Los caminos del corredor

Coge el camino que quieras... pero sigue corriendo
Coge el camino que quieras... pero sigue corriendo

Uno no siempre come lo que quiere, ni está con las personas que quiere, ni se despierta a la hora que quiere. A veces ni siquiera se lee el libro que se querría leer. Las personas no siempre tienen el trabajo que quieren, ni los compañeros que quieren y, desde luego, en raras ocasiones tienen el sueldo que quieren. No vivimos donde queremos, ni tenemos el coche que queremos, ni los gobernantes que queremos, ni la ropa que queremos, ni la cara que queremos, ni la cantidad de grasa que queremos. Y cuando entramos en la habitación no nos encontramos con George C. o con Scarlett J., sino con un señor o una señora de proporciones raras y estrafalarias. No vamos de vacaciones donde querríamos, ni estamos el tiempo que querríamos con las personas que querríamos... Así pensado, parece que llevamos una vida un poco a contrapelo.

Pero no conviene dramatizar: hay un momento del día -de casi todos los días- en el que verdaderamente hago lo que quiero. Me pongo las zapatillas y, haga frío o calor, llueva o truene, haga un calor de mil demonios o un viento de galerna, salgo a correr. Y entonces hago simplemente lo que quiero hacer: correr. Y corro como quiero, por donde quiero, hasta donde quiero, a la velocidad que quiero, me paro cuando me da la gana y sigo si me apetece.

Es muy poca cosa, ya lo sé, pero eso también se puede llamar libertad. ¿O no?

No nos pongamos intensos ni melodramáticos: al final del camino sólo hay más caminos
No nos pongamos intensos ni melodramáticos: al final del camino sólo hay más caminos

Las fotografías de esta entrada se tomaron en el parque de El Retiro el día 2 de mayo, fiesta de la Comunidad de Madrid.

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