¡Conjúrote, triste Plutón!

Conjúrote, triste Plutón, señor de la profundidad infernal, emperador de la corte dañada, capitán soberbio de los condenados ángeles, señor de los sulfúreos fuegos que los hervientes étnicos montes manan, gobernador y veedor de los tormentos y atormentadores de las pecadoras ánimas, regidor de las tres furias, Tesífone, Megera y Aleto, administrador de todas las cosas negras del regno de Éstige y Dite, con todas sus lagunas y sombras infernales, y litigioso caos, mantenedor de las volantes harpías, con toda la otra compañía de espantables y pavorosas hidras. Yo, Celestina, tu más conocida cliéntula, te conjuro por la virtud y fuerza destas bermejas letras, por la sangre de aquella nocturna ave con que están escritas, por la gravedad de aquestos nombres y signos que en este papel se contienen, por la áspera ponzoña de las víboras de que este aceite fue hecho...

Gemma Cuervo: Celestina haciendo el conjuro del hilado...
Gemma Cuervo: Celestina haciendo el conjuro del hilado...

Dedicar todo un trimestre universitario a Fernando de Rojas y su Celestina es como viajar a Segovia y decir que se conoce mundo. Pero de aquellos lejanísimos y ya turbios años salmantinos recuerdo los congresos dedicados a la "puta vieja", las visitas al delicioso Huerto de Calisto y Melibea ("¡Melibeo soy, y a Melibea adoro y en Melibea creo y a Melibea amo!") y las prodigiosas páginas que hasta entonces habían estado borrosas y por fin empezábamos a comprender. Había mil pasajes en la Tragicomedia que me asombraban -sobre todo por su lenguaje y su habilidad expresiva-, pero siempre que quería disfrutar de verdad con el misterio celestinesco del hilado mágico, volvía a este "Tercero auto" (final) donde la vieja alcahueta conjura a Plutón y, entre calderos viejos y vísceras de animales pestilentes, infesta el hilado que le entregará a Melibea y que cautivará su corazón.

Amena y fresca fuente en el Huerto de Calisto y Melibea, en Salamanca
Amena y fresca fuente en el Huerto de Calisto y Melibea, en Salamanca

Peter E. Russell (a quien años después me encontraría discutiendo con los románticos) tenía un artículo sobre la magia en La Celestina que me encantaba leer... Resulta que nosotros pensábamos que Celestina había actuado exclusivamente como alcahueta entre Calisto y Melibea, y que toda aquella parafernalia de las invocaciones, los conjuros, las brujerías y el hilado hechizado era un recurso efectista que sólo pretendía dar colorido a la novela (pues es protonovela, y no teatro, como suele suponerse, aunque se llame Tragicomedia). El profesor Russell nos quitó la venda de los ojos. Resultaba que "en la España de la época de Rojas, a todos los niveles de la sociedad, entre teólogos y sacerdotes, juristas, nobles y plebeyos, por regla general se creía en la magia". La magia surtía verdadero efecto y, a pesar del supuesto escepticismo, todos creían en ella. La teoría de la magia y la hechicería se conocía sobre todo por un famosísimo tratado llamado Malleus maleficarum (h. 1484), redactado por dos inquisidores alemanes. Entre otras cosas, estos especialistas declaraban que la magia tenía especial efectividad en las cuestiones amorosas.

Russell destacaba en su artículo que la bruja Celestina (más bruja que alcahueta, al parecer) se ajustó perfectamente a los manuales de brujería en su conjuro. Aparte de las distintas sustancias y objetos, era importante el papel con los nombres de los "enamorados" y el aceite serpentino. El aceite serpentino era una ponzoña peligrosísima, pero sumamente efectiva. Téngase en cuenta que el demonio tiene especial tendencia a disfrazarse de serpiente, así que puede disfrazarse en el hilado que Celestina le entregará a Melibea. Esta técnica de enamoramiento por conjuro se llamaba philocaptio. En cuanto el hilado está en manos de Melibea, ésta se consume de pasión por Calisto... Muchos críticos no se explican ese cambio repentino en la actitud de Melibea, y lo consideran absurdo y ridículo. Pero eso es porque ignoran los fulminantes efectos del aceite serpentino. El perverso demonio, enredado en el hilado, desata de este modo una furibundia sexual en Melibea, pues estaba comprobado que el aceite serpentino provocaba un "crudo y fuerte amor" que obligaba a las melindrosas doncellas a "despedirse de toda honestidad", víctima de una "terrible passión" que no comprendían. En el auto décimo, cuando se le pregunta a Melibea por el cambio psicológico que se ha operado en ella, dice "que me comen este coraçón serpientes dentro de mi cuerpo". Así es como operaba la philocaptio.

Ojito, damas, con los hilados.


Desde el 28 de septiembre al 28 de octubre se representa en el Teatro Fernán Gómez - Centro de Arte la obra La Celestina. Versión de Eduardo Galán y dirección de Mariano de Paco Serrano, con Gemma Cuervo (Celestina), Alejandro Arestegui (Calisto), Olalla Escribano (Melibea), Juan Calot (Sempronio ), Santiago Nogués (Pármeno), Rosa Merás (Elicia), Irene Aguilar (Lucrecia), Jordi Soler (Pleberio) y Natalia Erice (Areúsa).

 

 

 

 

 

Fernando de Rojas, La Celestina. RAE-Galaxia Gutemberg, Madrid, MMXI. Edición y estudio de F. J. Lobera, G. Serés, P. Díaz-Mas, Carlos Mota, I. Ruiz Arzalluz y F. Rico.

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Comentarios: 3
  • #1

    Urzay (jueves, 04 octubre 2012 21:22)

    ¡Ay, cuánto daño están haciendo estas ediciones (magníficas) de la RAE! Dos relecturas llevo ya últimamente a causa de ellas, el Lazarillo y Bernal Díaz, y tengo la Dorotea a la espera. Aunque no sé si no nos han pegado un pequeño timo a los que comprábamos las que asomaban en la fotografía de tu entrada anterior...

  • #2

    JCV (jueves, 04 octubre 2012 22:02)

    ¡Saludos, Urzay!
    Hace tiempo hice un post contando la trágica historia de esa colección, que empezó en Crítica... La cosa debió de ser bastante turbia, y ahora tenemos que completarla con Galaxia Gutemberg. Y, sí, estoy totalmente de acuerdo contigo: son unas ediciones excepcionales. A veces, no sé si te ocurre a ti lo mismo, es como si estuvieras leyendo otro libro distinto al que leíste hace tiempo con el mismo título.
    Un fuerte abrazo.

  • #3

    Urzay (viernes, 05 octubre 2012 16:40)

    Desde luego el Lazarillo de un tirón, editado prescindiendo de la organización que se atribuye a intervención externa, realmente resulta otro libro. Y arriesgado, teniendo en cuenta que las academias se suelen asociar generalizando con los más diversos estados de fosilización. A mí me ha gustado. ¡Saludos!