Por mí y por todos mis compañeros

Sí: ese era el grito de guerra en nuestros juegos infantiles. Era una exclamación que siempre exaltaba el orgullo de pertenecer a un grupo unido de amigos y compañeros. Cuando alguno de los integrantes de ese grupo alcanzaba el éxito, gritaba: "¡Por mí, y por todos mis compañeros!".

Acaba la Feria del Libro de Madrid: los editores y sus autores han tenido tres semanas para vender sus productos y celebrar -a medias entre el puro mercadeo y la verdadera devoción por los libros- que aún quedan lectores en este mundo. En los medios de comunicación han tenido suficiente espacio unos y otros, y, como siempre, han pasado por alto -por ignorancia o por puro desprecio- a un grupo de personas esenciales en la producción literaria y libresca. Estoy hablando de los editores en pantalla, los correctores de estilo, los correctores ortotipográficos, los lectores, los traductores, los maquetistas, los diseñadores de cubiertas, los fotógrafos, los dibujantes, y todo el ejército de profesionales que colaboran y participan en la edición de un libro.

Muchos aficionados a los juguetes y los cacharritos suelen esgrimir que, gracias a la divina y sacrosanta democratización promovida por San Esteban Trabajeras y el beato Guillermo Puertas, pronto no habrá necesidad de editores y que el autor (ay, Dios mío, el autor) podrá publicar su obra sin intermediarios y que... Semejantes necedades tienen como fundamento una supina ignorancia respecto a los modos de producción libresca, y concluyen siempre igual: la ausencia de esos intermediarios (editores, correctores, maquetistas, marketineros, ectétera) revela finalmente una cantidad asombrosa de basura que da vergüenza leer. Hace un tiempo, cuando los periodistas y los escritores tuvieron la oportunidad de escribir sin intermediarios para las páginas web, se quedaron desagradablemente sorprendidos de que sus artículos y piezas no aparecieran corregidas, y tuvieran un aspecto desaliñado y con faltas de ortografía. Nunca se habían percatado de que en el periódico o en las editoriales había personas que corregían y editaban sus textos. Los autores nunca agradecen la labor de quienes arreglan y adecentan sus textos y los lavan y los peinan para que estén presentables y el autor no tenga que avergonzarse de tener graves limitaciones morfosintácticas y ortográficas, estructurales, históricas, ideológicas, literarias, etc.

Todos estos profesionales (editores, correctores, traductores, maquetistas, etcétera), a los que casi despectivamente se les llama "colaboradores", siguen siendo ninguneados en la producción editorial, se les paga aproximadamente una miseria por cada diez mil caracteres, se les niega información sobre la carga de trabajo semestral o anual, se les tiene mano sobre mano durante la semana y se les exige que trabajen (aunque sea sin dormir) durante el fin de semana, y toda la basura que va descendiendo desde los altos despachos editoriales acaba en la mesa de uno de estos "colaboradores". Como casi nunca se les tiene en cuenta y como simplemente no se les pregunta, acaban por no dar su opinión, intentando acercarse al gusto de quien les encomienda el trabajo y dedicando sus mejores esfuerzos a otros asuntos. Curiosamente, desde el punto de vista legal y económico, las editoriales son los "clientes" de esos colaboradores, aunque semejante falacia queda desmentida por la sensación real de que las editoriales son las que ordenan y mandan. Y son lentejas...

 

A pesar de todas las amenazas y peligros, de todos los desprecios y ninguneos, es posible que nunca puedan prescindir de nosotros (aunque os lo aseguro, les gustaría). Los profetas del e-book y del pantallismo aseguran que ya no somos necesarios, pero mientras haya más vanidad que morfosintaxis, y más orgullo que ortografía, ahí estaremos: corrigiendo, editando, traduciendo, enmendando, sugiriendo, modificando, mejorando y puliendo los desastrados productos ajenos.

Por eso he querido salir corriendo hoy desde aquel árbol y llegar a "la casa", y dar tres palmadas en la pared y gritar: "¡Por mí y por todos mis compañeros!".

Salud. 

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Comentarios: 4
  • #1

    Elena Rius (miércoles, 06 junio 2012 16:18)

    Más razón que un santo, de verdad. Yo también muero de risa con esas discusiones sobre el ebook en las que parece que del autor al lector sólo hay el clic de una tecla. Nada, que voy ahora mismo a tuitear este estupendo post, a ver si se enteran. No será así, claro, pero yo me quedaré de un descansado...

  • #2

    JCV (miércoles, 06 junio 2012 16:49)

    Un fuerte abrazo, Elena. Supongo que somos la "Resistencia". Pues ahí estaremos.

  • #3

    La paseadora de Lisa (jueves, 07 junio 2012 11:27)

    Así es, Jose, no podrías haber descrito mejor la situación. ¡Y gracias por "salvarme" también a mí!
    Un abrazo.

  • #4

    JCV (jueves, 07 junio 2012 13:31)

    ¡Es verdad! La acción se llamaba "salvar". Y el juego era, al menos en mi pueblo, "el rescate". ¿El rescate? Ay, Dios mío, el rescate, el rescate...
    Un fuerte abrazo, Paseadora.