez: Stefan Zweig y las lentejas

Antes de ir a preparar las lentejas, querría hablarles de Stefan Zweig.

La primera vez que oí el nombre de Stefan Zweig fue hace unos diez o doce años, creo, cuando en un despacho editorial saltó ese nombre a propósito de cierta manera de narrar las cosas. Desde luego, en aquel momento me hablaban de Stefan Zweig como si hasta los fans irredentos de Bob Esponja tuvieran la obligación de conocerlo. (Con pocas cosas disfruta tanto un editor como "echando carreras" de libros y espetándole a los demás lo ignorantes que son por no conocer a un poeta épico eslovaco o a un narrador vanguardista croata). En fin, como uno es un ignorante sin remedio, pero procura tener libreta, me apunté el nombre de aquel autor (será húngaro o serbobosnio o lituano o vietnamita, pensé, ya que ésas son algunas de las nacionalidades favoritas de los editores más esnobs) e intenté hacerme con algún libro suyo.

Fue por entonces cuando quedé deslumbrado ante los Momentos estelares de la Humanidad (Acantilado, trad. Berta Vias Mahou). ¿Cómo era posible que un escritor como aquel hubiera quedado atrapado en las jaulas de esnobs y clasistas literarios?

(Hagamos unas lentejas ligeras, sin mucho condumio cárnico). Lo cierto es que Stefan Zweig fue muy popular en su época (años veinte y treinta del siglo pasado) pero su sencillez (habilidad) narrativa no fue muy del gusto de los prebostes literarios de las décadas posteriores, y, por tanto, no tardó en quedar relegado al olvido. (Un leve psicologismo, relevancia sentimental, personalidades oscuras, emociones sencillas, un cierto aire de novela "sensacional" decimonónica). Casi un siglo después, las mismas élites que lo despreciaron se encargaron de llevar a cabo su "recuperación". (Ha de señalarse que este proceso de olvido y recuperación se dio especialmente en Estados Unidos e Inglaterra, pero también en la Europa continental). Fue un escritor prolífico y destacó especialmente en la biografía y el relato corto. Tres de esos relatos han aparecido últimamente por aquí y, naturalmente, no he tenido más remedio que devorarlos.

(Si hacen lentejas, sírvanlas con unas piparras en vinagre, enteras o troceadas... ¡Mmmm!).

Desde luego, los tres relatos son muy recomendables. (No voy a entrar en la discusión bizantina sobre longitud de textos y nominalismo genérico, así que pueden llamarlos relatos, cuentos, novelas o como más les plazca). Por mi parte, aunque es una verdadera delicia, tengo algunas prevenciones contra la Carta de una desconocida, pero ése es un asunto que puede discutirse y ni siquiera estoy seguro de que Stefan Zweig no esté "provocando" al lector en ese relato. Mi favorito, entre estos tres, es Ardiente secreto. Ignoro por qué un escritor tan hábil y concienzudo como Zweig no eliminó las primeras páginas (concernientes al seductor) y se limitó a ofrecer la visión del muchacho protagonista; pero de todos modos, eso no rebaja mucho el genial discurrir de la historia.

Antes de ir a retirar las lentejas del fuego, me gustaría señalar la impagable labor de los traductores de Zweig (Berta Vias Mahou, Berta Conill, Manuel Lobo, de los libros citados) y de sus editores, que han logrado una delicadísima prosa en español, aunque en realidad ya estamos acostumbrados a los buenos oficios de Acantilado.

En fin, que se me queman las lentejas: si ya conocen y disfrutan de Zweig, felicidades; y si no lo conocen, enhorabuena: tienen por delante muchas horas de lecturas inolvidables.

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Comentarios: 4
  • #1

    Elena Rius (lunes, 29 octubre 2012 19:00)

    Zweig es de aquellos escritores que estaban en la biblioteca de mis abuelos, popular en España en los treinta y cuarenta y olvidado después. Ahí tuve la suerte de leer algunas de sus obras, en ediciones que olían vagamente a moho, seguramente en versiones menos cuidadas de las que salen ahora. Igualmente, me encantaba. Menos mal que lo han recuperado, y con los honores que merece.

  • #2

    Elena Rius (lunes, 29 octubre 2012 19:01)

    P.D.: ¡Y qué buenas son las lentejas!

  • #3

    JCV (lunes, 29 octubre 2012 19:07)

    Sencillas y deliciosas, como Zweig.
    Abrazos, mi querida luciérnaga.

  • #4

    JCV (sábado, 03 noviembre 2012 20:01)

    Por razones incomprensibles, aun teniendo los libros delante, transcribí erróneamente (Bías) el apellido de la traductora Berta Vias Mahou. Perdón, perdón, perdón... Ya está arreglado