Catarsis y literatura del sufrimiento

Creo que se está poniendo de moda el género de la "literatura del sufrimiento". Si en las primeras páginas de un trabajo literario encuentran superabundancia de palabras como 'dolor', 'angustia', 'sufrir', 'agonía', 'tristeza', 'locura', 'herida', y otras semejantes, pueden dar por hecho que están ante una novela de sufrimiento.

Aunque todos los luciérnagos lo sabrán seguramente, no está de más recordar que esta literatura del sufrimiento tiene su origen en el romanticismo mal entendido; es decir, en el sentimentalismo posterior y en las efusiones emocionales despojadas de todo control literario. (Desde luego, los "qué sangre de mis venas no te he dado" de Garcilaso y el "polvo enamorado" de Quevedo no tienen nada que ver con los sentimientos: son literatura y ficción literaria, mientras que el sufrimiento post-romántico suele tener siempre una conexión real). Una vez que la sociedad occidental admitió el sufrimiento como valor literario, el empujón definitivo llegó con la tendencia psicologista, que dotó de valor simbólico al dolor. Así fue como las patologías psicológicas adquirieron valor en el universo literario.

Emily Dickinson
Emily Dickinson

Es evidente que se puede encontrar cierto placer en el sufrimiento. (Cuando Virginia Woolf estaba atravesando uno de sus peores episodios depresivos, y cuando quizá la esquizofrenia había hecho mella en ella definitivamente, poco antes de morir, expresó en una nota a su marido lo "felices" que habían sido. Es dudoso que el pobre Leonard tuviera la misma opinión). Y, al parecer, en el placer del sufrimiento intervienen algunos elementos necesarios, como cierta obsesión por el reconocimiento, el aprecio y el amor ajeno, cierto infantilismo o puerilidad, una incapacidad para asumir de modo maduro las circunstancias, una cierta intolerancia a la frustración, una vanidad peligrosa, algunas tendencias masoquistas, un deseo de provocar lástima en los demás, y una cierta superioridad moral asociada al martirologio... (Jesucristo es una prueba de que los que sufren son dioses). En términos generales, la literatura del sufrimiento debería estudiarse más en el ámbito de la psiquiatría que en el de la filología, aunque... en fin, los filólogos nos atrevemos con todo.

Virginia Woolf
Virginia Woolf

Al parecer, los psicólogos y los psiquiatras suelen recomendar la escritura a quienes necesitan desahogar sus intensas emociones. Lo llaman 'catarsis'. Es decir, se trata de una 'purificación' a través de la escritura: una especie de limpieza psicológica que permite sobrevivir, una suerte de fumigación de demonios, un modo de arrancar cizañas y malas hierbas en los sembrados de la mente. Sin embargo, esta acepción de la 'catarsis' no es la que aparece en la Poética de Aristóteles. La catarsis aristotélica afectaba al lector (o al espectador, en el teatro trágico) e implicaba que las situaciones espantosas o conmovedoras del texto dramático influían moralmente en él. La literatura no se hacía para salvar al autor, sino para el lector. El romanticismo y el psicologismo invirtieron los términos y, desde luego, pervirtieron la esencia de la literatura al sugerir que uno escribe "para sí mismo". Esta expresión, oída miles de veces, es probablemente la más ridícula y antiliteraria que existe. La literatura se hace para el otro porque la literatura no es más que una versión estética de un proceso comunicativo. La literatura, en fin, no sirve para purificarse, ni para liberarse, ni para dar rienda suelta a las efusiones emocionales. Para eso están los psiquiatras y los psicólogos.

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Comentarios: 4
  • #1

    cristina (sábado, 01 septiembre 2012 17:24)

    muy bueno.

  • #2

    JCV (sábado, 01 septiembre 2012 19:37)

    Gracias, Cristina. Bienvenida al jardín luciérnago. Estás en tu casa. ¿Un té? ¿Café?

  • #3

    Julia (domingo, 02 septiembre 2012 13:40)

    ¡Es cierto! Decir que se escribe "para sí mismo" es una cursilería importante. Pero no creas que la comunicación con uno mismo es tan directa, en todo caso incluso en los ejercicios que te mandan a hacer los psicólogos se escribe para que ése que soy yo se/me entienda un poco...
    Pero escribir poemas o ficciones para mí mismo, buah, eso sí que es un claro recurso de captatio benevolentiae, además de la timidez comprensible.

  • #4

    Palacios (sábado, 06 diciembre 2014 18:35)

    Gracias por el texto. Te pregunto: ¿puedes poner aquí alguna bibliografía, además de Aristóteles, que respalde las ideas de tu último párrafo? ¡Buen día!