Meteorológica

El nuevo curso libresco propone excitantes y apasionantes novedades literarias, y en el jardín luciérnago estamos seguros de que todos disfrutaremos con los apabullantes cargamentos de historias, metáforas y sinécdoques con las que nos regalarán la vista, los oídos y el espíritu nuestros autores.

Sin embargo, no vengo hoy dispuesto a recomendar ningún libro moderno (ese trabajo le corresponde a los profesionales de las distintas empresas editoriales), sino a proponer -como casi siempre- un texto que cuadra perfectamente con estos días de viento, frío y lluvia que presagian el melancólico y dulce otoño. Es el tiempo de observar las nubes, de estudiar si llueve bien o mal, o a destiempo, si el viento rola o se rebrinca, si amenaza cencellada o ventisca... La meteorología es tan apasionante como prodigiosa, y la imposibilidad de controlar sus ritmos, idas y venidas, la convierten en un milagro cósmico que observamos boquiabiertos.

He aquí un fragmento del libro que os recomiendo, amigos luciérnagos, donde se "explican" las razones de la lluvia y la llovizna:

 

"Puesto que la humedad se eleva siempre gracias a la fuerza del calor y desciende de nuevo a la tierra a causa del enfriamiento, los nombres de esos fenómenos y de algunas de sus variantes están puestos con propiedad: en efecto, cuando la humedad se desplaza en pequeñas partículas se llama llovizna, mientras que cuando lo hace en partículas mayores se llama lluvia". Aristóteles, Meteorológicos I, 9.

La Meteorológica de Aristóteles, en la novísima versión de Ediciones Luciérnagas
La Meteorológica de Aristóteles, en la novísima versión de Ediciones Luciérnagas

En el libro II, 6, Aristóteles decía que para seguir la explicación de los vientos, y cuáles eran sus nombres, y de dónde soplaban, era preciso "un grabado". Si la Meteorológica era una especie de libro de texto para los estudiantes, hemos de suponer que en la escuela tendrían dibujos, mapas, esquemas y gráficos que apoyarían las lecciones del maestro. En el caso de los vientos, seguramente se trataba de una circunferencia en cuyo perímetro se iban indicando los nombres de los vientos. Desde la dirección norte, y en sentido de las agujas del reloj, los nombres griegos de los vientos son: Boreas [Aparctias], Meses, Caecias, Apeliotes, Euro, Fenicio, Notos, Lips, Céfiro, Argestes [Olimpias, Sciron] y Thrascias.

Todos estos particulares, junto con "grabados" y láminas de emocionante belleza, pueden ustedes encontrarlos en la novísima edición de la Meteorológica de Aristóteles, Ediciones Luciérnagas, Madrid, 2012.

(¡Que me aspen si no es la portada más ilustrativa que se haya ideado jamás para el bueno de Aristóteles!).

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Comentarios: 2
  • #1

    Elena Rius (jueves, 27 septiembre 2012 16:31)

    ¡Qué bonitos los nombres de los vientos! Los que habitamos a orillas del Mediterráneo tenemos los vientos muy presentes (para ir a ciertas playas, es recomendable saber qué viento sopla y elegir la adecuada según su dirección) y sabemos cuándo esa brisa es "gregal" y cuándo "lleveig" o "marinada". O tramontana, que ese sí es inconfundible...
    Apuesto a que Aristóteles hubiera quedado sorprendido por esa nueva portada. Y sus alumnos, contentísimos.

  • #2

    JCV (jueves, 27 septiembre 2012 17:47)

    :-) Me pregunto, Elena, por qué no se le concede la debida importancia a estas cosas. En Radio Barcelona o en la TV3 deberían empezar los informativos diciendo: "Hoy, maravillosa marinada en Calella: disfruten de la mañana...". Y en el avión que nos lleva a Atenas, deberían decirnos: "Estamos teniendo un Céfiro de padre y muy señor mío, así que sujétense el sombrero...".
    Creo que la gente se empeña en ser aburrida.
    Abrazos, amiga.