No hay nadie como Foljambe

'The Maidservant', de W. A. Breakspeare
'The Maidservant', de W. A. Breakspeare

"No hay nadie como Foljambe". Eso es lo que piensa Georgie Pillson, uno de los protagonistas de la serie de novelas con las que triunfó E. F. Benson. La editorial Impedimenta ya publicó el año pasado Reina Lucía (Queen Lucia) y próximamente entrará en talleres la novela más importante de la serie, Mapp y Lucía. Desde todos los puntos de vista, Mapp y Lucía es una verdadera obra maestra de la comedia ligera, con un sentido del humor, una trama y unas caracterizaciones excepcionales: Nancy Mitford, Gertrude Lawrence y Nöel Coward aseguraban que pagarían lo que fuera por los libros de Benson. Emmeline Lucas (Lucía), Georgie Pillson y Elizabeth Mapp son los personajes centrales de esta última entrega, pero aparecen rodeados de una "corte" de secundarios maravillosos, como "la pintoresca Irene" (pintora y pintoresca), la cotilla Diva, el mayor Benjy, el padre Padre y los Wyse, siempre con sus pieles de martas cibelinas y su Rolls Royce a cuestas. En este contexto, pero en un brillante segundo plano, está Foljambe. 

Doris Foljambe es la parlour maid del señorito Georgie Pillson. Es injusto llamarla en castellano "criada", porque es más que una criada, y desde luego, tampoco es una camarera ni una ama de llaves ni una asistenta ni una ayuda de cámara. Porque es todo eso y más: es la doncella por antonomasia, la excelencia de la servidumbre, la flor y nata de la mayordomía, la gloria del mundo doméstico. Para Georgie Pillson, es la ayuda imprescindible: solo ella lo cuida y lo protege, sólo ella se enfrenta al horrible perrillo de sus hermanas (siempre empeñado en morderlo), nadie como ella limpia la plata, nadie como ella comprende su costumbre de bordar, de encerrarse una vez al mes en su cuarto para... en fin, para sus cosas, y nadie como ella dirige y organiza las múltiples tareas que hay que emprender en la casa de un ocioso. Foljambe es tan importante y tiene tanto poder que la simple idea de que pueda abandonar la casa origina crisis de ansiedad en su patrón. Foljambe, entiéndase, no es una criada sumisa: no soporta, por ejemplo, que acudan más de ocho personas a cenar, y el día de Navidad, cuando se reunieron en casa del señor Pillson diez personas, estuvo escatimándoles el champán toda la noche. Y, por supuesto, nadie abrió el pico. Menuda es Foljambe. No hay nadie como Foljambe y, en esta próxima entrega, Mapp y Lucía, la tragedia ronda el universo del señorito Pillson ante la posibilidad de que esta doncella sin parangón pueda abandonar su servicio.

Servidumbre implacable: Anthony Hopkins y Emma Thompson en "The Remains of the Day"
Servidumbre implacable: Anthony Hopkins y Emma Thompson en "The Remains of the Day"

Los "criados" o "la servidumbre", en términos generales, forman parte de la galería de personajes imprescindibles de la literatura, porque hasta mediados del siglo XX esta forma de esclavitud fue también imprescindible para el funcionamiento de la sociedad pretecnológica. La literatura está llena de estos personajes secundarios (desde los criados de Calisto y Melibea a Sancho Panza, y desde los gañanes lopescos y shakespereanos a la señora Danvers, de la Rebeca de Daphne du Maurier, o el "caballero de caballero", el señor Jeeves de Woodhouse). Son fieles, traidores, murmuradores, chismosos, honrados, sisadores, pícaros, bondadosos, humildes, criminales, recalcitrantes, divertidos, hoscos... "Los de abajo" o los de "escaleras abajo" forman un mosaico imprescindible, y mientras los burgueses o los nobles permanecen invariables en sus estiradas obligaciones sociales, ellos son los que verdaderamente mueven el mundo. La mayoría de los autores han sido conscientes de esta verdad.

Por esa razón, en Mapp y Lucía, la simple idea de que Doris Foljambe pueda abandonar a su señor hace temblar los cimientos emocionales de Georgie Pillson, incapaz de sobrevivir sin ella. El mundo se derrumba si Foljambe abandona la casa, porque es ella la que sostiene la casa... y el mundo.

No hay nadie como Foljambe.

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