Arqueólogo estival

Cuando acabé el bachillerato y dije en casa que quería ser arqueólogo, me dijeron que no me inventara palabras, y mi abuela se llevó un gran disgusto, porque no esperaba -eso me dijo- que albergara semejantes vicios y perversiones en mi alma. Así que me hice filólogo: no es que nadie en mi familia considerara la filología como algo digno (tantos novelistas y poetas... ahí no puede haber nada bueno), pero al menos me obligaría a pasar muchas horas en casa, leyendo y estudiando, y así se evitarían los disgustos que procura la vida callejera.

Sin embargo, yo quería ser arqueólogo.

Capiteles, capiteles, capiteles...
Capiteles, capiteles, capiteles...

Recuerdo con emoción la primera vez que una profesora de Arte me plantó delante una diapositiva de la Victoria de Samotracia. Desde aquel mismo momento me entregué al helenismo desaforadamente, y para mí se convirtió en una religión. Aún no había comenzado las penurias universitarias cuando acudí al Louvre, con unos amigos, a ver la Victoria de Pitókritos [¿?], que era lo único que me interesaba de París en aquel momento. Y, por alguna razón, in illo tempore se cruzó en mi camino Marinetti, famoso vanguardista, autor de una lamentable comparación de la Victoria de Samotracia y una bicicleta. Desde entonces, cada vez que veo la Victoria, no puedo evitar una idea recurrente: "¡Ay, Marinetti, pero qué tonto eres, Marinetti!". En fin... he de decir que en la facultad de Filología de Salamanca se utilizaba frecuentemente el dicho "Ser más tonto que Marinetti en bicicleta".

Descubrimiento de Éfeso
Descubrimiento de Éfeso

Confiaba en mis talentos lingüísticos para adentrarme en los undosos y temibles piélagos del latín y del griego, e incluso tenté el hebreo, y hubiera procurado abrirme paso en el caldeo y el sumerio si ello hubiera sido posible. Todos mis amigos y familiares me apoyaron mucho en este trance, proclamando aquellas palabras tan socorridas: "No sabes hablar castellano, ¿y quieres aprender caldeo?". Por aquel entonces leí apasionadamente la vida de Jean François Champollion y, aunque atemorizado ante la ingente labor de un arqueólogo, nunca di mi brazo a torcer: sería filólogo por oficio, y arqueólogo por vicio.

¡Olimpia! ¡La llama sagrada!
¡Olimpia! ¡La llama sagrada!

Los veranos son para un servidor el momento de entregarse a las perversiones arqueológicas: aquí un capitel, allí una basa, he aquí una columna, acullá un friso... Cuando comienza el canto de la chicharra en la gloriosa Hellás y los camareros traen agua y sandía, se oye de fondo el Golden Brown de los Stranglers y de mi baúl saco el sombrero, la mochila y los cuadernos de apuntes arqueológicos... Entonces comienza mi aventura estival, atestada de columnas, aras, avenidas procesionales, muros con piedras inverosímilmente encajadas, propileos, estatuas votivas, peristilos y milagros corintios.

La Acrópolis de Atenas: el lugar más hermoso del mundo
La Acrópolis de Atenas: el lugar más hermoso del mundo

Las pasiones arqueológicas helénicas han ocupado mis últimos años. Los inviernos se me hacían largos y tediosos, y durante las frías y lluviosas noches madrileñas volvía a imaginarme paseando junto a los muros de Olimpia, Delos, Atenas, Éfeso... y todos esos lugares mágicos y gloriosos. Los meses transcurrían lentamente y solo las fotografías me devolvían la esperanza de volver al oriente mediterráneo, donde el arqueólogo estival puede entregarse a sus vicios praxitélicos...

El arqueólogo estival
El arqueólogo estival

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Comentarios: 5
  • #1

    La bibliotecaria de Redfield Hall (miércoles, 27 junio 2012 09:22)

    Y este verano... ¿cómo se presenta? ¿Tienes en mente alguna aventura arqueológica estival?

  • #2

    Elena Rius (miércoles, 27 junio 2012 10:49)

    Apasionante afición la tuya. ¡Y hermosas fotos!

  • #3

    JCV (miércoles, 27 junio 2012 12:09)

    Gracias, bibliotecaria, y gracias, Elena por visitar el jardín luciérnago. Este año me gustaría ir a la cuna de la civilización occidental (Minos), pero no siempre es posible cumplir todos los vicios praxitélicos.
    ¡Saludos!

  • #4

    La paseadora de Lisa (miércoles, 27 junio 2012 16:55)

    Jajaja, qué risa con el caldeo y el sumerio, jajaja... ¡¡qué risa!!

    Un saludo bien "rojo" desde mi jardín particular.

  • #5

    JCV (miércoles, 27 junio 2012 17:18)

    ¡Saludos desde el jardín luciénago, Paseadora!