Holier than thou

Dice el libro que tengo delante que la escritura es "la invención de las invenciones". Y otro historiador asegura que "ninguna invención ha sido más importante para el progreso humano que la escritura". Y dice el libro: "Durante muchos años se dio por hecho que la escritura cuneiforme de Mesopotamia era la escritura verdadera más antigua". Sin embargo hay otros lugares en Irán, en Turquía y en el sureste de Europa en los que también se han encontrado "restos" de escrituras que se remontan a los siete mil y ocho mil años de antigüedad.

La palabra empezó, curiosamente, con los números: fue una invención "económica" y servía para contar, para anotar, para comprar y vender. Los representantes de las divinidades en la Tierra siempre tuvieron gran aprecio por la riqueza y una curiosa tendencia al lujo y los vicios dinerarios, así que la escritura inmediatamente entró a formar parte de sus habilidades. Puesto que sabían escribir -y el resto de la humanidad no-, no tardaron en advertir que los escritos religiosos estaban inspirados, cuando no dictados, por la mismísima divinidad. La Biblia, como los textos sagrados del judaísmo y el Corán, están inspirados por Dios. Esta idea mítica y supersticiosa de que la escritura está inspirada por entes superiores es también el fundamento del arte literario. Platón, como Virgilio o Cicerón, fabuló filosóficamente sobre el proceso de la inspiración divina. En la actualidad no faltan escritores y aficionados a las letras que hablan de inspiración, aunque se supone que es un recurso para no tener que hablar de instrucción y educación.

La idea de que los escritores están tocados por la divinidad se ha mantenido tácitamente como verdad incontestable hasta nuestros días. Un escritor, por el mero hecho de serlo, tiene el derecho e incluso la obligación divina de dar su parecer y opinar sobre los más variopintos temas, aunque no haya recibido instrucción ninguna sobre el tema en cuestión, y no posea más fundamentos intelectuales para hablar de ello que un fontanero o un estudiante de secundaria. Si puede hablar, y si se le pregunta, y si se le escucha atentamente, es porque recibe la inspiración divina y tiene línea directa con el Todopoderoso. Esta capacidad para opinar de todo aunque no se tengan fundamentos intelectuales para hacerlo es propia también de los tertulianos, aunque estos sufren el desprestigio público porque muchos de ellos no son escritores y, por lo tanto, no están en contacto con Dios. La verdadera superioridad moral corresponde únicamente a los escritores. Los periódicos, las radios y las televisiones están atestados de ejemplos en que nuestros inspirados escritores pontifican sobre cualquier cosa que se les pregunte con el aplomo y la solvencia que proporciona el contacto directo con Dios.

Los escritores, conscientes de su poder, se enfrentan al resto de la humanidad con la nariz levantada y el gesto adusto, pues a nadie le gusta vivir entre humanos cuando perfectamente podrían estar habitando las espaciosas estancias del Parnaso. Los ingleses tienen una expresión precisa y definitiva para designar esa presuntuosa superioridad moral, afectada y vanidosa: "Holier-than-thou". La expresión procede de un libro bíblico (Isaías 65, 5), donde se habla de los vanidosos, orgullosos, presuntuosos, jactanciosos, altaneros y soberbios. Dice Dios por boca de su profeta que le dan asco y excitan su cólera esos que dicen: "Stand by thyself, come not near to me; for I am holier than thou" (Quédate donde estás, y no te acerques a mí; pues soy más santo que tú).

Es curioso que algunos escritores (y gentes del gremio, en general) sigan insistiendo en adoptar esa actitud de presunción sin límites. Adelantado el siglo XXI, persisten en pontificar como tocados por la llama divina, y en alejarse de los humildes humanos. Nosotros, pobres luciérnagos, sabemos que Rousseau escribía el Emilio y, al mismo tiempo, abandonaba a sus hijos en la puerta de los hospicios.

 

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